Tus palabras siempre dejan huella en tus hijos

Tus palabras siempre dejan huella en tus hijos

El hecho de que la voz de mamá sea la primera que escuchan los pequeños, incluso dentro del vientre, no es algo que se deba tomar a la ligera. Cuidado con lo que dices y cómo lo dices porque las palabras siempre dejan huella. La voz de la mamá activa en sus hijos una enorme cantidad de circuitos neuronales y, según un estudio realizado por la Universidad de Stanford, refuerza las conexiones entre esas regiones cerebrales cuando la oyen hablar, lo que no solo ayuda a desarrollar su inteligencia emocional y seguridad en sí mismo, sino que marca su capacidad para comunicarse en su entorno y encajar en él. Por eso cada palabra que le dices a tu pequeño es de vital importancia, ya que cada una, ya sea en una frase o individualmente, tendrá un impacto –para bien o para mal– en él que durará toda la vida. “El hecho de que sea la de la madre la primera voz que escuchan los niños (incluso antes de nacer), le da un significado y una fuerza muy especial. Además de ser la que más influencia ejerce sobre ellos, pues tiene la capacidad de activar algunas zonas del cerebro fundamentales para el desarrollo de sus emociones”, nos explica Xóchitl González Muñoz, directora de Psicología para Niños, un centro de atención psicológica

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¿Estás educando a tu hijo para ser obediente o autónomo?

¿Estás educando a tu hijo para ser obediente o autónomo?

Celia Rodríguez Ruiz, psicóloga y pedagoga Para muchas familias es de vital importancia que sus hijos sean obedientes pero, ¿qué entendemos por obediencia? Si se trata de seguir normas y reglas sin cuestionarlas o sin protestar puede ser contraproducente para su educación y conlleva importantes peligros. El niño que es educado para obedecer sin pensar, generalizará esa manera de actuar y tenderá a repetirla en futuras ocasiones y circunstancias. Los peligros de la obediencia La obediencia es un tema muy importante para muchas familias. En numerosas ocasiones, los padres y madres mencionan la importancia de que sus hijos les hagan caso sin cuestionar. Esto puede parecer muy importante, ya que como padres podemos pensar que sabemos lo que es mejor para los niños y no tenemos tiempo para explicarles porque es así. Sin embargo, esto puede no ser adecuado. Si educamos a los niños para que obedezcan sin pensar nos enfrentamos a muchos peligros: El niño cuestiona sus decisiones y antepone la orden impuesta a lo que él considera correcto. El niño crecerá e interiorizará esa manera de actuar, convirtiéndola en un hábito y llevándola a cabo en diversas situaciones, y por lo tanto tenderá a seguir las órdenes de otros, aún por encima de sus valores. Si se limitan a obedecer, no les estamos educando para que decidan por si mismos. Les

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Mejor no apliques la ley del hielo

Mejor no apliques la ley del hielo

El silencio a veces cumple la función de castigo. Dejar de hablar a alguien es una salida a la que muchas personas acuden para “expresar” su enojo, su inconformidad o sus reproches. ¿Qué tan eficaz es este método para superar un problema o lograr que alguien cambie? ¿Qué significa la decisión de evitar las palabras cuando hay un rencor que arde? Establecer un diálogo con alguien no es fácil, en especial si hay un conflicto que no parece tener vías de solución. Pero si en lugar de abordar el tema directamente lo que se hace es dejar de hablar al otro, lo único que se logra es agregar una tensión adicional. A la disputa no resuelta se suma un limbo que puede llegar a ser una verdadera incubadora de veneno. Muchos, sin embargo, en el fondo no tienen interés en resolver el conflicto mediante el diálogo. Lo que desean es que el otro se someta a su propio punto de vista. Entonces utilizan el silencio como castigo, para que el otro se doblegue. Finalmente, se trata de una actitud infantil y lo peor es que no resuelve nada. Eso sí, proporciona una gratificación egoísta. Lee también ¿Cuándo es momento de ir con el psicólogo? Las razones para castigar con el silencio Hay todo tipo de argumentos para defender la idea

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¿Papá o amigo de tus hijos?

¿Papá o amigo de tus hijos?

Muchos expertos dicen que no se debe ser amigo de tus hijos. Estamos parcialmente de acuerdo. Desde nuestro punto de vista, hay prerrequisitos para poder ser sus amigos. Aquí están: 1. Toma tu lugar No cedas tu rol. Tú eres el papá o mamá, el adulto; tu hijo es el pequeño y siempre lo será. Es muy importante que le quede claro que antes de ser su amigo, eres su padre. 2. Abre canales La comunicación con tus hijos es uno de los temas más complejos, sobre todo por falta de capacitación; no se trata nada más de estrategias o herramientas (que sí son importantes), la clave es tu conexión con tu propio niño interior. 3. Cultiva tu inteligencia emocional Aprende qué hacer con tus emociones para que sean una fuente de riqueza y energía positiva en tu vida y en la de tus hijos. 4. Sé líder Tus hijos necesitan un ejemplo a seguir; conviértete en eso que quieres para ellos. Reconoce el estilo particular de cada uno de tus hijos y aprende a transmitir tu mensaje de modo que sea recibido. La paternidad es un acto de liderazgo, comienza contigo misma. Por último, una advertencia: tus hijos no necesitan que seas su amigo. Necesitan un padre y una madre. Amigos tendrán muchos, irán y vendrán. Amigos verdaderos, tendrán

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Cómo puedo ser una buena madrastra

Cómo puedo ser una buena madrastra

Diálogo, paciencia, madurez y mucha comprensión son algunas de las claves para que la relación con los hijos de tu pareja sea cada día mejor. Ser madrastra es un reto que asumen muchas mujeres, aun sabiendo que tendrán varios obstáculos por superar, como rebeldía, rechazo y la tan temida frase “¡Déjame!, que tú no eres mi mamá”. Aunque el término madrastra es horrible, por haber sido usado de forma tan peyorativa a lo largo de la historia, hoy hablamos de madrastras, ya no como esas malas madres, esas figuras terribles y destructivas sino como esas mujeres que acogen y se hacen cargo de un o unos niños producto de un matrimonio anterior de sus actuales parejas. Ser madrastra supone aceptar, acoger, cuidar, querer, mimar, pero también poner normas y límites… a los hijos de otra persona como si fueran propios. Para el niño, la incorporación de una nueva pareja de su padre supone la certeza de que papá y mamá ya no se reconciliarán, que no volverán a ser la familia que fueron, y eso a veces no es fácil de asumir ni de aceptar, por lo que se muestran esquivos, rebeldes y oposicionistas. Ponerse en el lugar del niño y entender que la situación tampoco es fácil para ellos ayuda mucho a rebajar las tensiones iniciales que pueden surgir. Adoptar una

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