Se le llama así porque es un perro entrenado para integrarse en programas educativos o terapéuticos y fungir como herramienta de apoyo, dado su efecto altamente seductivo, especialmente para los niños.

El término adecuado es “facilitador”, ya que ayuda a establecer una buena relación entre el niño (o paciente) y el terapeuta. Para el niño, encontrarse en un ambiente agradable, en el que tiene la oportunidad de interactuar con un perro manso y dispuesto, significa sentirse seguro y con la confianza necesaria para expresar sus emociones, pues vivirá esta experiencia como algo placentero que deseará repetir.  




La presencia del perro ayuda al niño a disminuir su resistencia al dolor y al estrés, además de aumentar su tolerancia al esfuerzo y a permanecer en  las actividades. Hay niños que muy pronto quieren salir de una sesión tradicional, pero con la presencia de un perro aumenta el tiempo considerablemente.

Un perro también ayuda a desarrollar la empatía, ya que evoca necesidades primarias, como es el hecho de querer cuidar al perro. Además atrae fácilmente la atención del niño y es fácil que lo saque del ensimismamiento o de una situación traumática en la que pueda encontrarse. Este tipo de sesiones tienen un carácter lúdico y produce una excitación positiva en los pacientes.

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Un perro de terapia facilita que el niño tenga un amplio campo expresivo, ya que abre los canales de comunicación. El niño asume que el perro es su amigo y no lo va a juzgar ni a burlarse de él. Tampoco contará sus secretos ni tendrá conductas discriminatorias. Por lo anterior, el perro estimula en el niño la capacidad de hablar con y sobre su perro antes incluso que de él mismo. Ofrece un ambiente contenedor que facilita la expresión de las emociones y da una sensación de calma y relajación mediante la respuesta fisiológica de liberación de endorfinas (hay estudios que demuestran que hay modificaciones en el pulso y en la presión arterial, como en la liberación de endorfinas, cuando acariciamos un perro, e incluso con la mera presencia de un animal).

Con sesiones diseñadas con objetivos específicos, mediante el juego, los niños pueden trabajar en su autoestima, prosociabilidad, timidez, expresión de emociones, ayuda en situaciones de depresión o duelo, da apoyo en problemas de aprendizaje y es de gran apoyo en situaciones negativas, como son niños enfermos o con un alto grado de estrés, ente otras cosas.

La presencia de un perro ayuda a que los objetivos del proceso terapéutico se alcancen más rápidamente.

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