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Xóchitl González Muñoz

Algo muy característico en los niños que están entre los dos y los tres años de edad es querer que todo se haga “a su manera”. ¿A qué se debe que prácticamente todos los niños muestren esta actitud? A que están en una etapa en la que empiezan a fincar las bases de su autonomía; en otras palabras, no solo se trata de algo natural, sino absolutamente necesario para su óptimo desarrollo.

¿Alguna vez has conocido a alguien que, siendo ya un adulto, manifieste una necesidad desmedida por recibir la aprobación de los demás? ¿O que constantemente se muestre inseguro y con dudas acerca de sus capacidades? Seguramente conoces a algunos, y es muy probable que, de todos ellos, varios sean así por algo que les impidió llevar a cabo este proceso de autonomía en algún momento de su vida, quizás en su infancia.




Al entender que a esta edad los niños sienten un impulso de poner a prueba sus ideas, de tomar sus propias decisiones y de actuar según sus preferencias, y que esto es parte de un esfuerzo natural y sano por ir conquistando su autonomía, dejamos de etiquetarlo como rebelde o simple desobediente y, lo más importante: podemos enseñarle a autorregularse.

Toma en cuenta estas recomendaciones y te aseguro que el proceso será un poco menos complicado:

  • Ten siempre presentes las necesidades de tu hijo, no solo por la etapa en la que se encuentre, sino por cualquier tipo de situación, interna o externa, que pueda estar influyendo en sus emociones y, por consecuencia, en su conducta.
  • Explícale claramente qué conducta esperas de él y recuérdaselo cuantas veces sea necesario.
  • Dale indicaciones en positivo, es decir, lo que debe hacer en vez de lo que no.
  • Evita los gritos y castigos físicos. Además de ser ineficaz, ya que puede provocar más conductas inadecuadas, lastima a tu hijo más de lo que crees.
  • Dale opciones para que pueda elegir; de esta manera le estarás dando cierto control, que es lo que necesita.
  • Cuando presente un comportamiento inadecuado, proponle alguna actividad alterna. Se trata de distraerlo y cambiar el foco de su atención.
  • Sustituye las órdenes por sugerencias, y acompáñalas con sonrisas y abrazos, no amenazas ni gritos.
  • Relaciona tus indicaciones con actividades placenteras para él. Por ejemplo, “es hora de que dejes tu juguete para que me acompañes a la tienda”.
  • Si sabes que una situación lo frustra demasiado y lo desborda, lo mejor es evitarla hasta que logre enfrentarla de mejor manera.
  • Si no pudiste evitar el berrinche, debes mantener la calma. Lo peor que puedes hacer frente a un berrinche de tu hijo es responder con otro. Tu reacción debe ser una lección sobre cómo reaccionar frente a un conflicto.
  • Una vez que pasó el berrinche, puedes manifestarle el gusto que te da que haya recuperado el control. Ya que esté tranquilo, explícale cuál habría sido la mejor manera de actuar o de expresar lo que sentía.




¿Te das cuenta de lo importante que es conocer un poco sobre las distintas etapas por las que va pasando tu hijo al crecer? Sé que en el día a día la realidad parece mucho más difícil, pero cuando logramos entender lo que hay detrás de la conducta de un niño, y encontramos la manera adecuada de responder a ello, todo empieza a volverse más fácil. ¡Muchas gracias por leer!


Sobre la autora
Xóchitl González Muñoz es directora y fundadora de Psicología para Niños desde 2006. Desde 2002 ha diseñado e implementado diplomados, talleres y conferencias para padres, maestros y profesionales de la salud sobre temas como inteligencia emocional, manejo conductual y pautas de la evaluación diagnóstica, entre otros. Es autora de dos libros digitales: ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos? y ¿Por qué mi hijo no me hace caso? Además, ha colaborado con artículos sobre psicología infantil en diversas publicaciones.

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