Hay niños que aun a su corta edad se muestran aprensivos y ansiosos ante situaciones en la escuela que los ponen a prueba, principalmente ante un examen. Para algunos niños esta ansiedad es benéfica, pues los impulsa a actuar, pero si ésta no se sabe controlar puede llegar a paralizarlo, bloqueando su capacidad para reaccionar ante dichas situaciones.




Ayúdale a que evite pensamientos negativos, como anticiparse a decir que no podrá contestar el examen o que todo se le olvidará. Es mejor que piense en todo lo que ha estudiado y sabe. Hazle saber que cuando empiece a sentirse nervioso, que su pulso se acelera o alguna otra señal de ansiedad busque bajarla relajándose. Practica con tu hijo en casa para que cuando llegue el momento del examen pueda hacerlo por sí solo.

Cuando termines de estudiar con tu pequeño ayúdalo haciéndole saber las sensaciones que genera su cuerpo cuando se siente ansioso. Dile que cuando empiece a sentir que su corazón se acelera, le sudan las manos o se le dificulta recordar todo lo que estudió, cierre los ojos, se tape una fosa nasal y respire, imaginando que al inhalar está entrando un listoncito por la fosa nariz que quedó sin tapar. Una vez que ese listoncito logre entrar deberá sacarlo lentamente por la otra fosa que había tapado soltando el aire, ahora tendrá que destapar esa fosa y tapar la otra. Deberán repetir varias veces el ejercicio, al igual que antes de irse a dormir y antes de ir a la escuela el día del examen. Dile que cuando este frente al examen recuerde que sí sabe, ya que se preparó estudiando, que lea el examen y empiece por las preguntas que sabe con certeza y deje al final las que se le dificulta recordar para evitar que se bloquee.

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