¿Por qué sigue haciendo eso si ya le he dicho mil veces que pare?

¿Por qué sigue haciendo eso si ya le he dicho mil veces que pare?

Rosa Fuentes Seguro que esta situación les resulta familiar: los niños hacen algo que no deben, les decimos que eso no se hace, se lo decimos bien, con buenas palabras y, acto seguido, lo vuelven a hacer. Se lo volvemos a decir, otra vez por las buenas, nos miran… y lo vuelven a hacer. Probamos de otra forma, gesto serio, ceño fruncido, tono firme, a ver si esta vez… Nada, lo ha vuelto a hacer. Nos empezamos a enojar, nuestro tono se vuelve más brusco, pero sigue sin funcionar y lo vuelve a hacer. Perdemos los nervios y empezamos a adentrarnos en el ámbito de los castigos, los gritos, quizás incluso las nalgadas, ese territorio que no queremos pisar porque hemos decidido educar a nuestros hijos por el camino de la crianza respetuosa. Así que nos asaltan las dudas: ¿Qué pasa? ¿Por qué no funciona? ¿Por qué sigue repitiéndolo a pesar de que le digo que no? ¿Será que la crianza respetuosa es incompatible con la disciplina? Para poder responder a estas preguntas primero necesitamos pensar en la causa de ese comportamiento, que normalmente varía dependiendo de la edad del niño. Cuando son bebés: Los bebés no tienen capacidad de autocontrol, así que si sienten un impulso, las posibilidades de que se paren a sí mismos son mínimas, por no decir nulas. El impulso puede nacer

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Lo malo de la crianza respetuosa

Lo malo de la crianza respetuosa

Sin duda, lo peor que tiene la crianza respetuosa es el hecho de ser tan malentendida. Hasta la fecha, a pesar de que parte de un principio incuestionable, como es el respeto por los hijos, es lamentable que siga estando tan desacreditada por muchos papás, presas de la desinformación.  Y es que, para muchos, esta expresión equivale a ser demasiado permisivos y, según lo entienden, la principal causa de que las generaciones actuales estén mal educadas.  Su conclusión es que los niños de hoy necesitan ser disciplinados bajo un sistema autoritario, basado en la imposición y el amedrentamiento. Para empezar a corregir esta percepción equivocada, es fundamental hacer las siguientes aclaraciones: La crianza respetuosa no es sinónimo de permisividad. Al igual que el método autoritario, parte del establecimiento de límites, pero lo hace a través de la comprensión de las necesidades del niño, no del sometimiento. Cuando se realiza correctamente, resulta mucho más efectiva, ya que los niños entienden por qué deben comportarse de tal manera y se convencen de que es lo mejor. En el caso contrario, los niños moldean su conducta a partir del miedo ante el castigo o la agresión. Suponer que “los niños de antes” eran “mejores” que los de ahora es una percepción subjetiva, pues no existe ningún indicador que lo confirme. Además, todos tendemos

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Ni autoritarios ni permisivos: padres democráticos

Ni autoritarios ni permisivos: padres democráticos

Todos tenemos claro que cada cabeza es un mundo. Tan asumido lo tenemos, que oímos o expresamos esta afirmación con demasiada frecuencia, ¿no es cierto? ¿Y qué decir cuando nos referimos específicamente a la paternidad? ¿Será posible encontrar a alguien que como papá o mamá sea exactamente igual a otro? No, definitivamente: algunos son más estrictos que otros; o más controladores. O más aprensivos… o más cariñosos. Y así nos podríamos estar horas enlistando la gran cantidad de características que pueden marcar las diferencias entre papás. Pero no nos compliquemos demasiado la existencia y, al menos por ahora, hablemos únicamente de los tres estilos de ejercer la paternidad, de acuerdo con  la psicóloga Diana Baumrind, quien realizó diferentes investigaciones con niños preescolares y sus papás: autoritario, permisivo y democrático.   Padres autoritarios Se trata de papás que presentan un patrón muy dominante. Son poco flexibles, tienden a irritarse fácilmente y viven empeñados en mantener siempre el mayor control posible sobre sus hijos. Además son muy críticos y suelen establecer reglas sumamente restrictivas. Para este tipo de papás es de vital importancia el hecho de que sus hijos los obedezcan, ante lo cual no dudan respecto a imponer castigos, ya sea físicos o psicológicos. Por otro lado, suelen involucrarse poco con sus hijos y muy rara vez consideran sus opiniones. Los

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Cómo poner límites y evitar disgustos en casa

Cómo poner límites y evitar disgustos en casa

Cuando establecemos límites claros, firmes y constantes en casa, le estamos facilitando a nuestros hijos su adaptación a la sociedad, ya que esto les permite saber qué es lo que pueden o no pueden hacer, así como lo que se espera del ellos. Los límites se establecen de acuerdo con la edad de desarrollo de tus hijos. No puedes ser muy exigente cuando aún no logran comprender todas las cosas que hacen, ni tampoco puedes ser tan flexible y condescendiente si ya logran identificar lo que está bien y lo que está mal. Pero atención: es muy importante no confundir firmeza con agresividad ni violencia. Para formar hijos emocionalmente sanos debes evitar a toda costa los gritos y los golpes.   Lo que tú debes hacer es mostrar una actitud firme pero a la vez tranquila. No olvides automonitorearte constantemente para evitar engancharte con el enojo de tu hijo y que se convierta en una situación tensa y de conflicto.Marcar límites y cumplir las consecuencias por una conducta le ayuda al niño a hacerse responsable de las consecuencias de sus actos y a autorregularse y tolerar la frustración. Cuando dejan de funcionar los límites En el momento en el que los límites son poco claros o van de acuerdo con el estado emocional en el que se encuentran los padres dejan de

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