¿Mi hijo es hiperactivo o inquieto?

¿Mi hijo es hiperactivo o inquieto?

Con mucha frecuencia se lee (y se escucha hablar) de TDAH, es decir, del Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. Sin embargo, es también muy frecuente encontrar papás que asumen que su hijo posee este trastorno, cuando la realidad es que solo se trata de un niño inquieto o que tiende a ser estar en constante movimiento. Por tal razón, es importante aclarar que se trata de dos situaciones distintas, y destacar estas diferencias para evitar confusiones. Diferencias entre ser inquieto y tener TDAH  1.Falta de concentración constante Se distraen constantemente. No pueden concentrarse en ningún momento, ya que su cerebro presta atención a todos los estímulos que recibe a la vez, por lo que se les dificulta sobremanera prestar atención a un solo tema. Un niño inquieto, en cambio, podrá prestar atención en determinados momentos, aunque en otros no lo haga. Esto también dependerá de la edad del niño, pues uno pequeño tendrá menores lapsos de atención que uno de más edad. Lee también ¿Existe o no el TDAH? 2.Impulsividad e hiperactividad Por otra parte, los niños con TDAH no pueden controlar su impulsividad y su necesidad de estar en constante movimiento. En cambio, un niño inquieto realizará algunas actividades que requieran desgaste energético pero luego se calmará para volver a comenzar. 3.Evaluación durante un cierto período Otra de las recomendaciones para poder diferenciar a

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Heridas emocionales de la infancia

Heridas emocionales de la infancia

Las heridas emocionales de la infancia se extrapolan hacia la adultez como si se acabaran de experimentar. Toda vez que un niño aprende a comportarse, reaccionar, sentir y pensar de una manera, le es difícil cambiar como adulto. De acuerdo con diversos estudios de psicología, éstas podrían ser las heridas emocionales que con mayor frecuencia se arrastran de la niñez. El miedo al rechazo Ya sea que este miedo sea o no infundado, se basa en el miedo al rechazo social y a perder la protección de la figura de apego, entre otros factores. El niño que tiene miedo al rechazo y crece con ello tiende a convertirse en una persona con baja autoestima y poco amor propio, que sacrifica sus opiniones para adoptar los criterios de los demás. La ansiedad de separación El temor a ser separado de sus padres y sentirse abandonado durante la niñez tiende a formar un adulto temeroso, tímido, siempre carente de afecto y, por tanto, inseguro y sumiso. La humillación Ser humillado, tanto en el plano familiar como en el social, cuando sus parientes o compañeros minimizan sus cualidades y se burlan de ellas, lo critican y lo desaprueban, puede traer como consecuencia un adulto tímido y sufrido, o bien,  tiránico y despiadado. La injusticia Ser víctima de exigencias injustas o de reprimendas no acordes

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Todo el tiempo hago corajes con mis hijos, ¿cómo puedo remediarlo?

Todo el tiempo hago corajes con mis hijos, ¿cómo puedo remediarlo?

Denhi Chaney Desde que empecé a escribir para familias.com, he recibido numerosos mensajes de mujeres que dicen que tienen un problema de mal genio, que se enojan con facilidad, que tienen mal carácter o, como confesó alguien de forma tan honesta: tengo un carácter de los mil demonios. Mientras muchos nos enojamos, existen situaciones en las que el enojarse con tanta frecuencia y con tanta intensidad empieza a crearte problemas contigo misma y en tus relaciones, en especial, con tu familia. Como toda emoción, el enojo también se puede controlar. En realidad, sentirte así no es malo; a todos nos pasa en algún momento. Lo que marca la diferencia es qué hacemos con esa emoción. Por eso quiero compartirte estas sugerencias para poder manejar esta emoción y no perder el control: Cuenta y regula tu respiración Muchas personas dicen que cuentes hasta diez; yo te digo que cuentes tantos números como sean necesarios para poder controlar la emoción que sientes a flor de piel. Es importante, no solo contar, sino también respirar mientras lo haces: no estás contando con el fin de explotar al final, sino con el propósito de calmarte, pues aunque no lo creas eres totalmente capaz de hacerlo. Ten a la mano una lista de cosas que te relajen Tal como se lo recomiendo a padres que tienen

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Qué pasa cuando un niño no recibe el amor que necesita

