Niños altamente competitivos: ¿es normal?

Niños altamente competitivos: ¿es normal?

Claudia Moreno Entre los 3 y los 5 años, los niños tienden a ser egocéntricos. Se consideran el centro del universo y les resulta difícil ver las cosas desde otras perspectivas. Se consideran mejores y más importantes que los demás. Lo anterior incide en su autoconcepto, siendo común que exageren sus habilidades y conocimientos en cualquier área. Cuando fallan, tienden a pensar que fue por mala suerte y están seguros de que su desempeño será mejor en el futuro. Esto los lleva a querer tener un buen desempeño en todo lo que hacen para demostrar que son mejores que los demás, por lo que suelen ser altamente competitivos. Hay que decir que la cultura tiene un peso muy importante en el desarrollo de la conducta competitiva, pues suele reconocerse mucho el hecho de ser diferente a los demás y sobresalir, más que a la capacidad para cooperar. Esto influye en que los niños deseen ser mejores que los demás y luchen por ello. Por otro lado, también compiten para recibir atención, lo cual también los lleva a sobresalir, aunque en algunos casos presentando conductas desorganizadas. Por lo general, a los varones se les educa con mayor frecuencia hacia la competitividad, por lo que suelen ser más competitivos que las mujeres, y esto empieza a verse reflejado desde esta etapa. Lee

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Anticípate a los retos virales que ponen en riesgo a tu hijo

Anticípate a los retos virales que ponen en riesgo a tu hijo

Xóchitl González Muñoz Mucho se ha hablado sobre los inconvenientes de que un niño pase demasiado tiempo frente a algún dispositivo electrónico, sea tableta, teléfono celular o computadora, sobre todo si es menor de 12 años. Entre las principales consecuencias a las que se hace referencia están: posible retraso en el desarrollo, déficit de atención y de memoria, problemas cognitivos, disminución de la capacidad para autorregularse, depresión, trastornos de vinculación y propensión a problemas de sobrepeso; además, por supuesto, de que puede convertirse en una adicción, como cualquier comportamiento que se lleve a cabo de manera compulsiva. Si tienes hijos pequeños, te recomiendo investigar sobre este asunto para que puedas tomar la mejor decisión respecto a las reglas que consideres establecer en cuanto al uso de estos dispositivos. Ten por seguro que esta información te resultará útil, no solo para asumir una postura con tus hijos, sino contigo mismo y la forma en que estás haciendo uso de estas herramientas. Lee también ¿Por qué como adulto no debes participar en el Cheese Challenge? Momo Challenge Pero, aun cuando no quería dejar de mencionar estos riesgos, esta vez quiero enfocarme, específicamente, en algo que de un tiempo para acá se ha vuelto particularmente preocupante: los ya famosos retos que se han vuelto tendencia y consisten, básicamente, en provocar a la gente

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Un bebé de meses puede distinguir entre el bien y el mal

Un bebé de meses puede distinguir entre el bien y el mal

¿Qué responderías a la pregunta que da título a esta nota? Lo más probable es que pienses que no, que es imposible contar con preceptos morales a tan corta edad, ¿no es cierto? Sin embargo, se han realizado experimentos muy interesantes para descubrir cómo funciona el cerebro humano y ha habido hallazgos sorprendentes. Estarás de acuerdo en que no es suficiente que una persona ayude a otra para poder juzgar si es buena o mala. Habría que tomar en cuenta a quién ayuda y en qué circunstancias. Por ejemplo, ayudar a un ladrón sería algo incorrecto. La pregunta aquí es: ¿podría un bebé mostrar predilección por alguien que ayuda a un ladrón o alguien que lo agrede? De acuerdo con Mariano Sigman, doctor en neurociencias, los bebés de entre nueve meses y un año, ya han desarrollado esta facultad. El experimento que lo demuestra funciona así… Los bebés ven un títere que trata de levantar la tapa de una caja para sacar un juguete. Luego aparece una marioneta que lo ayuda y se lo alcanza. En otra escena se muestra, en cambio, una marioneta antisocial que maliciosamente salta sobe la caja, cerrándola de golpe e impidiendo al títere que saque el juguete. Puestos a elegir entre las dos marionetas, los chicos prefieren a la que ayuda. Pero, ¿qué opinarían los

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¿Por qué, como adulto, no debes participar en el Cheese Challenge?

