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Aunque se presenta con más fuerza en niños de entre tres y seis años de edad, la realidad es que el pensamiento mágico es una manera de interpretar el entorno que caracteriza a la infancia en general. En algunos casos, incluso, es algo que se sigue presentando en adultos, de manera muy particular en aquellos que tienden a trabajar con su creatividad, que o dan mucha importancia a las emociones o son muy supersticiosos.

Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “pensamiento mágico”? Cuando el razonamiento de una persona se basa, en buena medida, en lo que dictan sus emociones y su imaginación. En los niños, esto ocurre debido a que su cerebro apenas está en proceso de maduración. Como ya decíamos, hay muchos rasgos del pensamiento mágico pueden prevalecer en la vida adulta, pero es durante esta etapa del desarrollo cuando ejercen una mayor influencia en el pensamiento y en la manera de actuar de las personas.




Éstas son algunas características del pensamiento mágico, que fácilmente podrías identificar en un niño de 3 a 6 años de edad:

  • Las coincidencias suelen ser entendidas como causalidades
    (“Ganó mi equipo porque me puse mi playera de la suerte”)
  • Se atribuye tal poder a los deseos, que existe la seguridad de que pueden materializarse
    (“Voy a desear con todas mis fuerzas que a mi papá le vaya bien en el trabajo”)
  • Muchas veces es difícil distinguir entre la realidad y la fantasía
    (“Me da miedo que haya un monstruo debajo de la cama”)

Con estos ejemplos, seguramente ya tienes más claro el significado de “pensamiento mágico”, ¿no es así? Ahora la pregunta es, ¿qué tiene que ver todo esto con el Duende Mágico que puedes ver en la foto de esta nota?

Bueno, pues esta es nuestra historia con este simpático personaje. El duende llegó por primera vez hace años tres años a Psicología para Niños. Pero no llegó solo, sino en manos de un pequeñito que llevaba apenas unas semanas yendo a terapia. Los papás de Álex (llamémosle así para no comprometer su identidad) habían llegado con nosotros buscando ayuda porque no sabían qué hacer para mejorar la conducta de su peque, y sentían que la situación cada vez se salía más de control.




El caso es que ese día, Álex llegó a sesión con compañía. En realidad, nos presentó al Duende Mágico como su nuevo amigo. La conversación con la terapeuta se dio más o menos así:

–¡Qué lindo duende, Álex!
Álex asintió satisfecho. Y luego comentó:
–Es mi amigo.
–¡Súper amigo!
–Sí, porque no solo es un duende. Es mágico.
–¡Wow! ¿En serio? ¿Me quieres contar qué tipo de magia hace?
–Mmm… –Álex tuvo que pensar un poco su respuesta–. Juega conmigo.
–Claro… por eso dices que es tu amigo. ¡Eso está muy bien!
–Y hace más cosas.
–¡Cuéntame!
–Dice mis papás que me ayuda a portarme bien.
–¡Eso está todavía mejor, Álex! Oye, ¿y sí crees que es cierto que te ayuda a portarte bien? Cuéntame qué hace…
–Aventuras.
–¿Aventuras? ¿Qué tipo de aventuras?
–De muchas.

Los papás de Álex estaban siendo muy asertivos siguiendo una de nuestras primeras recomendaciones para mejorar el comportamiento de su hijo, y para ello habían encontrado en el Duende Mágico un gran aliado: a los niños les gusta enfrentar retos divertidos. Eso es algo que los papás pueden usar a su favor para incentivar a sus hijos a tener conductas positivas.




La explicación es muy sencilla: para cualquier niño resulta muy distinto tener que seguir instrucciones para evitar regaños o castigos que moldear sus acciones para cumplir con una misión. ¡Nos dio mucho gusto darnos cuenta de que los papás de Álex habían entendido tan bien la lección! Y no solo eso, además habían encontrado en el Duende Mágico una excelente herramienta de apoyo, a la que, por lo visto, le estaban sacando mucho provecho.

En los próximos días estaremos compartiendo contigo algunas divertidas aventuras del Duende Mágico, ¡síguele la pista para que no te las pierdas! Mientras tanto, puedes dar clic aquí para conocer un poco más sobre nuestro nuevo amigo. 

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