Mujeres altamente sensibles… ¿te reconoces entre ellas?

Mujeres altamente sensibles… ¿te reconoces entre ellas?

Si eres una mujer altamente sensible, es muy probable que la maternidad intensifique aún más esa sensibilidad. Después de todo, los niños son inquietos y ruidosos por naturaleza, lo cual puede llegar a ser muy abrumador para ti, y hacer que el deseo de retirarte a un lugar tranquilo se vuelva urgente. Pero, por supuesto, apartarse no es algo que puedas hacer fácilmente cuando tienes hijos. En general, la paternidad significa tener muy poco tiempo a solas, aunque esto sea una circunstancia de vital importancia para las personas altamente sensibles (HSP, por sus siglas en inglés: high sensitive person), ya que necesitan recuperarse y recargar energía, después de haber estado expuestas a lo que ellas perciben, cotidianamente, como una sobrestimulación continua. Si te reconoces como una persona altamente sensible, es probable que también te sientas constantemente apurada, siempre con poco tiempo y mucho por hacer, lo que termina generándote ansiedad. Sientes tú misma el dolor que siente tu hijo, al igual que todas sus emociones, como si fuera una montaña rusa. Si no duermes bien, sientes que la falta de sueño podría destruirte. Con frecuencia te encuentras completamente agotada, física y emocionalmente. Tal gustaría encapsularte, encontrar tu propio capullo para sentirte protegida. Anhelas arrastrarte de nuevo a la cama, cobijarte y quedarte ahí indefinidamente. Lee también Reconoce la depresión ¡y

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Tus palabras siempre dejan huella en tus hijos

Tus palabras siempre dejan huella en tus hijos

El hecho de que la voz de mamá sea la primera que escuchan los pequeños, incluso dentro del vientre, no es algo que se deba tomar a la ligera. Cuidado con lo que dices y cómo lo dices porque las palabras siempre dejan huella. La voz de la mamá activa en sus hijos una enorme cantidad de circuitos neuronales y, según un estudio realizado por la Universidad de Stanford, refuerza las conexiones entre esas regiones cerebrales cuando la oyen hablar, lo que no solo ayuda a desarrollar su inteligencia emocional y seguridad en sí mismo, sino que marca su capacidad para comunicarse en su entorno y encajar en él. Por eso cada palabra que le dices a tu pequeño es de vital importancia, ya que cada una, ya sea en una frase o individualmente, tendrá un impacto –para bien o para mal– en él que durará toda la vida. “El hecho de que sea la de la madre la primera voz que escuchan los niños (incluso antes de nacer), le da un significado y una fuerza muy especial. Además de ser la que más influencia ejerce sobre ellos, pues tiene la capacidad de activar algunas zonas del cerebro fundamentales para el desarrollo de sus emociones”, nos explica Xóchitl González Muñoz, directora de Psicología para Niños, un centro de atención psicológica

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Hazlos felices siendo feliz

Hazlos felices siendo feliz

Merab Govea Como papás, casi siempre estamos pensando en infinidad de cosas para hacer de nuestros hijos personas competentes: clases de idiomas, actividades deportivas, educación artística… todo esto con el fin de prepararlos lo mejor posible para lo que venga el día de mañana. El compromiso que tenemos con nuestros hijos se refleja en su crecimiento personal, profesional y humano, sin embargo, si observamos bien el rompecabezas, la pieza más importante siempre vamos a ser nosotros, los papás. Sin nuestra energía, entrega y ganas, ellos difícilmente podrían salir adelante. Por eso resulta de gran importancia que cuidemos de nosotros mismos, y así poder estar en las mejores condiciones para ayudarlos a crecer sanos física y emocionalmente. Bajo esta perspectiva, te invito a que te hagas las siguientes preguntas: ¿estás cuidando bien de ti mismo? ¿De  tu cuerpo? ¿De tu salud?   Para disfrutar lo que hacemos y el tiempo que pasamos en familia, es necesario estar libres de estrés, ansiedad y preocupaciones. Si, como adultos, no procuramos nuestro propio bienestar, lo más probable es que terminemos irritándonos fácilmente, e influyamos negativamente en el ambiente de casa, específicamente con nuestros hijos. Por eso, si queremos estar ahí para ellos, primero debemos estar ahí para nosotros mismos. Muestra interés por ti Muchas personas creen erróneamente que ponerse en primer lugar es señal

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Cómo puedo ser una mamá más paciente

