Cómo puedo ser una mamá más paciente

Cómo puedo ser una mamá más paciente

Según las circunstancias que hayamos vivido a lo largo del día, a veces nos es más difícil que otras gestionar con serenidad algunas situaciones. ¿Por qué no siempre somos capaces de responder con calma? + Porque tenemos unos patrones de respuesta aprendidos que arrastramos desde nuestra infancia. + Porque a veces nos quedamos sin herramientas. + Porque tememos perder el control de la situación. + Porque responder de forma impulsiva y autoritaria parece tener un efecto mucho más inmediato sobre el niño, ya que el miedo redirige la conducta. + Porque a veces sentimos sed de venganza con respecto al niño, cuando nos hemos sentido dañados o atacados por él. + Porque nuestro entorno se encarga de hacernos creer que no estamos haciendo lo correcto. + Porque no somos conscientes de las necesidades de los niños. ¿Por qué las herramientas punitivas no son la mejor opción a largo plazo? Sin embargo, estas respuestas impulsivas y autoritarias no son efectivas en el largo plazo porque no enseñamos al niño a razonar. El niño aprende a obedecer, cierto, utilizando el miedo como herramienta de coacción. Esto, a medio y largo plazo traerá como consecuencia: Lee también Cómo no perder la paciencia con tus hijos Inseguridad Sentimiento de inferioridad Rebelión Ansiedad Conductas autoritarias y poco empáticas Extrema auto-exigencia Miedos Complejos Apatía Dependiendo del

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Convierte los conflictos con tus hijos en oportunidades

Convierte los conflictos con tus hijos en oportunidades

Celia Rodríguez Ruiz, Psicóloga y Pedagoga Muchas veces no sabemos cómo gestionar los conflictos con nuestros hijos. Parecen no atender a razones y nosotros nos alteramos y acabamos entrando en un bucle de discusiones que parecen no tener ni fin ni solución posible. Un conflicto puede entenderse como las diferencias generadas a raíz de un acontecimiento, situación o circunstancia que implica un problema o una dificultad. Cuando aparece un conflicto es frecuente que se generan sentimientos negativos, mal humor, impotencia ansiedad y esto da lugar a conductas que desembocan en enfrentamientos. Con los enfrentamientos solo conseguimos discrepancia y tensión. El conflicto como oportunidad de aprendizaje La visión que tenemos del conflicto es de una situación negativa que genera malestar y que es difícil de solucionar. Es valorado como algo negativo que tiende a evitarse y, si no se puede evitar, el conflicto es entendido como sinónimo de enfrentamiento. Pero el conflicto no tiene por qué ser una situación negativa en la que siempre pierda una de las dos partes. Es fundamental cambiar el modo de ver los conflictos y aprender a verlos como una situación en la que se hace patente una diferencia que tenemos que solucionar para llegar a una situación en la que las dos partes implicadas ganen. El conflicto, por lo tanto, puede y debe entenderse como una oportunidad de aprendizaje. Es

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¿Por qué sigue haciendo eso si ya le he dicho mil veces que pare?

¿Por qué sigue haciendo eso si ya le he dicho mil veces que pare?

Rosa Fuentes Seguro que esta situación les resulta familiar: los niños hacen algo que no deben, les decimos que eso no se hace, se lo decimos bien, con buenas palabras y, acto seguido, lo vuelven a hacer. Se lo volvemos a decir, otra vez por las buenas, nos miran… y lo vuelven a hacer. Probamos de otra forma, gesto serio, ceño fruncido, tono firme, a ver si esta vez… Nada, lo ha vuelto a hacer. Nos empezamos a enojar, nuestro tono se vuelve más brusco, pero sigue sin funcionar y lo vuelve a hacer. Perdemos los nervios y empezamos a adentrarnos en el ámbito de los castigos, los gritos, quizás incluso las nalgadas, ese territorio que no queremos pisar porque hemos decidido educar a nuestros hijos por el camino de la crianza respetuosa. Así que nos asaltan las dudas: ¿Qué pasa? ¿Por qué no funciona? ¿Por qué sigue repitiéndolo a pesar de que le digo que no? ¿Será que la crianza respetuosa es incompatible con la disciplina? Para poder responder a estas preguntas primero necesitamos pensar en la causa de ese comportamiento, que normalmente varía dependiendo de la edad del niño. Cuando son bebés: Los bebés no tienen capacidad de autocontrol, así que si sienten un impulso, las posibilidades de que se paren a sí mismos son mínimas, por no decir nulas. El impulso puede nacer

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Lo malo de la crianza respetuosa

Lo malo de la crianza respetuosa

Sin duda, lo peor que tiene la crianza respetuosa es el hecho de ser tan malentendida. Hasta la fecha, a pesar de que parte de un principio incuestionable, como es el respeto por los hijos, es lamentable que siga estando tan desacreditada por muchos papás, presas de la desinformación.  Y es que, para muchos, esta expresión equivale a ser demasiado permisivos y, según lo entienden, la principal causa de que las generaciones actuales estén mal educadas.  Su conclusión es que los niños de hoy necesitan ser disciplinados bajo un sistema autoritario, basado en la imposición y el amedrentamiento. Para empezar a corregir esta percepción equivocada, es fundamental hacer las siguientes aclaraciones: La crianza respetuosa no es sinónimo de permisividad. Al igual que el método autoritario, parte del establecimiento de límites, pero lo hace a través de la comprensión de las necesidades del niño, no del sometimiento. Cuando se realiza correctamente, resulta mucho más efectiva, ya que los niños entienden por qué deben comportarse de tal manera y se convencen de que es lo mejor. En el caso contrario, los niños moldean su conducta a partir del miedo ante el castigo o la agresión. Suponer que “los niños de antes” eran “mejores” que los de ahora es una percepción subjetiva, pues no existe ningún indicador que lo confirme. Además, todos tendemos

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Ni autoritarios ni permisivos: padres democráticos

Ni autoritarios ni permisivos: padres democráticos

Todos tenemos claro que cada cabeza es un mundo. Tan asumido lo tenemos, que oímos o expresamos esta afirmación con demasiada frecuencia, ¿no es cierto? ¿Y qué decir cuando nos referimos específicamente a la paternidad? ¿Será posible encontrar a alguien que como papá o mamá sea exactamente igual a otro? No, definitivamente: algunos son más estrictos que otros; o más controladores. O más aprensivos… o más cariñosos. Y así nos podríamos estar horas enlistando la gran cantidad de características que pueden marcar las diferencias entre papás. Pero no nos compliquemos demasiado la existencia y, al menos por ahora, hablemos únicamente de los tres estilos de ejercer la paternidad, de acuerdo con  la psicóloga Diana Baumrind, quien realizó diferentes investigaciones con niños preescolares y sus papás: autoritario, permisivo y democrático.   Padres autoritarios Se trata de papás que presentan un patrón muy dominante. Son poco flexibles, tienden a irritarse fácilmente y viven empeñados en mantener siempre el mayor control posible sobre sus hijos. Además son muy críticos y suelen establecer reglas sumamente restrictivas. Para este tipo de papás es de vital importancia el hecho de que sus hijos los obedezcan, ante lo cual no dudan respecto a imponer castigos, ya sea físicos o psicológicos. Por otro lado, suelen involucrarse poco con sus hijos y muy rara vez consideran sus opiniones. Los

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