Según las circunstancias que hayamos vivido a lo largo del día, a veces nos es más difícil que otras gestionar con serenidad algunas situaciones.

¿Por qué no siempre somos capaces de responder con calma?
+ Porque tenemos unos patrones de respuesta aprendidos que arrastramos desde nuestra infancia.

+ Porque a veces nos quedamos sin herramientas.
+ Porque tememos perder el control de la situación.
+ Porque responder de forma impulsiva y autoritaria parece tener un efecto mucho más inmediato sobre el niño, ya que el miedo redirige la conducta.
+ Porque a veces sentimos sed de venganza con respecto al niño, cuando nos hemos sentido dañados o atacados por él.
+ Porque nuestro entorno se encarga de hacernos creer que no estamos haciendo lo correcto.
+ Porque no somos conscientes de las necesidades de los niños.




¿Por qué las herramientas punitivas no son la mejor opción a largo plazo?
Sin embargo, estas respuestas impulsivas y autoritarias no son efectivas en el largo plazo porque no enseñamos al niño a razonar. El niño aprende a obedecer, cierto, utilizando el miedo como herramienta de coacción. Esto, a medio y largo plazo traerá como consecuencia:

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  • Inseguridad
  • Sentimiento de inferioridad
  • Rebelión
  • Ansiedad
  • Conductas autoritarias y poco empáticas
  • Extrema auto-exigencia
  • Miedos
  • Complejos
  • Apatía

Una guía fácil de leer, escrita por la directora de Psicología para Niños




Dependiendo del carácter del niño veremos diferentes consecuencias en el medio y largo plazo.

10 consejos prácticos para tener más paciencia con los niños
1 Habla con tu pareja y, si tienen estilos diferentes de crianza, anoten los puntos más problemáticos para intentar buscar una solución común.

2 Dedica varios ratos cortos al día a respirar con los ojos cerrados y centrar tu atención. Puede bastar con tres veces al día, de uno o dos minutos cada vez. Te ayudará hacerlo, por ejemplo, antes de entrar en casa.

3 Repítete todas las mañanas en voz alta a ti mismo: “Soy una persona serena y consciente”. No hay personas poco pacientes, hay creencias. Tenemos que trabajar en deshacer esas creencias y una buena forma de hacerlo es darnos el mensaje contrario cada día. Al final lo acabaremos procesando.

4 Intenta sacar algo de tiempo semanal para hacer algo que realmente te guste sin interrupciones: hacer deporte, leer, salir a caminar…

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5 Intenta llevar una dieta sana: quizá esto te parezca algo sin importancia pero las grasas saturadas y el exceso de azúcar altera el funcionamiento de nuestro sistema nervioso. Tanto para los niños como para los adultos llevar una alimentación sana adecuada se nota por dentro y por fuera.

6 Si crees que lo que vas a decir va a ir cargado de resentimiento es preferible que permanezcas en silencio.

7 No niegues tus emociones. Acéptalas y cuando creas que no estás preparado/a para responder de forma firme y amable; delega. Puedes sincerarte y decir “Necesito respirar y relajarme a solas unos segundos, ahora vuelvo”.

8 Busca personas que te aporten serenidad en tu entorno. Aunque sea un entorno virtual. Trata de buscar un círculo de gente que te sume y no te reste.

9 Obsérvate a ti mismo de la forma más objetiva posible y nota qué es lo que te enoja. “¿Por qué no puedo esperar?  ¿Qué pienso acerca de esto? ¿Es tan grave? ¿Qué provoco en mi entorno? ¿Cómo me hace sentir esto?”. Puede ayudarte apuntarlo en una libreta nada más levantarte o bien justo antes de acostarte.

10 Perdónate. A nosotros en casa no siempre nos resulta sencillo mantener la paciencia y serenidad en las ocasiones límite. Mi marido a veces dice que yo lo tengo más fácil porque él tiene poca paciencia. Para nada. NO hay personas poco pacientes. Hay personas que creen que son poco pacientes. No se nace con paciencia, la paciencia es algo que se desarrolla.




Yo, personalmente, noto que los días que más me cuesta mantener la serenidad son los días en que tengo demasiado trabajo. El anterior trimestre, durante un tiempo, salía de casa a las 7.30 de la mañana y llegaba casi a las 4 de la tarde a casa. Los fines de semana viajábamos y por la noche trataba de escribir en el blog y contestar correos.

Recuerdo un día en que estaba haciendo unos dibujos para una formación a contrarreloj. Había dormido poco, hacía bastante que no descansaba en condiciones y el peque revoloteaba alrededor mío cada vez más nervioso. En una de esas me empujó y movió mi rotulador. El dibujo se estropeó. Recuerdo dar un grito inmenso y de inmediato tirar el rotulador al suelo. El peque me miró y se echó a llorar. En ese mismo instante fui consciente de todo lo que arrastraba: de mi agotamiento, de mi error, de que solo reclamaba mi atención, de que mi cuerpo me decía “¡Basta!”, de que mi energía se había quedado a 0.

Dediqué unos minutos a irme al baño a llorar y llorar. Me hice consciente de mi agotamiento. Salí y pedí perdón y lloramos juntos un rato. Creo que ese día a las 8:30 de la noche estaba metida en la cama. Descansé y me visualicé antes de dormir respondiendo de otra manera. A la mañana siguiente antes de levantarme me repetí varias veces “me quiero y me perdono, me quiero y  me perdono”.

En esta casa, como en todas, no somos perfectos. A veces nos equivocamos, somos humanos. En ocasiones tengo la impresión de que con los blogs transmitimos lo contrario y también me siento culpable por ello. Porque nada más lejos. Yo me equivoco como la que más. Me exijo, me siento mal si me separo de mi hijo, si un día pienso que no he dedicado suficiente tiempo al peque, si no contesto un correo, si no tengo mi trabajo hecho como me gusta, si olvido hacer compra, si estoy cansada… esa autoexigencia es la que más me lastra.

Escribo para acompañar, inspirar, compartir y dar un rayito de luz a quien le puedan ayudar mis post. Eso no significa que no me equivoque. Porque meto la pata hasta el fondo muchas veces y no quiero que nadie se frustre aspirando a ser la madre o el padre paciente y sereno que no consigue ser. Todos podemos desarrollar la paciencia, con tiempo y con muchos errores.

Los padres y las madres perfectas NO existen y no debemos aspirar a ser perfectos. Eso sería una gran presión para los niños. El error es una herramienta de aprendizaje. Gracias a ese día supe que la autoexigencia me estaba lastrando y busqué una solución.

La paciencia hay que trabajarla cada día. Empatizar mucho con el niño para salvar la brecha de nuestras diferentes necesidades y ritmos vitales. Y si un día nos equivocamos, reconocerlo, reparar el error y buscar una solución. La vida va de eso, de caerse y levantarse y seguir mirando hacia arriba para no perderse el arco iris. Hay que caminar cada día para ir encontrando nuestra serenidad, aceptar nuestras emociones y seguir hacia adelante.

Fuente: www.pequefelicidad.com

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