Celia Rodríguez Ruiz, Psicóloga y Pedagoga

Muchas veces no sabemos cómo gestionar los conflictos con nuestros hijos. Parecen no atender a razones y nosotros nos alteramos y acabamos entrando en un bucle de discusiones que parecen no tener ni fin ni solución posible.

Un conflicto puede entenderse como las diferencias generadas a raíz de un acontecimiento, situación o circunstancia que implica un problema o una dificultad. Cuando aparece un conflicto es frecuente que se generan sentimientos negativos, mal humor, impotencia ansiedad y esto da lugar a conductas que desembocan en enfrentamientos. Con los enfrentamientos solo conseguimos discrepancia y tensión.




El conflicto como oportunidad de aprendizaje
La visión que tenemos del conflicto es de una situación negativa que genera malestar y que es difícil de solucionar. Es valorado como algo negativo que tiende a evitarse y, si no se puede evitar, el conflicto es entendido como sinónimo de enfrentamiento. Pero el conflicto no tiene por qué ser una situación negativa en la que siempre pierda una de las dos partes. Es fundamental cambiar el modo de ver los conflictos y aprender a verlos como una situación en la que se hace patente una diferencia que tenemos que solucionar para llegar a una situación en la que las dos partes implicadas ganen. El conflicto, por lo tanto, puede y debe entenderse como una oportunidad de aprendizaje. Es una oportunidad para aprender habilidades sociales y competencias de negociación, de empatía, respeto, escucha y toma de decisiones, entre otras.

Aprovechar las diferencias para llegar a un acercamiento es clave para el bienestar. Las diferencias son algo habitual en las relaciones entre personas, pero hacer de ellas un modo de acercarnos y estrechar vínculos es un ejercicio que además de positivo, nos permite el desarrollo personal y familiar.

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Define el conflicto
Reflexiona y delimita claramente el conflicto. ¿Cuál es el problema? ¿Quiénes están implicados?

Averigua lo que hay detrás
Se trata de hacer una gestión de las emociones que intervienen en el conflicto. Identifica tus emociones y los pensamientos implicados, al igual que las emociones y pensamientos de tu hijo. Por ejemplo: ante el conflicto de por qué nuestro hijo quiere ver la tele en lugar de hacer los deberes. Yo pienso que es un vago y no quiere hacer caso, me siento frustrado/a. Mi hijo piensa que siempre le digo lo que tiene que hacer, se siente controlado.

Piensa en cómo estás actuando
Pon atención en las conductas que estás llevando a cabo (gritos, reproches, castigos, etcétera), y reflexiona sobre el modo en que éstas influyen en el conflicto: ¿ayudan a mejorar la situación y llegar a un acuerdo o, por el contrario, empeoran las cosas?

Comunícate de manera efectiva con tu hijo
Explícale tu punto de vista de forma razonada y escucha su punto de vista intentando ponerte en su lugar, tratando de entenderle. Recuerda ser asertivo (dar nuestra opinión sin dañar) y evitar las críticas. Se trata de dar nuestras opiniones y escuchar las de nuestros hijos. Aún no vamos a negociar.

Deja la furia a un lado
Estar furiosos nos hace decir cosas de las que luego nos arrepentimos y elevamos la tensión del conflicto. Si estás muy enojado, es mejor dejar un tiempo fuera, salir a dar una vuelta, darse un baño, etcétera, y retomar la discusión más tarde.




Piensa lo que vas a decir
Es importante no entrar en discusiones sin sentido en las que nos encontremos sin salida.

Propón alternativas para solucionar el conflicto
Es importante proponer alternativas en conjunto, pensando en el bien de todos.

Emplea técnicas de negociación
Ofrécele diferentes alternativas, de este modo será él quien escoja y no entrara en conflicto. Por ejemplo si tu hijo quiere un helado de postre, le dices que si quiere el helado tendrá que comerse las verduras, que puede elegir terminar el plato de verduras y comer un helado o no terminar las verduras, ni comer helado.

Piensa en cómo haces sentir al otro con lo que dices
Una discusión no es una pelea donde uno tiene que vencer y derrotar al otro haciéndole sentir mal. Evita para ello lo personal, y procura hacerle percibir que es importante para ti.

El objetivo es encontrar una solución
La comunicación es la base para la resolución de conflictos. Centra esa comunicación en vuestras emociones más que en la situación en sí.

Fuente: educayaprende.com

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