Álvaro Bilbao, autor de El cerebro del niño explicado a los padres

 

Ser padre a veces es un poco difícil. Es cansado, caro, esclavizante… pero también es difícil porque la relación con otros padres a veces nos pone en situaciones complicadas. Para mí, una de las más incómodas es cuando escucho eso de… “Mi hijo hace… ¿el tuyo no?”. 

Desde que nació mi primer hijo he venido escuchando eso de… “¿Tu hijo no…?”, y experimentando esa sensación de “Y si los demás niños lo hacen… ¿se estarán quedando atrás los míos?”. Y, aunque soy neuropsicólogo y hay muchas cosas que me hacen tener clara la respuesta y lo mejor para mis hijos, no puedo evitar hacerme la pregunta.




– ¿No les llevas a clases de inglés?
– Pues no… tiene solo 9 meses.

– Teresa ya toca un poco el violín. Tu hija tocará algún instrumento, ¿no?
– Pues no… por lo menos que nosotros sepamos.

– Javier está yendo ya a clases de Taekwondo. Deberíais apuntar al vuestro.
– Es que los Bilbao siempre hemos sido más de pelea de bar que de artes marciales, la verdad. No creo que sea buena idea romper la tradición ahora que Diego acaba de aprender a andar y puede empezar a ir a los bares.

– Le hemos comprado a Miguel un patinete motorizado ¿No le vais a comprar al vuestro?
– Pues no, creo que todavía las piernas no se le han cansado.

– ¿Pero cómo le llevas con esas zapatillas? ¿No tiene zapatillas de marca?
– Pues no…ni sabe, ni quiere ni necesita saber la diferencia entre una marca y otra. Es simplemente muy pequeño.

– María ya tiene un teléfono móvil. Le hemos dejado uno viejo para que lo use en casa, solo con la wifi. ¿Por qué no le dais uno a vuestra hija, si está genial?
– Pues porque quiero que siga jugando y hablando con sus hermanos y con nosotros cara a cara. La verdad es que la pasa genial utilizando su imaginación.

Posiblemente te suenen estas frases, y posiblemente, al igual que yo, te hayas sentido alguna vez con esa sensación de “¿Se estarán quedando atrás los míos?”. Puede ser, aunque la ciencia me dice que no. Y parece que no, por distintos estudios que demuestran que acelerar el crecimiento de los niños no es bueno.




En primer lugar, tenemos el aspecto intelectual. Muchos expertos creemos que lo más importante durante los primeros años es que dediquen su tiempo libre a dos actividades fundamentales:

  1. Por una parte, el juego libre en el que exploran, tocan, chupan, curiosean y dan rienda suelta a su instinto de investigar y aprender.
  2. Por otra parte, la interacción y el juego guiado con los padres,que les ayuda a estructurar su lenguaje, su atención, su memoria y otras funciones cognitivas, como la capacidad de razonamiento. 

Sabemos por distintos estudios que los niños que crecen en escuelas infantiles más academizadas (con más actividades programadas) tienen un mayor rechazo hacia la escuela. También hay estudios que indican que los niños que van a más actividades extraescolares a edades tempranas tienen un peor rendimiento académico.

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En segundo lugar, tenemos el aspecto emocional. Sabemos que algunos aspectos básicos del desarrollo social y emocional, como esperar, compartir, ayudar a los demás o sentirse seguro con uno mismo se desarrollan con este tipo de juegos.

No solo eso; también sabemos, por estudios como el realizado por el psicólogo Joseph Allen, que inculcar actitudes de mayores en niños desde la infancia hasta la preadolescencia no es una buena estrategia. En concreto, este psicólogo ha encontrado que los niños que empiezan antes a utilizar los videojuegos, que llevan ropa de mayores, que celebran su cumple de 5 años con actividades más propias de 8 años, que ven películas de mayores y que, en general, ven normal actuar y desenvolverse en comportamientos de chicos mayores a los de su edad, tienden a tener más problemas de adaptación social y comportamiento. En concreto, mayores problemas de consumo de alcohol, drogas, delincuencia y problemas sociolaborales en su vida adulta.




La razón para todo ello parece clara: si no aprovechamos los años de la infancia para jugar como niños y dominar los comportamientos infantiles, difícilmente podremos dominar los juegos y las interacciones de los adultos. Un pensamiento muy sencillo y lógico que a muchos padres se les escapa. No quemes etapas con tus hijos. No tengas prisa para que crezcan. No sientas que se quedan atrás si no hacen cosas de mayores porque lo que su cerebro necesita cuando es bebé o niño es hacer y disfrutar de las cosas propias de su edad.

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A pesar de todo lo que tú también sabes ahora, te seguirá pasando. A mí todavía me pasa muchas veces cuando veo a un niño que aprende o hace cosas que los míos no hacen todavía (o que nunca harán) y acabo preguntándome: “¿Se estará quedando atrás?”. La verdad es que no lo sé. Puede que sí, sin embargo, mi forma de ser y mi formación me dice que haga caso a la ciencia y a mi sentido común, y todo ello me dice que mis tres niños (independientemente de que acelere su crecimiento o deje simplemente el tiempo correr) llegarán sin duda a ser chicos, adolescentes y adultos. Lo que nunca podremos hacer es echar el tiempo atrás y darles el regalo de volver a tener la oportunidad de disfrutar con la inocencia, la imaginación, la ilusión y la curiosidad de los primeros años de vida.

Fuente: www.elcerebrodelniño.com

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