Berrinches bajo control

Berrinches bajo control

Xóchitl González Muñoz Sin duda, una de las problemáticas más comunes en mi consultorio tiene que ver con las quejas de muchos papás ante la tendencia a hacer berrinches por parte de sus hijos. Hay quienes llegan desesperados porque, según me cuentan, han intentado de todo y nada les ha funcionado. Otros tienden a querer justificar la rabieta ante los demás con argumentos como: “Ya tiene sueño”. “Es que ya se le pasó su hora de comida”. “¿Quién no era así de niño?”. Algunos, incluso, confiesan sentir miedo de hacer cualquier tipo de intervención a la hora del berrinche, pues temen que quede en evidencia su falta de pericia para controlar la situación. Y aunque a fin de cuentas es algo que se vive de distinta manera en cada familia, lo que es común a todos esos papás que llegan con el psicólogo buscando una solución, es el hecho de reconocer que se sienten rebasados y, generalmente, llenos de frustración. La mayoría de los papás coinciden en que es muy difícil controlar un berrinche en el momento, y tienen razón. Una vez que el niño está emberrinchado la situación se vuelve difícil de manejar, sobre todo si es en público, pues, si no se han logrado controlar los berrinches en casa, será aún más difícil que se puedan controlar fuera

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¿Qué debo hacer ante los berrinches de mi hijo?

¿Qué debo hacer ante los berrinches de mi hijo?

Por Margarita Esquivel Chávez, maestra en Terapia Breve. “¿Qué debo hacer ante los berrinches de mi hijo?”. Ésta es una de las preguntas más recurrentes por parte de los papás. Y es que, aun cuando generalmente tienen una idea sobre lo que deben hacer (asertiva o no), como ignorar, aislar, encerrar, no tomar en cuenta, no conceder contacto visual o no hablar, entre otras recomendaciones, hay que tomar en cuenta la complejidad de la situación, y el hecho de que implica una gran cantidad de emociones que puede ser fácil juzgar pero difícil de manejar en el momento. Lo primero y más importante que debemos saber es que los berrinches o rabietas son la forma que tiene el niño para comunicar su frustración ante determinadas circunstancias; es la manera que ellos tienen de decirnos que no están de acuerdo con alguna situación. En ocasiones pueden usar los berrinches para manifestar cansancio, hambre o incluso miedos e inseguridades. Así es como ellos manifiestan la emoción provocada por la situación en la que se encuentran, y lo hacen así porque hasta el momento no cuentan con las habilidades para hacerlo de otra forma, no están preparados o no lo han aprendido aún. Esto es importante para entender que, al enfrentarse a un berrinche, lo que los papás deben hacer es ir enseñando a su hijo

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Cómo manejar la etapa del “no”

Cómo manejar la etapa del “no”

La mayoría de los niños pasan por una etapa, entre el año y año y medio, en la que a todo responden que no. “¡No!”, responde cada vez que le proponemos algo. Pero, ¿por qué ocurre esto? Después de haberse portado tan bien y hacernos sentir tan orgullosos, ¡ahora parece estar en contra de todo! ¿Qué es y cuándo aparece la etapa del “no” en los niños? La etapa del “no” suele presentarse alrededor de los 15 meses de vida, cuando el niño empieza a buscar cierta independencia. Esta etapa es conocida como la “primera adolescencia”, y se considera que es cuando se asientan las bases para la adolescencia que vendrá después. Mucha gente piensa que lo hacen simplemente por llevar la contra, por fastidiar, pero lo que realmente está haciendo el niño al negarse a todo es empezar a experimentar con distintas situaciones sociales. En otras palabras, provoca nuevas situaciones para ver qué sucede y aprender de ello. Por otro lado, al dar sus primeros pasos en busca de su independencia, va también definiendo su carácter. Muchas veces, incluso, el niño dirá “no” cuando realmente quiere decir “sí”. Con ello, lo que pretende es dar a entender que si accede a las peticiones de su madre o padre, es solo porque él quiere. Entre los “nos” más típicos de esta etapa

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El lado positivo de los berrinches

El lado positivo de los berrinches

Cuando hablamos de los berrinches o rabietas en los niños, casi siempre es desde su aspecto negativo. Estamos acostumbrados a consultar información y buscar consejos para evitarlas, o bien, para saber cómo reaccionar ante ellas. Sin embargo, pocas veces nos preocupamos por entender las razones de fondo y, por lo tanto, no nos damos la oportunidad de saber que es necesario que nuestros hijos hagan berrinches o rabietas. La parte positiva de los berrinches A partir de los 2 años, los niños entran en una fase de oposición sistemática y terquedad. Es justo a esta edad cuando empiezan los tan temidos berrinches, momento en el cual los padres buscamos rápidamente técnicas para evitar que se produzcan. Sin embargo, más que buscar remedios para evitarlas o minimizar sus efectos, deberíamos empezar por entender por qué se producen y verlas como una oportunidad para educar emocionalmente a nuestros hijos, para que entiendan los límites y desarrollen habilidades sociales que necesitarán en un futuro no muy lejano. Los berrinches son normales, necesarios e indicadores de un correcto desarrollo de nuestros hijos entre los 2 y 5 años, solo es importante tratarlos de un modo diferente según la edad de cada niño. Las rabietas según la edad de los niños En un niño de 2 años, los berrinches son parte de su formación y del desarrollo de su

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Cómo ayudarle a un niño a que controle su ira

Cómo ayudarle a un niño a que controle su ira

Cuando hablamos de agresividad pensamos en gente golpeándose, insultándose o gritando. Sin embargo, la agresividad no es más que la manifestación de una emoción que está detrás de ella: la ira. Cuando un niño reacciona violentamente, golpeando a su hermano o a un compañero de clase, no debemos limitarnos a pensar que lo hace porque el otro lo ha molestado, aun cuando es probable que así haya sido, sino pensar en los valores que les estamos transmitiendo a nuestros hijos y qué modelos de actuación les estamos dando para que su respuesta ante un conflicto sea la agresividad. La ira es una fuerza interna que surge para responder a situaciones que nos producen tensión, malestar o frustración. No obstante, es importante decir que, ante estas mismas situaciones, no todos respondemos de la misma forma; la diferencia depende del temperamento de cada persona, así como de las experiencias previas, de los pensamientos, creencias y modelos aprendidos. Aunque emociones como la ira, la tristeza o el miedo suelan definirse como negativas, la verdad es que todas tienen algo positivo. En el caso de la ira, su importancia radica en que nos hace evolucionar y crecer, de manera que, cuando no alcanzamos nuestros objetivos y nos enojamos con nosotros mismos, es esta emoción la que nos da fuerza para luchar con mayor intensidad

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