El término “competir” se ha vuelto muy común en el vocabulario de los papás y mamás contemporáneos. De un tiempo para acá, nuestra cultura ha enviado el mensaje de que competir es algo fundamental en nuestra vida; y ¿cómo no, si está íntimamente relacionado con nuestra percepción de éxito?

El hecho de motivar a nuestro hijo para ser competitivo no está mal, por supuesto; la naturaleza misma, a través de la historia, nos ha dejado claro que siempre será el más fuerte, hábil o diestro quien sobreviva. Sin embargo, la manera en que estamos transmitiendo a nuestros hijos el mensaje de competitividad no siempre es la adecuada.

¿Alguna vez haz intentado convencer a tus hijos de realizar cierta actividad, diciéndoles que son competentes para ello… aunque no sea necesariamente cierto? ¿Conoces a algún papá o mamá que suela decirle a su pequeño todo lo bueno, maravilloso y talentoso que es para tal cosa, aun cuando el mismo niño se da cuenta de que esto no es ni remotamente cierto? Pues es justo ahí donde radica el problema. Seguramente, como papá, tienes la mejor intención de subrayar lo que crees que tu hijo hace bien pero, en el intento de convencerlos de ser competentes, los papás pueden generar en sus hijos el efecto contrario.

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El doctor Jim Taylor, profesor de la Universidad de San Francisco, explica que cuando los papás intentan convencer a sus hijos de que son buenos para tal o cual acción pueden generar conflicto en ellos, principalmente por dos razones. La primera es que en ocasiones los papás ven en sus hijos cualidades que no tienen pero que, ellos, bajo la idea de que cumplan con cierto estereotipo o expectativas, le ponen al niño. Sin embargo, cuando éste se enfrenta al mundo real descubre la realidad y viene la decepción, el dolor y una pérdida del verdadero sentido de competencia, pues lo que la realidad del niño dice de él no coincide con la realidad que sus papás le crearon en casa. La segunda razón, explica el Dr. Taylor, es que si los papás no permiten que sus hijos intenten, fracasen, se sobrepongan y lo vuelvan a intentar, no están generando el verdadero sentido de competencia en el niño. 

Algunas recomendaciones para inculcar a tus hijos un verdadero sentido de competencia sin crear en ellos falsas expectativas sobre sí mismos. 

  1. Reconocimiento de habilidades
    Un niño debe identificar sus fortalezas a través de la experiencia, así que, cuando tu pequeño haga algo bien, hazle un reconocimiento, aun cuando sean tareas sencillas como lavar los trastes, vestirse o poner la mesa (obviamente todo va de acuerdo con su edad y condición). Si, por poner un ejemplo, tienes tres hijos, y entre todos lograron tender su cama, recoger sus juguetes y barrer, podrías decir algo como: “¡Qué bien trabajan en equipo!”. En este caso, tus pequeños no estarían compitiendo, sino colaborando (lo cual también es de suma importancia y fundamental para desarrollar su sentido de competencia) y descubriendo sus habilidades en actividades cotidianas. 
  1. Descubriendo talentos
    Para que tu hijo descubra algo que le guste y realice con solvencia, lo mejor es que pruebe de todo un poco: futbol, música, dibujo, danza, natación, karate… intenten darle a conocer diversas actividades, no solo las más comunes ni pertenecientes a un mismo ámbito. 
  1. La competencia llama a seguir compitiendo
    Cuando un niño compite, y gana, la alegría que experimenta por haberlo logrado genera en él ganas de seguir intentándolo. Si, por el contrario, tu pequeño pierde, el sentimiento de enojo o frustración también puede impulsarlo a querer superar su marca y hacerlo mejor para la próxima, aunque esto depende mucho de cómo le ayudes a manejar la situación. Para empezar, es muy importante que lo dejes elegir sus batallas. Una vez que pierda (si es el caso), la recomendación es reconocer su esfuerzo y motivarlo a que lo siga intentando con la debida cautela para que esto no dé pie a un exceso de presión para él. 
  1. Aprender a perder
    Es bien sabido que no siempre se gana. Si a ti como papá no te sale bien algo, procura no mostrar enojo ni frustración ante tus hijos, pues de esta manera les estarías enseñando a reaccionar mal ante el fracaso. Si, por el contrario, te muestras optimista, destacas lo bueno que hiciste y hablas sobre lo que podrías hacer para mejorar la próxima vez, le estarás transmitiendo un mejor mensaje. Recuerda: los niños siempre aprenderán más y mejor con el ejemplo. 
  1. Poco a poquito
    Si tu hijo no logra hacer bien alguna tarea al primer intento, no te molestes ni muestres frustración. Casi nadie puede hacer bien algo desde la primera vez. Es muy importante recordar que el principal objetivo de la competencia no es ganar, sino aprender a desarrollar nuestras habilidades, potencializarlas, saber levantarnos de una caída, demostrarnos a nosotros mismos que somos capaces… así que poco a poquito.  

No hay duda, es fundamental que, como papás, enseñemos a nuestros hijos a competir, sin embargo, esto no significa solamente enseñarles a ganar, a toda costa. La competencia es importante por ser un buen parámetro para saber qué estamos haciendo bien y en qué podemos mejorar. Pero también debe servir para aprender a tratar al otro con respeto, para afrontar las caídas, para desarrollar diferentes tipos de habilidades y sentir orgullosos de nuestros logros. Aprender a competir es, en pocas palabras, saber hacerle frente a la vida. 


Sobre la autora
Merab Govea

Psicóloga egresada de la UNAM. Desde hace ocho años trabaja con niños que tienen TDAH, hiperactividad y Síndrome de Asperger. Actualmente forma parte de un proyecto que permitirá detectar qué técnicas de enseñanza mejoran el desempeño escolar de niños y jóvenes. Actualmente, forma parte del equipo editorial de Psicología para Niños.

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