Cómo puedo ser una mamá más paciente

Según las circunstancias que hayamos vivido a lo largo del día, a veces nos es más difícil que otras gestionar con serenidad algunas situaciones. ¿Por qué no siempre somos capaces de responder con calma? + Porque tenemos unos patrones de respuesta aprendidos que arrastramos desde nuestra infancia. + Porque a veces nos quedamos sin herramientas. + Porque tememos perder el control de la situación. + Porque responder de forma impulsiva y autoritaria parece tener un efecto mucho más inmediato sobre el niño, ya que el miedo redirige la conducta. + Porque a veces sentimos sed de venganza con respecto al niño, cuando nos hemos sentido dañados o atacados por él. + Porque nuestro entorno se encarga de hacernos creer que no estamos haciendo lo correcto. + Porque no somos conscientes de las necesidades de los niños. ¿Por qué las herramientas punitivas no son la mejor opción a largo plazo? Sin embargo, estas respuestas impulsivas y autoritarias no son efectivas en el largo plazo porque no enseñamos al niño a razonar. El niño aprende a obedecer, cierto, utilizando el miedo como herramienta de coacción. Esto, a medio y largo plazo traerá como consecuencia: Lee también Cómo no perder la paciencia con tus hijos Inseguridad Sentimiento de inferioridad Rebelión Ansiedad Conductas autoritarias y poco empáticas Extrema auto-exigencia Miedos Complejos Apatía Dependiendo del

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Cuando le pase algo a tu hijo, no le digas “no pasa nada”

Cuando le pase algo a tu hijo, no le digas “no pasa nada”

Cuando se caen, cuando se frustran, cuando se enfadan… no pasa nada. Cuando se lastiman, cuando lloran, cuando tienen miedo… no pasa nada. Cuando pierden, cuando desconfían, cada vez que sufren… no pasa nada.  Lo confieso: a mí también se me escapa de vez en cuando un “no pasa nada”. Y, rizando el juego de palabras, no pasaría nada por usar esa frase si no fuera porque sí pasa algo. No estamos capacitados, socialmente, para soportar el sufrimiento. Todos tenemos, en mayor o menor medida, intolerancia al dolor ajeno. Tenemos esa tendencia a minimizar el problema en todos los ámbitos de nuestra vida. Con el vecino al que acaban de despedir del trabajo: “Bueno, no pasa nada, tienes dos años de paro, ya encontrarás algo”. Con la compañera de trabajo que acaba de sufrir un aborto: “Bueno, mujer, no pasa nada, ya verás cómo pronto te quedas embarazada otra vez”. Y con nuestros hijos… ¿hay algún sufrimiento más difícil de tolerar que el de nuestros hijos? Si los vemos caerse, cerramos los ojos, y nos duele a nosotros antes de que ellos terminen de darse el golpe. Pues si metemos en la coctelera nuestra incapacidad para acompañar el dolor, el amor inmenso hacia nuestros hijos y, dicho sea de paso, que también estamos entrenados para esconder las propias emociones, tenemos el coctel completo

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Cuidado: tu estrés perjudica a tus hijos

Cuidado: tu estrés perjudica a tus hijos

Hoy por hoy, las situaciones por las que se nos pueden poner los nervios de punta son innumerables: el tráfico, las tareas, la responsabilidad en el trabajo y llegar a tiempo por los niños son solo algunas de ellas. La verdad es que día a día vivimos un fuerte nivel de estrés, lo que nos agota tanto física como emocionalmente. En cuanto a nuestro estado físico, no es raro que nos sintamos fatigados, sin energía… incluso que lleguemos a enfermarnos. En cuanto a nuestra situación emocional, el estrés puede llegar a afectar nuestras relaciones amistosas y familiares. Estos son cinco de los principales síntomas de que estás siendo víctima del estrés. Si te reconoces en tres o más de ellos, ¡cuidado! Es hora de hacer un alto y pensar más en ti mismo. Establece como propósito prioritario trabajar a favor de una mente y un cuerpo libre de estrés.  Dominados por la ansiedad Una de las formas que tiene el estrés para manifestarse es la ansiedad. Ésta, a su vez, puede tener varias caras: preocupación excesiva por todo, falta de concentración, pánico por dejar de hacer cosas debido a la falta de tiempo y, muchas veces, un incremento en el apetito.  Miremos por donde miremos, el estrés, además de ser devastador, es contagioso, así que si tú, como papá, observas

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