Qué pasa cuando un niño no recibe el amor que necesita

Cuando un niño sufre falta de cuidados, de protección, de atención y de apego por parte de sus padres o cuidadores habituales durante los primeros años de vida, se habla de que existe una carencia afectiva. Esta carencia puede llevar implícitos el abandono, el maltrato u otras situaciones tal vez menos traumáticas pero que también pueden dañar su capacidad para relacionarse afectivamente con los demás. La necesidad de afecto para el desarrollo infantil Durante los primeros meses de vida –años, incluso–, un bebé necesita recibir caricias, abrazos, besos y palabras cariñosas para estimular su crecimiento y la maduración de su cerebro. Sin este apego y calor afectivo, el desarrollo neuronal no se lleva a cabo adecuadamente. Sabemos que no es suficiente con alimentar al bebé para que crezca sano, hay que transmitirle afecto y cariño, hacerle sentir que es amado para que se desarrolle adecuadamente no solo en el plano afectivo, sino físico y mental. El frenético ritmo de vida en el que nos encontramos inmersos actualmente, con horarios laborales poco adecuados para la conciliación familiar, son muchos los niños que viven faltos de afecto, de cariño y de las relaciones afectivas necesarias para su desarrollo. No es necesario que el niño sea objeto de causas extremas como el maltrato, negligencia, abandono, largas hospitalizaciones, separaciones o divorcios traumáticos, para verse en una situación

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Berrinches: ¿estás haciendo algo por controlarlos o más bien los estás fomentando?

Berrinches: ¿estás haciendo algo por controlarlos o más bien los estás fomentando?

Todos los papás temen esos llantos, gritos y pataletas, incluidos en un berrinche. Probablemente has pedido consejos o leído manuales para evitarlos pero ¿has contado las veces en las que frente a él reaccionas intensamente, peleas con tu pareja o pierdes el control cuando las cosas no salen como las planeas? Por eso viene a cuento la pregunta respecto a los berrinches de tu hijo: ¿estás realmente haciendo algo por controlarlos, o más bien los estás fomentando? Dueña de tus impulsos La personalidad de un niño se desarrolla a través de las actitudes, los valores y las costumbres que aprende en casa. Por eso es indispensable que reciba un ejemplo que le permita crear un buen modelo de socialización a partir de la inteligencia emocional. Ésta se refiere a la capacidad de controlar impulsos, expresarte adecuadamente y comprender a los demás. Es la forma en que te relacionas y entiendes el mundo según tus actitudes y consta de cinco elementos: Autoconocimiento: ser consciente de tus debilidades y fortalezas, así como identificar tus estados de ánimo y las consecuencias que estos tienen en la conducta de tus hijos. Empatía: percibir y comprender las preocupaciones de quienes te rodean y responder a ellas. Autocontrol: reconocer y canalizar tus reacciones para evitar una conducta indeseada o transformarla en algo positivo. Habilidades sociales: la capacidad para

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Diferentes tipos de familia: ¿cómo hablar con los niños sobre este tema?

Diferentes tipos de familia: ¿cómo hablar con los niños sobre este tema?

Por Patricia de la Fuente Los cambios socioculturales que vivimos nos han hecho cuestionar y redefinir el concepto tradicional de familia. Es cada vez más habitual encontrar diversos tipos de familias en la sociedad, desde las monoparentales, las reconstituidas o recompuestas hasta las homoparentales. En algunos casos, los niños expresan dudas al descubrir que sus compañeros de escuela viven en una familia diferente a la suya. ¿Cómo explicar esto a los niños? Tomemos en cuenta que el ejemplo y la comunicación verbal y no verbal son fundamentales para los valores que adquieren los niños. Como padres debemos estar conscientes de qué es lo que vamos a transmitir al enfrentar la información que nuestros hijos están recibiendo en espacios externos a casa. Podemos empezar por cuestionar –con base en la educación que recibimos de nuestros padres y en nuestra propia experiencia–  cómo se refleja esto en nuestra percepción de la realidad y la reacción que tenemos frente a ella. Es muy importante que tengamos claro que mandar mensajes negativos o, aún peor, “dobles mensajes” es lo que más puede conflictuar a un niño. Las preguntas que hacen los niños son excelentes oportunidades para explicarles sobre la diversidad familiar. En la medida que lo abordemos de la forma más natural posible, así será asumido por los niños. En vez de emitir juicios de valor

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