¿Por qué, como adulto, no debes participar en el Cheese Challenge?

Xóchitl González Muñoz ¿Es en serio que hay un reto que se trata de que los papás le lancen una rebanada de queso en la cara a sus bebés o niños? Si eso nos resulta divertido -y parece que es el caso de mucha gente, de diferentes partes del mundo, que están subiendo sus propios videos-, ¿qué esperamos que hagan los niños cuando se encuentren con uno de esos retos absurdos, que los asustan y los ponen en riesgo? Por un lado, nos preocupa el reto de Momo; por otro, nos divertimos con el #cheesechallenge… creo que no nos estamos cuenta de todo lo que implica participar y darle fuerza a este tipo de retos. Algunos podrán pensar que no tiene nada que ver uno con otro pero están equivocados. Es importante saber, o recordarle a quienes ya lo saben, que los niños aprenden en gran medida por aprendizaje social. A través de estas conductas, estamos transmitiéndole a los niños varias cosas: Estamos validando comportamientos abusivos. Nos reímos de eso y lo volvemos viral. “¿O sea que ese reto se trata de que los papás le lancen queso en la cara a su hijo?”, me preguntó un pacientito de 7 años. “¿Por qué? ¿Por qué se ríen si al bebé no le gusta? ¿Por qué además le hacen video?”. Por

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Padres depresivos, hijos depresivos

Padres depresivos, hijos depresivos

La depresión infantil obedece a diversos factores: genético, psiquiátrico, psicológico, social… sin embargo los menores que tienen un núcleo familiar con tendencia hacia la depresión, pueden estar predispuestos a padecerla desde muy temprana edad y son candidatos a ser adultos con depresión crónica: “Cuando los psicólogos realizamos la historia clínica de los pacientes con depresión infantil, descubrimos que casi siempre la madre, el padre o ambos también padecen este trastorno. Sabemos entonces que el comportamiento del niño se presenta por una reacción de lo que vive en su entorno familiar. Se trata de una conducta aprendida, en casi la mitad de los casos”, sostuvo la doctora Claudia Sotelo Arias, directora del Centro de Especialización de Estudios Psicológicos en la Infancia (CEEPI). La especialista explicó que otro factor que lleva a los menores a padecer depresión es el maltrato al que son expuestos, física, pero sobre todo emocionalmente: “Los papás con depresión suelen estar irritables y pueden agredir a sus hijos de diversas formas. Además tienen una autoestima muy baja y por ello exponen de forma reiterada a los menores a mensajes negativos, incluso catastróficos. Entonces los niños, que perciben el mundo con los ojos de sus padres, comienzan a desarrollar desde muy pequeños una visión pesimista del mundo, lo cual puede conllevar a la depresión”. Lee también ¿Cómo formar hijos emocionalmente

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Las consecuencias del bullying a largo plazo

Las consecuencias del bullying a largo plazo

Las estadísticas de ocurrencia de bullying a nivel mundial son alarmantes. En Estados Unidos, por ejemplo, el Departamento de Justicia (2013) reportó que un aproximado de 160,000 niños al día decide no ir a la escuela por miedo a ser acosados física o verbalmente por sus compañeros. El acoso escolar o bullying infantil puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar, afectando principalmente a los grupos minoritarios (estudiantes de color o con discapacidad física, homosexuales o transgénero, por ejemplo). Además, el bullying cibernético o cyberbullying se ha afianzado en años recientes como un medio remoto para ejercer acoso escolar sobre un porcentaje importante de la población escolar, el Centro para Control de las Enfermedades (2015) reportó que un 15.5% de los estudiantes de secundaria era acosado de forma cibernética en algún punto de su vida académica, mientras que un 20.2% sufría de acoso presencial. Los efectos a corto y mediano plazo del bullying incluyen principalmente ansiedad, depresión, baja autoestima y, potencialmente, ideación e intento suicida. En este aspecto, y aunque el Centro para Control de las Enfermedades (2014) asegura que el suicidio no es una respuesta natural ante el acoso y que el comportamiento suicida podría darse en realidad por efecto de imitación entre los estudiantes, no es un secreto la existencia de un vínculo tangible entre los resultados directos del bullying (depresión crónica, por ejemplo) y una

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