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Guadalupe Puig es una mamá a la que no le gustaba la idea de que su hija Margarita, de ocho años, se la pasara frente a la televisión o a cualquier otro aparato electrónico. Decidida a tomar medidas para evitarlo, se puso a pensar cómo podría despertar en su pequeña el gusto por los libros. Hasta que un día encontró la solución: crear un club de lectura con su pequeña y once compañeras del colegio.




“Tendemos al facilismo, a prenderles la tele, a que no ‘molesten’ –dice Guadalupe, quien vive, con Margarita, en la provincia de Tucumán, en Argentina–. Subestimamos a nuestros niños. Y también somos responsables de eso. Hay que ponerse las pilas y reaccionar. No todo es culpa del medio. Yo me canso de quejarme de todo. Esta vez decidí hacer algo”.

Definió que las reuniones fueran dos veces al mes: los sábados, de 5:00 a 7:00 de la tarde. Elaboró un temario para que cada sesión tratara de algo distinto y empezó a hacer la selección de libros, incluyendo cuentos, fábulas y hasta poesía. También pensó que sería interesante ir juntas a visitar una librería. El propósito era hacer algo dinámico, con actividades que pudieran resultar divertidas a un grupo de niñas de ocho años. “A esa edad muchas veces la lectura las aburre, y hasta las cansa, porque no están acostumbradas. Sin embargo quedaron fascinadas, ellas y también las madres”, cuenta Guadalupe.

Para organizarse mejor, creó un grupo de WhatsApp. Por esa vía, ella misma se encarga de decirles a las niñas, con una semana de anticipación, lo que verán en el siguiente encuentro.




“Trabajamos sobre una lectura ese día, por ejemplo un cuento de María Elena Walsh. Les cuento quién fue la autora, de forma divertida y breve. Si hay audio, lo escuchamos. Después damos una pequeña ficha literaria, con la editorial, el nombre y, por último, dibujamos o actúan o cantan. Todo desde la literatura”, cuenta la propia Guadalupe, quien ha logrado que las niñas se vayan a dormir con un libro en las manos. Hoy por hoy, las pequeñas van a tercer grado y leen dos libros por semana.

Esperamos que la historia de Guadalupe y Margarita sirva de inspiración a muchas otras mamás y organicen algo similar en sus comunidades.

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