Abecedario, un libro que amplía el lenguaje y enseña felicidad

Abecedario, un libro que amplía el lenguaje y enseña felicidad

Dalia López Montoya El libro Abecedario. Abrir, bailar, comer y otras palabras importantes, de Ruth Kaufman y Raquel Franco, es mucho más que un listado con las letras que usamos en el español. De manera similar a un diccionario, este maravilloso libro nos presenta cada letra acompañada de una definición muy especial y de divertidas viñetas. El resultado es encantador, no solo para los niños, sino para cualquier persona que se adentre en estas páginas. Ideal para sanar las molestias del alma, Abecedario. Abrir, bailar, comer y otras palabras importantes, es un libro que nos deja con un dulce sabor de boca, invitándonos a ver la vida de una manera más amorosa. Si tienes hijos pequeños, este libro sería una fabulosa herramienta, no solo para ayudarles a ampliar su vocabulario, sino para inculcarles una serie de valores fundamentales para la vida. Sus coloridas imágenes invitan a los pequeños a asociar el sonido con la imagen y su significado. En el caso de los niños más grandes, este libro sirve perfectamente para hacerlos pensar en las cosas verdaderamente importantes de la vida. Si notas que tu hijo está preocupado por algo, una dosis de palabras podría ser el remedio que alivie su malestar. Cada palabra va acompañada de un ejemplo sobre su forma correcta de uso. Por si fuera poco, Abecedario.

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Todo lo que aprende cuando le enseñas a pedir perdón

Todo lo que aprende cuando le enseñas a pedir perdón

Todos sabemos, por experiencia propia, lo difícil que es pedir perdón y reconocer los errores. Y a medida que nos hacemos mayores, más difícil es. Sin embargo, la persona que sabe perdonar vive más feliz, sin rencores y sin tantas presiones internas; perdonar se convierte así en una herramienta terapéutica para el alma. Y tan necesaria es para los niños como para los adultos. Pedir perdón de manera consciente y voluntaria ayuda a los niños a: Ser responsables de sus actos Ser respetuosos con los demás Reconocer y cambiar comportamientos negativos Desarrollar habilidades cognitivas Tres consejos para enseñar a los niños a reconocer sus errores y disculparse por ellos: A través de tu ejemplo No solo en las cosas que le atañen a él, sino como principio de vida en tu familia. En tu relación con tus hijos y con tu pareja. Con tus amigos, en el supermercado o en el pediatra. Reconocer los errores y disculparte por ellos si es que afectan a los demás debe ser un principio de vida y no solo una estrategia educativa. “Perdona hijo, he llegado tarde a recogerte; lo siento. Intentaré no volver a hacerlo”. Haz que reflexione en vez de obligarlo Tu hijo debe darse cuenta de lo sucedido. No des por sentado que un niño tan pequeño entiende que su amigo llora porque le

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Cuando le pase algo a tu hijo, no le digas “no pasa nada”

Cuando le pase algo a tu hijo, no le digas “no pasa nada”

Cuando se caen, cuando se frustran, cuando se enfadan… no pasa nada. Cuando se lastiman, cuando lloran, cuando tienen miedo… no pasa nada. Cuando pierden, cuando desconfían, cada vez que sufren… no pasa nada.  Lo confieso: a mí también se me escapa de vez en cuando un “no pasa nada”. Y, rizando el juego de palabras, no pasaría nada por usar esa frase si no fuera porque sí pasa algo. No estamos capacitados, socialmente, para soportar el sufrimiento. Todos tenemos, en mayor o menor medida, intolerancia al dolor ajeno. Tenemos esa tendencia a minimizar el problema en todos los ámbitos de nuestra vida. Con el vecino al que acaban de despedir del trabajo: “Bueno, no pasa nada, tienes dos años de paro, ya encontrarás algo”. Con la compañera de trabajo que acaba de sufrir un aborto: “Bueno, mujer, no pasa nada, ya verás cómo pronto te quedas embarazada otra vez”. Y con nuestros hijos… ¿hay algún sufrimiento más difícil de tolerar que el de nuestros hijos? Si los vemos caerse, cerramos los ojos, y nos duele a nosotros antes de que ellos terminen de darse el golpe. Pues si metemos en la coctelera nuestra incapacidad para acompañar el dolor, el amor inmenso hacia nuestros hijos y, dicho sea de paso, que también estamos entrenados para esconder las propias emociones, tenemos el coctel completo

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Tus palabras siempre dejan huella en tus hijos

Tus palabras siempre dejan huella en tus hijos

El hecho de que la voz de mamá sea la primera que escuchan los pequeños, incluso dentro del vientre, no es algo que se deba tomar a la ligera. Cuidado con lo que dices y cómo lo dices porque las palabras siempre dejan huella. La voz de la mamá activa en sus hijos una enorme cantidad de circuitos neuronales y, según un estudio realizado por la Universidad de Stanford, refuerza las conexiones entre esas regiones cerebrales cuando la oyen hablar, lo que no solo ayuda a desarrollar su inteligencia emocional y seguridad en sí mismo, sino que marca su capacidad para comunicarse en su entorno y encajar en él. Por eso cada palabra que le dices a tu pequeño es de vital importancia, ya que cada una, ya sea en una frase o individualmente, tendrá un impacto –para bien o para mal– en él que durará toda la vida. “El hecho de que sea la de la madre la primera voz que escuchan los niños (incluso antes de nacer), le da un significado y una fuerza muy especial. Además de ser la que más influencia ejerce sobre ellos, pues tiene la capacidad de activar algunas zonas del cerebro fundamentales para el desarrollo de sus emociones”, nos explica Xóchitl González Muñoz, directora de Psicología para Niños, un centro de atención psicológica

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Cómo puedo ser una mamá más paciente

Cómo puedo ser una mamá más paciente

Según las circunstancias que hayamos vivido a lo largo del día, a veces nos es más difícil que otras gestionar con serenidad algunas situaciones. ¿Por qué no siempre somos capaces de responder con calma? + Porque tenemos unos patrones de respuesta aprendidos que arrastramos desde nuestra infancia. + Porque a veces nos quedamos sin herramientas. + Porque tememos perder el control de la situación. + Porque responder de forma impulsiva y autoritaria parece tener un efecto mucho más inmediato sobre el niño, ya que el miedo redirige la conducta. + Porque a veces sentimos sed de venganza con respecto al niño, cuando nos hemos sentido dañados o atacados por él. + Porque nuestro entorno se encarga de hacernos creer que no estamos haciendo lo correcto. + Porque no somos conscientes de las necesidades de los niños. ¿Por qué las herramientas punitivas no son la mejor opción a largo plazo? Sin embargo, estas respuestas impulsivas y autoritarias no son efectivas en el largo plazo porque no enseñamos al niño a razonar. El niño aprende a obedecer, cierto, utilizando el miedo como herramienta de coacción. Esto, a medio y largo plazo traerá como consecuencia: Lee también Cómo no perder la paciencia con tus hijos Inseguridad Sentimiento de inferioridad Rebelión Ansiedad Conductas autoritarias y poco empáticas Extrema auto-exigencia Miedos Complejos Apatía Dependiendo del

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