La “mamitis aguda”, como se le llama comúnmente, es una fase en la que los hijos se sienten especialmente apegados a sus mamás, lloran al separarse de ellas y nadie logra consolarlos. Sienten que solo la mamá les da la seguridad que necesitan y no quieren a nadie más, ni siquiera a papá. Esto ocurre cuando tienen alrededor de dos años y, aunque se trata de una fase pasajera, puede llegar a ser muy agotadora para las mamás, por lo que deben afrontarla con paciencia y utilizar ciertas estrategias para aumentar la confianza de sus pequeños.

Cuando los pequeños atraviesan por la fase de “mamitis aguda”, no debemos pensar que están rechazando a papá. Su conducta no es de rechazo, ya que en ese momento evolutivo, el niño aún no es capaz de ponerse en el lugar del otro. Cuando solo quiere a mamá, lo único que el niño está haciendo es una búsqueda de confianza que puede haber perdido por algún motivo, como puede ser alguna enfermedad reciente. Recordemos que mamá es su figura de apego desde que nació.

Descarga el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, una herramienta de gran ayuda en la crianza

El apego, es decir, los lazos afectivos que se crean entre madres e hijos, se desarrolla incluso antes de su nacimiento. El bebé aprende que en brazos de mamá se siente seguro, confortable y querido, y que nada le va a pasar mientras esté ahí.

Alrededor de los dos años, el niño ha ganado autonomía. Puede desplazarse solo y ha empezado a hablar y expresar sus preferencias. Es probable que frecuente el parque o vaya a la guardería, donde debe relacionarse con otras personas, niños de su misma edad y personas mayores, sus cuidadoras… y lógicamente se siente mejor si su mamá está cerca de él. Aun cuando el niño es más autónomo sigue necesitando a su mamá igual que cuando era un bebé.

¿Qué puede desencadenar esta fase de “mamitis aguda”?
Como hemos dicho, ésta es una fase de inseguridad por la que atraviesa el niño, aferrándose a su mamá porque así todo parece resultarle más fácil. Algunos detonantes de esta etapa pueden ser:

  • La llegada de un hermanito
  • Empezar a ir a la guardería
  • Un resfriado o cualquier enfermedad que haya padecido recientemente
  • Que mamá haya empezado a trabajar fuera de casa
  • Pasar por una temporada en la que los papás deben dejarlo más frecuentemente al cuidado de los abuelos
  • Un cambio de domicilio

¿Cómo contrarrestar esta situación?
Se trata de aplicar el sentido común. Sabemos ya que la “mamitis aguda” es una pérdida de confianza, por tanto, se trata de ayudar a nuestro hijo a recuperar su autonomía y seguridad. ¿Cómo? Jugando. 

Empieza jugando con él a lo que sea, lo importante es que lo disfrute y se entretenga. Una vez iniciado el juego puedes separarte un poco de él, luego un poco más, sin dejar de hablarle para que note que sigues con él. Finalmente, puedes dejarlo solo en la habitación por unos instantes, para luego volver a su lado.

También es importante que aprenda a estar solo con papá y con los abuelos, así que poco a poco ve dejándolos solos con ellos repitiendo el método anterior. Recuerda: se trata de una fase pasajera, nada que no puedas remediar con un poco de paciencia y cariño.

Fuente: www.mamapsicologainfantil.com

Notas relacionadas