Regina Fernández

La ansiedad es un estado de alerta, una señal de emergencia que nuestro cuerpo activa ante una posible amenaza para poder prepararnos ante el peligro o defendernos de él. Sin embargo, cuando la ansiedad se dispara con demasiada frecuencia puede empezar a afectar nuestro estado de ánimo e incluso volvernos más vulnerables frente a las enfermedades. 




¿Cómo se manifiesta en el cuerpo?
Cuando anticipamos un posible peligro, nuestro cerebro empieza a producir hormonas que preparan a nuestro cuerpo para defenderse. Al activarse el sistema de alerta comenzamos a sentir que el ritmo de nuestro corazón se acelera, nuestra respiración se vuelve rápida y entrecortada, empezamos a sudar, sentimos mariposas en la panza, nuestro proceso de pensamiento lógico se detiene y solo pensamos en superar aquello por lo que nos sentimos amenazados.

Estos cambios corporales serían muy útiles si un león nos estuviera persiguiendo en la selva, por ejemplo, pero son poco funcionales si el peligro al que nos enfrentamos es un examen de matemáticas. Por eso es tan importante aprender a identificar y a controlar la ansiedad, evitando que se apodere de nosotros.

Una forma de enseñarles a los niños a identificar la ansiedad es utilizando un muñeco de apoyo y pidiéndoles que expliquen lo que siente (el muñeco) en diferentes partes del cuerpo cuando se siente ansioso. Al responder por él, los niños harán una proyección sobre lo que ellos mismos sienten.

Conforme los pequeños sean más conscientes de sus sensaciones tendrán mejorarán su capacidad de reconocer la ansiedad, para luego poder usar estrategias para controlarlo.

¿Cómo les podemos enseñar a manejar la ansiedad?
Estas son algunas técnicas que pueden ayudar a reducir su efecto:

Controla la respiración
Esta es una de las técnicas más efectivas, y existen muchas estrategias para lograrlo. Los niños pequeños requieren de claves muy concretas para aprender a controlar su respiración, por lo que se utilizan nombres de animales, cosas o números para describir los distintos tipos de respiración que existen. El objetivo es que el aire entre en grandes cantidades a nuestros pulmones, lo retengamos y después lo soltemos.

Por ejemplo, la respiración de abejita consiste en hacer exhalaciones profundas desde la nariz y luego ir soltando el aire por la boca en forma de zumbido. También existe la respiración globo, que consiste en inhalar grandes bocanadas de aire por la nariz hasta inflar la panza y después soltarlo lentamente como si fuéramos un globo desinflándose.

Tu peque puede realizar estas técnicas de respiración acompañado del muñeco del que hablábamos líneas arriba, así se sentirá con más confianza y podrá obtener mejores resultados. También puede practicar estas técnicas mientras “se las enseña” a su peluche favorito.

Daniel Goleman, psicólogo y autor del famoso libro Inteligencia emocional, propone una técnica para enseñarles a los pequeños a estar más conscientes de su cuerpo y controlar su ansiedad, a la que llama Breathing buddies –o compañeros de respiración–, y consiste en que los niños pequeños se acuesten en el suelo, colocando su peluche preferido sobre su estómago. La meta del juego es elevar el peluche utilizando la respiración (inflando la panza al inhalar) y después hacer que el muñeco baje (desinflando la panza al sacar el aire).

Detener el pensamiento
Cuando detenemos o desviamos el pensamiento de la situación que nos está generando ansiedad podemos utilizar la energía que el nerviosismo ha estado consumiendo, para tomar medidas y actuar convenientemente. Una estrategia para detener el pensamiento es hacer listas de nuestras cosas favoritas, de los lugares que nos gustaría conocer o de las películas que hemos visto, por poner solo algunos ejemplos.

Repetirnos frases o escuchar palabras que invitan a la calma también permite que nuestra mente se concentre en los aspectos positivos de la situación. Por eso es muy recomendable decir a los pequeños frases como “tú puedes”, “estás preparado para lograrlo”, “las maripositas en la panza son señal de ansiedad, pero tú puedes controlarla y no dejar que te controle”. Con ello les estarás dando herramientas que podrán utilizar la próxima vez que se enfrenten a una raíz cuadrada en un complicado examen.

Durante el juego es importante ponerlas en práctica para que el niño las interiorice; promueve que juegue con su peluche y le enseñe estas frases.

Actividad física
En momentos de estrés, hacer ejercicio o poner nuestro cuerpo en movimiento, simplemente, nos permite movilizar nuestra energía y aclarar nuestro pensamiento. Por ello, cuando los niños pequeños se encuentran ansiosos o muy enérgicos, puede ser conveniente invitarlos a dar un par de vueltas alrededor del patio, a cargar o jalar objetos pesados (siempre según su tamaño y edad), a brincar con un pie, etcétera.

Ejercicios sensoriales
Al poner a nuestro cuerpo en contacto con los sentidos podemos tener mayor control sobre él y utilizar la energía detenida en actividades sensoriales. A los niños pequeños les ayuda mucho jugar con arena, masita, agua u otros objetos con texturas diversas. Todos estos ejercicios, además de favorecer la motricidad fina, relajan el cuerpo y distraen la mente del evento estresante.

Venciendo las maripositas en la panza
La ansiedad es una emoción normal que puede ser muy útil para la supervivencia en el mundo actual. Todos la sentimos y estamos en contacto con ella casi todos los días. Los niños pequeños viven la ansiedad como algo amenazante cuando ésta se acumula, por eso es importante enseñarles que es parte de su cuerpo y que ellos pueden manejarla utilizando las técnicas antes mencionadas.

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