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Muchas veces las cosas dejan de funcionar bien en los matrimonios, al grado de que empiezan a considerar la separación. La situación suele ser más complicada cuando existen hijos de por medio, ya que los padres intentan causarles el menor daño posible con sus problemas y no siempre es fácil distinguir entre la mejor opción.

Aunque cada caso es distinto, la realidad es que, en la mayoría de las veces, cuando la pareja ya no puede llevar una buena relación, lo mejor es separarse y tratar de llevar una relación armónica y cordial, no solo por el bien de los hijos, sino de cada uno de los integrantes de la familia. Esto, sin embargo, no es algo que se pueda lograr fácilmente, pues requiere de madurez e inteligencia emocional.




Un buen ejemplo de ello que hemos querido dar a conocer, buscando inspirar a más personas, es el de Dan Pyatt y Kelly Hope, quienes viven en Inglaterra y son papás de Jeanie y Billie. En 2007, después de 13 años de noviazgo, Kelly y Dan decidieron casarse y formar una familia. Sin embargo, siete  años más tarde decidieron separarse, dado que la relación no estaba yendo por buen camino.

Años después de haberse separado, Dan fue diagnosticado con nefropatía en ambos riñones. Su salud se fue complicando cada vez más hasta llegar al punto de necesitar un trasplante. Ante esta situación, Kelly no tuvo duda en ofrecerse como donante. Al principio, Dan se negó: “No puedo pedirte que hagas eso”, le dijo. Kelly, sin embargo, sostuvo su decisión de ser quien donara el órgano al padre de sus hijos. “Aunque ya no estábamos juntos, no estaba preparada para dejar que mis hijas estuvieran sin padre”, dijo Kelly en una entrevista que publicó el diario inglés The Mirror.




La operación salió tan bien que Dan dejó el hospital cinco días después en mucho mejores condiciones de salud.

Lo que hizo Kelly al donar su riñón es muy significativo, ya que no solo le permitió a Dan vivir más años, sino que hizo posible que sus hijos siguieran gozando de su padre en una edad en que les resultaba necesario. Esta historia debería servir como reflexión para muchos padres. No solo para aquellos que estén separados, sino para quienes mantienen su relación de pareja y pocas veces son realmente considerados con la otra parta, así como con los hijos. Ojalá haya más historias como esta y menos casos en los que los padres no son capaces de mantener una relación cordial, lo que termina afectando a los hijos.

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