Antonio Ortuño

La frustración es una de nuestras compañeras de viaje. Es un aspecto inseparable en la educación cotidiana de nuestros hijos e hijas. Cualquier día, en cualquier hogar, aparecen diferentes escenas donde la frustración es protagonista.

La frustración es adaptativa. Es un recurso psicológico que tenemos los seres humanos para rediseñar la realidad. El cerebro continuamente nos invita a diseñar la realidad, a anticipar, a adelantarse. No le gustan las sorpresas, lo inesperado. Necesita controlar para sobrevivir. Pero claro, todo lo que planificamos, no se cumple. Un porcentaje de lo diseñado no encaja en la realidad. Aquí la frustración cumple su función.




Nuestros hijos e hijas nacen sin conocer sus limitaciones ni sus posibilidades. No discriminan entre realidad y fantasía. Necesitan escenarios y condiciones para aprender a ajustar sus expectativas a la realidad que se van encontrando. Los padres y madres, aunque no queramos, frustramos a nuestros hijos e hijas. Otra cosa es cómo atendamos a esa frustración. Aquí van cinco puntos clave para el manejo de la frustración:

  1. Dar la bienvenida a la frustración: no te puedes frustrar porque tu hijo se frustra. Por lo menos, disimúlalo. Para  ayudar a gestionar la frustración a tus hijos, haces de modelo, por eso debes trabajar tus propias frustraciones previas. Te recomiendo que pienses que las reacciones de frustración son oportunidades para darle a tu hijo herramientas para su autocontrol, en lugar de pensar que lo hace a propósito o que te está amargando la vida de forma intencionada.
  2. Ojo con sus dimensiones de frecuencia, duración e intensidad: si lo que haces para ayudar a tu hijo a gestionar sus frustraciones, solo sirve para incrementarlas en estas tres dimensiones, empieza a plantearte un cambio. Los castigos, amenazas y gritos suelen generar “intolerancia” a la frustración.
  3. Viva la coherencia: lo que más genera frustración incomprendida en nuestros hijos e hijas es que les mintamos. Y se miente con mucha facilidad en los hogares. Simplemente le dices que no puede comer un trozo de pan antes de la comida, pero luego se lo das. ¿Estás mintiendo? Sí. La próxima vez que te pida pan, y le digas que no, pues tienes un problema. La incoherencia adulta dispara la inseguridad infantil.




  1. Amabilidad ante sus reacciones emocionales: nuestros hijos e hijas están aprendiendo a controlar sus emociones. No saben. Por lo que tenemos que ser muy amables con sus expresiones emocionales. Atenderlas de una manera convincente e incondicional. Entender su plano emocional les hace sentir la seguridad necesaria para manejar sus futuras frustraciones.
  2. Equilibra el semáforo inteligente: volvemos a nuestra eficiente técnica. Una tolerancia a la frustración inteligente requiere de un equilibrio entre lo que le decimos que no (semáforo rojo), lo que le decimos que si (semáforo verde) y lo que le decimos que sí, si asume una responsabilidad acorde con su etapa evolutiva (semáforo amarillo).

Fuente: familiasenlanube.org

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