Es niño, no títere: disciplina inteligente

Es niño, no títere: disciplina inteligente

Por: Vidal Schmill La disciplina en la educación de tu hijo no es un tema que puedas posponer para cuando cumpla un par de años, debes establecer las bases desde ahora o correr el riesgo de empezar demasiado tarde. Es muy común asociar esta palabra con ideas e imágenes de dureza, represión, golpes y maltrato. Un ejercicio práctico es revisar qué sientes cuando alguien de tu familia te dice: “Tu hijo necesita más disciplina”. ¿A qué crees que se refiera? ¿Regaños, castigos? Si creciste recibiendo nalgadas como parte de tus reprimendas, te lavaron la boca con jabón por decir alguna mala palabra o te encerraron para que pensaras lo que hiciste, entonces la palabra disciplina te llevará a evocar situaciones y emociones nada agradables y sin ninguna utilidad formativa. Hay personas totalmente convencidas de que gracias a que de niños los corrigieron con nalgadas, hoy son gente de bien y no sufrieron ningún trauma; pero son buenas personas porque pudieron recuperarse lo suficiente para superar el maltrato, no gracias a eso. Encuentra el punto medio Pero entonces, ¿cómo corregir sin llegar al maltrato físico, psicológico o emocional de tu hijo? ¿Cómo evitar irte al extremo contrario donde él se convierta en un tirano incapaz de mostrar una conducta solidaria y considerada? Disciplinar de forma inteligente es la manera de alcanzar ese punto medio

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5 técnicas para que tu hijo te haga caso

5 técnicas para que tu hijo te haga caso

Ya sea por testarudos o porque están tan algo nerviosos como para detenerse a pensar un momento, a veces a los niños les da por no escuchar lo que les dicen los adultos y seguir en lo suyo, o bien, se enojan por la interrupción, lo cual deja en los padres con la sensación de que sus mensajes no han sido bien recibidos. Esto es algo de lo que puedes hacer para evitar lo anterior: Dale mensajes cortos Evita los sermones y las explicaciones rebuscadas. Por ejemplo, si terminan de comer y quieres recordarles que deben recoger su plato, debe ser suficiente con que le digas “tu plato”. Explícale lo que quieres antes que solo darle una orden Los niños deben aprender el modo correcto de comportarse, pues no nacen sabiéndolo. Un ejemplo claro son las esas veces en que llegas con tu hijo a la tienda y él comienza a agarrar todo. Ante ello, es común que los padres reaccionan dando órdenes como: “No lo toques”, sin pensar en que podrían obtener mejores resultados si les dicen por qué no debe hacerlo. Por ejemplo: “Estos objetos son delicados y podrían romperse. Sería mejor que no los agarres”. Más que darle órdenes, hazlo partícipe Hay situaciones en las que es indispensable hacer valer tu autoridad como padre, como por ejemplo, aquellas en las que tu hijo podría

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¿Son los hijos los verdaderos culpables?

¿Son los hijos los verdaderos culpables?

Por Sandra Rivera Muchas veces, cuando se presenta algún problema en casa, creemos que el origen del conflicto está específicamente en uno de los integrantes de la familia. Sin embargo, es importante saber que esto suele ser un error, ya que el comportamiento de cada uno obedece a la forma en que se llevan a cabo las relaciones entre los distintos miembros de dicha familia, y es precisamente ahí donde está el origen del problema. Por eso es tan importante identificar los elementos que conforman a la familia, así como los distintos roles que desempeña cada uno de ellos. En un esquema tradicional*, podemos reconocer al papá (que además es esposo), a la mamá (que además es esposa) y a los hijos (que además pueden ser hermanos). Ahora bien, existen familias en las que se mantiene el equilibrio, la comunicación, la congruencia, y todos los integrantes muestran una buena capacidad de adaptación a las demandas de los demás; todos tienen claro cuáles son los distintos papeles que les toca desempeñar. Otras familias, en cambio, no logran el equilibrio deseado. Entre sus miembros no existe una buena comunicación ni hay congruencia entre lo que los papás exigen a sus hijos y lo que ellos mismos hacen. Finalmente, nadie tiene claro cuál es su papel que debe desempeñar como miembro de la

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¡No quiero ir a la escuela!

¡No quiero ir a la escuela!

Aunque es obvio que cada papá es diferente, hay algo que todos (al menos cualquiera que esté emocionalmente sano) tienen algo en común: desean que a sus hijos les vaya bien en la vida, incluyendo aspectos académicos, deportivos, sociales, personales, laborales y sentimentales. Como papás, hacemos todo lo posible por que nuestros hijos desarrollen habilidades en todas las áreas de su vida, pero hay una en específico que los psicólogos educativos ven como pilar: la escuela. Y es que, después de casa, es ahí donde los niños empiezan a socializar, a aprender cosas nuevas, a desarrollar una personalidad y alcanzar sus primeros logros. Pero… ¿qué hacer si nuestro hijo no logra adaptarse al ambiente escolar? Como papás, debemos estar atentos a señales como una baja en su rendimiento académico, problemas de conducta o un franco rechazo a ir a clases, ya que nuestro hijo podría estar enfrentando un problema de consecuencias serias. ¿Cómo puedo saber si mi hijo está enfrentando problemas en la escuela? Los niños pueden tener problemas en la escuela por distintas razones. Entre las más comunes, están: tener dificultades para entender el contenido de la clase, que sus compañeros no se muestren amigables con él y que se aburra o se distraiga con facilidad. Algunas de las señales que suelen mandar cuando algo de esto está ocurriendo, es

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Hablar con él sobre las emociones puede mejorar su conducta

Hablar con él sobre las emociones puede mejorar su conducta

Los niños con problemas de conducta suelen tener dificultades para identificar, comprender y expresar apropiadamente sus emociones. Ligado a lo anterior, un estudio reciente, cuyos resultados fueron publicados en el Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics, encontró que, hablar con tus hijos sobre las distintas emociones que existen puede ayudar a reducir sus problemas de conducta. De acuerdo con Holly Brophy-Herb, profesora del desarrollo del niño en MSU y autora principal de este estudio, la investigación incluyó a infantes de entre 18 meses y 2 años de edad, y consistió en lo siguiente: se les pidió a las madres que observaran con sus hijos un libro de imágenes, sin palabras, en donde se contaba la historia de una niña que perdía a su mascota y luego la encontraba. Brophy-Herb y sus compañeros de investigación se enfocaron en el puente emocional que lograba establecer la madre con el niño al realizar esta actividad en su compañía. Esto implicaba, no solo que las madres nombraran las emociones sino que las pusieran en contexto y las relacionaran con la vida del niño. Aproximadamente siete meses después, los investigadores visitaron a las familias y encontraron menos problemas conductuales en los niños participantes. Brophy-Herb comentó que esto podría deberse a que, cuando un niño entiende mejor sus emociones, desarrolla también la capacidad de expresarlas, lo que

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