Xóchitl González Muñoz

Nos encontramos en una etapa de transición, en la que poco a poco han ido perdiendo vigencia los modelos utilizados por la generación de nuestros padres y de nuestros abuelos, que se basaban en la imposición y el ejercicio de la autoridad, bajo el entendido de que así, y solo así, se podría educar hijos obedientes.

Sin embargo, y por fortuna, cada vez hay mayor conciencia respecto a los inconvenientes de estos métodos agresivos, y más información sobre las verdaderas alternativas que existen para, a través de una crianza respetuosa, hacer de nuestros hijos personas responsables, empáticas y, sobre todo, emocionalmente sanas.

Un aspecto clave en este sentido es el establecimiento de límites de manera oportuna, asertiva y congruente. Sin embargo, es usual que cuando hablo con los papás sobre este tema surjan muchas dudas; éstas son algunas de las más frecuentes:

¿Cuáles son los beneficios de los límites en los niños?
El establecimiento de límites es fundamental para que los niños se sientan seguros y protegidos. Cuando existen límites claros en casa, los niños saben que son sus papás los que están al mando, y confían en que serán responsables al momento de decidir qué es lo mejor para ellos. En cambio, cuando no hay límites, ¿se imaginan lo que pueden llegar a sentir al darse cuenta de que son ellos mismos quienes tienen el control, y en algunos casos, hasta una mayor capacidad de decisión que sus papás? Sin duda, este tipo de situaciones termina por descontrolándolos a nivel emocional y, consecuentemente, en un sentido conductual.

¿Cuáles son los principales riesgos de no establecer límites?
Cuando no existen límites, o estos no han quedado del todo claros, los niños tienden a volverse apáticos, ya que no alcanzan a reconocer una estructura que los guíe y les sirva de motivación; o tiranos, al no percibir a sus papás como verdaderas figuras de autoridad. Ante esto, lo más probable es que empiecen a presentar diversas conductas en las que prevalece un componente común: la inseguridad. Esto puede llevarlos a experimentar estados de gran preocupación y ansiedad, pues llegan a sentirse responsables de tomar decisiones que realmente corresponden a sus papás. 

¿Cuál es la mejor manera de establecer límites?
Es necesario que los niños entiendan que existen reglas y límites en el entorno desde pequeños, de lo contrario, el propio entorno se encargará de que lo entiendan. Sin embargo, es importante encontrar el punto medio y evitar los extremos de ser demasiado exigente o demasiado permisivo. Algo que nunca deben perder de vista es la edad de sus hijos, ya que los límites deben definirse de acuerdo con su madurez y capacidad de entendimiento.

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10 recomendaciones para establecer límites eficaces
1. Sean congruentes: “no”, significa “no”; y “sí” significa sí. Si como papás no logran ser consistentes, únicamente lograrán confundir a su hijo.

2. Definan los límites que quieren establecer entre papá y mamá. Una vez decididos, comuníquenselo ambos a su hijo. No asuman que él tiene claro lo que esperan de él.
3. Háganlo divertido. ¡Motívenlo! Plantéenle cada regla como una misión, un reto; a los niños les encanta participar en misiones especiales. 
4. Destaquen los beneficios que obtendrá una vez que cumpla con cada misión. Por ejemplo: “Papá y yo decidimos que a partir de hoy te irás a la cama a las ocho de la noche; de esta manera irás descansado a la escuela, estarás más contento, terminarás más rápido el trabajo y tu maestra te felicitará”. 
5. Anticípenlo, explíquenle lo que pasará si la misión falla, estableciendo consecuencias claras y realistas de acuerdo con su edad y con el límite excedido. Recuerden: es muy importante hacer que se cumplan las consecuencias tal y como se las plantearon. De esta manera él aprenderá a partir de la propia experiencia, sin que sea necesario darle un sermón ni llegar a los gritos, y mucho menos a los golpes. 
6. La estrategia no es infundirle miedo para que haga lo que queremos, sino explicarle por qué es conveniente que haga las cosas como se lo estamos indicando, destacando que no solo él se verá beneficiado, sino muchas otras personas (dar detalles según el caso).
7. Establezcan consecuencias, tanto positivas como negativas, que sean lo suficientemente importantes para motivar a su hijo y moverlo a la acción; en caso contrario, la misión estará en peligro. 
8. Avancen paso a paso. Para lograr grandes cambios de conducta, lo mejor es enfocarse a situaciones específicas, e ir corrigiéndolas de una en una, poniendo toda su atención en ellas.
9. Procuren que su postura y lenguaje corporal esté en sintonía con el tono de voz y el mensaje que quieran transmitir a su hijo. También es importante que, al dar una orden, se bajen a su altura y mantengan contacto visual con él para asegurarse de que los esté escuchando y atendiendo.
10. Escúchenlo. Nunca dejen de darle la oportunidad de expresar cómo se siente, de esta manera lograrán que tenga confianza en ti y en sí mismo, ya que se sentirá valorado y querido. Entre más seguro se sienta, más hábil será para tomar decisiones.



_MG_6136Xóchitl González Muñoz es directora de Psicología para Niños, un centro de atención psicológica para niños y adolescentes en la Ciudad de México. Desde 2002 ha diseñado e implementado talleres y conferencias para padres, maestros y profesionales de la salud sobre temas como inteligencia emocional, manejo conductual y pautas de la evaluación diagnóstica, entre otros. Es autora del libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, y ha colaborado con artículos de opinión en diversas publicaciones. Escribe mensualmente sobre paternidad y crianza para la Revista del Consumidor.

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