Qué pasa cuando un niño no recibe el amor que necesita

Qué pasa cuando un niño no recibe el amor que necesita

Cuando un niño sufre falta de cuidados, de protección, de atención y de apego por parte de sus padres o cuidadores habituales durante los primeros años de vida, se habla de que existe una carencia afectiva. Esta carencia puede llevar implícitos el abandono, el maltrato u otras situaciones tal vez menos traumáticas pero que también pueden dañar su capacidad para relacionarse afectivamente con los demás. La necesidad de afecto para el desarrollo infantil Durante los primeros meses de vida –años, incluso–, un bebé necesita recibir caricias, abrazos, besos y palabras cariñosas para estimular su crecimiento y la maduración de su cerebro. Sin este apego y calor afectivo, el desarrollo neuronal no se lleva a cabo adecuadamente. Sabemos que no es suficiente con alimentar al bebé para que crezca sano, hay que transmitirle afecto y cariño, hacerle sentir que es amado para que se desarrolle adecuadamente no solo en el plano afectivo, sino físico y mental. El frenético ritmo de vida en el que nos encontramos inmersos actualmente, con horarios laborales poco adecuados para la conciliación familiar, son muchos los niños que viven faltos de afecto, de cariño y de las relaciones afectivas necesarias para su desarrollo. No es necesario que el niño sea objeto de causas extremas como el maltrato, negligencia, abandono, largas hospitalizaciones, separaciones o divorcios traumáticos, para verse en una situación

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Educar es difícil, que nadie te diga lo contrario

Educar es difícil, que nadie te diga lo contrario

Educar es difícil, sí, sobre todo si quieres educar bien. Es fácil equivocarse, perder la paciencia o ser víctimas de un mal día. No es fácil estar siempre lleno de energía positiva, y esas fotos tan bonitas que vemos en las revistas de maternidad no tienen nada que ver con lo que ocurre en nuestra casa ¿estás de acuerdo? Que nadie te engañe con esas fotos maravillosas de familias blancas viviendo en constante armonía. La realidad es otra, lo sabemos bien. La realidad del día a día es distinta, los niños no obedecen a la primera, no se comen las verduras que les preparas y convencerlos de que se vayan a la cama a veces es todo un reto. Educar es difícil y exige que estés ahí, a su lado, para guiarlos y acotar lo que pueden o no hacer durante los primeros años. Es de este modo como asentamos los cimientos de unos buenos valores que les acompañarán de por vida. Educar es difícil porque en más de una ocasión tus hijos te retarán y buscarán sobrepasar los límites que les marcas y saltarse las normas establecidas. Es parte de su crecimiento, deben hacerlo. A ti te toca mantenerte en tu rol de madre o padre y saber que lo que haces está bien por más que te cuestiones a diario si eres

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5 sencillas acciones para mejorar su autoestima

5 sencillas acciones para mejorar su autoestima

La autoestima infantil es la imagen que el niño tiene sobre sí mismo y se va formando desde que empieza a tener autoconciencia. Una autoestima positiva o negativa depende del resultado de la ecuación entre el carácter del niño y el ambiente social que le rodea. Un niño con una buena autoestima será capaz de mostrar seguridad en sí mismo, además de aceptar sus errores y logros de forma positiva. Cómo fomentar la autoestima de los niños Los padres somos el primer espejo en el que se miran los hijos para empezar a construir su autoimagen. Para ayudarles a potenciar una autoestima sólida podemos:  Reconocer sus fortalezas Cuando demuestre cualidades o virtudes reconóceselas verbalmente, destacando el comportamiento concreto: “¡Qué buen hermano eres! Gracias por ayudar”. “Qué bien pintas, me encanta este dibujo”. De acuerdo con el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, ayudar a tu hijo a desarrollar sus fortalezas, así como a contrarrestar sus debilidades, resulta fundamental para que construya una imagen positiva de sí mismo. Reconocer sus esfuerzos Más allá de los logros, felicítalo por sus esfuerzos independientemente del resultado, así le ayudarás a desarrollar la perseverancia y tolerancia a la frustración. Cuidar nuestra actitud ante sus errores Muestra naturalidad ante los mismos.  Enséñale  que es normal equivocarse cuando estamos aprendiendo y anímale a seguir practicando o intentar formas diferentes para conseguirlo.

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Videojuegos: ¿realmente le hacen tanto daño a nuestros hijos?

Para los niños, y no tan niños, algunos videojuegos pueden llegar a ser tan entretenidos que los hagan perder la cabeza. Y es que, no hay por qué negarlo: ¡algunos son muy divertidos! Por eso es que cada nuevo lanzamiento puede llegar a generar en nuestros hijos muy altas expectativas y una gran emoción por conocerlo, adquirirlo, jugarlo. Algunos papás suelen poner como condición para comprarlo que el niño obtenga buenas notas, que reporte una buena conducta o que espere hasta que llegue alguna fecha especial para recibirlo de regalo. Esto se debe, sobre todo, a que los videojuegos están relacionados con pérdida de tiempo e, incluso, con ciertos aspectos negativos para el desarrollo de los niños. Sin embargo, hay videojuegos que son algo más que simples pasatiempos, y tienen cosas positivas que conviene destacar. Por ejemplo: 1. Ayudan a aprender a tomar decisiones sobre la marcha, con base en la experiencia, y a no repetir los mismos errores  2. Desarrollan habilidades como coordinación, equilibrio y rapidez mental  3. Mejoran la capacidad para plantear y resolver problemas, tomando en cuenta diversas perspectivas  4. La constancia y persistencia para pasar los niveles fomentan la tenacidad y favorecen la autoestima, una vez que logra vencerse el obstáculo  5. Pueden ayudar a niños con problemas de cognición social, autismo, trastornos cerebrales y trastornos relacionados

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