Si para ti, como papá, el regreso a clases puede ser una causa de estrés, imagínate lo que puede provocar en tu hijo. Tanto para los niños como para los adultos, todo cambio de rutina implica cierta dosis de tensión, ya que nos exige adaptarnos a un nuevo orden. En el caso de nuestros hijos, que dan por terminado su periodo de vacaciones, en el que todo era calma y tranquilidad, para  regresar a la escuela, en donde día a día serán puestos a prueba, no solo desde el punto de vista académico, sino en muchos otros sentidos (como social y conductual, por mencionar solo algunos ejemplos), es muy normal que haya algo de angustia, aun en aquellos casos en los que el niño parezca contento de haber regresado a la escuela.

Es importante que como papás entendamos la situación por la que están pasando nuestros hijos y seamos comprensivos si notamos que están un poco más irritables de lo normal. Y no solo eso, también podemos ayudarles a que estén más tranquilos creando en casa un ambiente de armonía que ellos van a agradecer profundamente.




¿Qué es la relajación y cómo puedo hacer que mi hijo se relaje?
La relajación es un estado de reposo opuesto a la excitación, y uno de los recursos más poderosos para combatir las emociones negativas. En el caso de los niños, la relajación puede ser de gran ayuda para minimizar la ansiedad, los miedos, el estrés, la agresividad e incluso los síntomas depresivos.

Si tu hijo tiene menos de 6 años, lo mejor es que le transmitas que estos ejercicios para relajarse no son más que un juego. Una buena idea es hacerlos justo antes de que se quede dormido, cuando ya esté en cama y la casa esté tranquila y silenciosa.

Una vez que esté acostado, pídele que coloque en su mano una pelota de goma. Luego debe cerrar los ojos y apretar la pelota al mismo tiempo que inhala profundamente. Después dile que retenga el aire y mantenga apretada su mano durante cinco segundos. Transcurrido este tiempo, pídele que exhale y afloje su mano al mismo tiempo. Repetir este ejercicio durante unos minutos lo ayudará a estar más tranquilo, sobre todo si, mientras tanto, le indicas que piense en  situaciones o personas que lo hagan sentir bien. También es importante que verbalices los efectos de este ejercicio en voz baja y de manera pausada, diciéndole cosas como: “¿Ya te diste cuenta de que estás más tranquilo?” o “Fíjate cómo empiezas a sentir un calorcito muy agradable en tus piernas y brazos”.

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Si tu hijo tiene 6 años o más, probablemente pueda entender que, cuando está nervioso, enojado o tiene miedo, algunos de sus músculos tienden a tensarse, lo cual intensifica el malestar. Reconocer esto es algo muy importante para poder hacer algo que contrarreste esta sensación. La visualización de colores o situaciones gratas suele funcionar bastante bien en estos casos, así que puedes darle instrucciones de que inhale lentamente y luego convierta el aire en un color de su predilección. De esta forma, su cuerpo se estará llenando de tranquilidad y bienestar. Pídele que note cómo el aire entra por su nariz, baja por la garganta y va llenando los pulmones al mismo tiempo que una sensación agradable va llenando su cuerpo. También pueden ser muy útiles algunos instrumentos diseñados especialmente para este tipo de situaciones, como cepillos con ruedas, varillas o cualquier otro objeto que sirva para dar masajes suaves en la cabeza, espalda u hombros.

¡Espero que te sirvan estas recomendaciones!

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