¿Cuál es el verdadero efecto de los gritos en el cerebro de tu hijo?

¿Cuál es el verdadero efecto de los gritos en el cerebro de tu hijo?

Igual que no tiene más razón el que más alza la voz, tampoco conseguirá mejores resultados quien grita. De hecho, lo más probable es que ocurra al contrario. Los gritos pueden tener dos orígenes: la pérdida de la paciencia o creer que dan autoridad y sirven para lograr disciplina. Sin importar el origen, la realidad es que no sirven para nada.  Aquí una explicación, a partir de la ciencia, sobre por qué los gritos no sirven como modelo de educación. Es más: el cerebro del niño, en vez de aprender cuando le gritan, se bloquea. Lee también ¿Cómo puedo ser una mamá más paciente?  5 razones sobre por qué el cerebro del niño no aprende con gritos Los gritos son como lanzas, como dardos envenenados. Tal vez pensemos que el niño reacciona ante ellos porque “aprende la lección”, pero no es así. En realidad, reacciona por miedo, porque se siente herido y no quiere que lo vuelvan a hacer. Pero no aprende. Su cerebro se bloquea.  Podríamos explicar la versión educativa de por qué el niño sólo obedecerá ante los gritos por miedo y no por respeto o empatía. Pero existe una razón más poderosa aún para que decidas eliminar los gritos de tu vida: una razón química. Esta es la explicación y las numerosas razones que la ciencia nos da para que intentemos evitar

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Cómo puedo ser una mamá más paciente

Cómo puedo ser una mamá más paciente

Según las circunstancias que hayamos vivido a lo largo del día, a veces nos es más difícil que otras gestionar con serenidad algunas situaciones. ¿Por qué no siempre somos capaces de responder con calma? + Porque tenemos unos patrones de respuesta aprendidos que arrastramos desde nuestra infancia. + Porque a veces nos quedamos sin herramientas. + Porque tememos perder el control de la situación. + Porque responder de forma impulsiva y autoritaria parece tener un efecto mucho más inmediato sobre el niño, ya que el miedo redirige la conducta. + Porque a veces sentimos sed de venganza con respecto al niño, cuando nos hemos sentido dañados o atacados por él. + Porque nuestro entorno se encarga de hacernos creer que no estamos haciendo lo correcto. + Porque no somos conscientes de las necesidades de los niños. ¿Por qué las herramientas punitivas no son la mejor opción a largo plazo? Sin embargo, estas respuestas impulsivas y autoritarias no son efectivas en el largo plazo porque no enseñamos al niño a razonar. El niño aprende a obedecer, cierto, utilizando el miedo como herramienta de coacción. Esto, a medio y largo plazo traerá como consecuencia: Lee también Cómo no perder la paciencia con tus hijos Inseguridad Sentimiento de inferioridad Rebelión Ansiedad Conductas autoritarias y poco empáticas Extrema auto-exigencia Miedos Complejos Apatía Dependiendo del

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Convierte los conflictos con tus hijos en oportunidades

Convierte los conflictos con tus hijos en oportunidades

Celia Rodríguez Ruiz, Psicóloga y Pedagoga Muchas veces no sabemos cómo gestionar los conflictos con nuestros hijos. Parecen no atender a razones y nosotros nos alteramos y acabamos entrando en un bucle de discusiones que parecen no tener ni fin ni solución posible. Un conflicto puede entenderse como las diferencias generadas a raíz de un acontecimiento, situación o circunstancia que implica un problema o una dificultad. Cuando aparece un conflicto es frecuente que se generan sentimientos negativos, mal humor, impotencia ansiedad y esto da lugar a conductas que desembocan en enfrentamientos. Con los enfrentamientos solo conseguimos discrepancia y tensión. El conflicto como oportunidad de aprendizaje La visión que tenemos del conflicto es de una situación negativa que genera malestar y que es difícil de solucionar. Es valorado como algo negativo que tiende a evitarse y, si no se puede evitar, el conflicto es entendido como sinónimo de enfrentamiento. Pero el conflicto no tiene por qué ser una situación negativa en la que siempre pierda una de las dos partes. Es fundamental cambiar el modo de ver los conflictos y aprender a verlos como una situación en la que se hace patente una diferencia que tenemos que solucionar para llegar a una situación en la que las dos partes implicadas ganen. El conflicto, por lo tanto, puede y debe entenderse como una oportunidad de aprendizaje. Es

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El castigo físico, ¿es necesario para educar a los niños? Esto dice la UNICEF

El castigo físico, ¿es necesario para educar a los niños? Esto dice la UNICEF

En el mundo 1,100 millones de cuidadores de niños (1 de cada 4) dicen que el castigo físico es necesario para criar adecuadamente a los niños, según reveló un informe de Unicef sobre la violencia contra los niños publicado en noviembre de 2017. De acuerdo con el documento “Una situación habitual: Violencia en las vidas de los niños y los adolescentes”, de Unicef, cerca de 300 millones de niños de entre 2 y 4 años “son habitualmente víctimas de algún tipo de disciplina violenta por parte de sus cuidadores” y 250 millones (6 de cada 10 niños) son castigados por medios físicos. El informe asegura que en muchas oportunidades la violencia contra los niños se justifica como si fuera algo “necesario o inevitable” para su educación y que estas conductas normalizan la violencia en la sociedad. “La frecuencia con que se comete puede llevar a que las víctimas consideren que la violencia es normal”, dice el informe. Recomendamos: “La violencia puede marcar a un niño para siempre”: Unicef. Violencia alrededor En este informe, Unicef reveló cifras que demuestran que los niños están rodeados de violencia en su entorno desde las primeras etapas de su vida como a medida que van creciendo. Por ejemplo, “tres cuartas partes de los niños entre 2 y 4 años en todo el mundo (unos 300 millones)

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¿Por qué sigue haciendo eso si ya le he dicho mil veces que pare?

¿Por qué sigue haciendo eso si ya le he dicho mil veces que pare?

Rosa Fuentes Seguro que esta situación les resulta familiar: los niños hacen algo que no deben, les decimos que eso no se hace, se lo decimos bien, con buenas palabras y, acto seguido, lo vuelven a hacer. Se lo volvemos a decir, otra vez por las buenas, nos miran… y lo vuelven a hacer. Probamos de otra forma, gesto serio, ceño fruncido, tono firme, a ver si esta vez… Nada, lo ha vuelto a hacer. Nos empezamos a enojar, nuestro tono se vuelve más brusco, pero sigue sin funcionar y lo vuelve a hacer. Perdemos los nervios y empezamos a adentrarnos en el ámbito de los castigos, los gritos, quizás incluso las nalgadas, ese territorio que no queremos pisar porque hemos decidido educar a nuestros hijos por el camino de la crianza respetuosa. Así que nos asaltan las dudas: ¿Qué pasa? ¿Por qué no funciona? ¿Por qué sigue repitiéndolo a pesar de que le digo que no? ¿Será que la crianza respetuosa es incompatible con la disciplina? Para poder responder a estas preguntas primero necesitamos pensar en la causa de ese comportamiento, que normalmente varía dependiendo de la edad del niño. Cuando son bebés: Los bebés no tienen capacidad de autocontrol, así que si sienten un impulso, las posibilidades de que se paren a sí mismos son mínimas, por no decir nulas. El impulso puede nacer

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