Fuente foto: Twitter: @viqo_mr

Xóchitl González Muñoz

Desde hace unos días, a raíz de los terribles daños causados por el sismo que cimbró a Puebla, Morelos, Oaxaca, Edomex, Guerrero y la Ciudad de México, todos en este país hemos podido atestiguar algo que yo, al menos, nunca había visto: por un lado, están la tristeza, la angustia y el miedo de que la catástrofe se repita; por otro, está esa impresionante capacidad para ayudar a quien lo necesita que ha demostrado el pueblo de México, aun cuando muchos, seguramente la mayoría, ni siquiera imaginábamos de lo que éramos capaces como sociedad.




Así, junto a la tristeza, el miedo y la angustia, los mexicanos hemos sentido también una enorme solidaridad con las víctimas del temblor. Y esa solidaridad nos ha unido. Y nos ha dado una fuerza maravillosa para hacer cosas increíbles. Desde ir a las zonas de derrumbes a ver de qué manera podemos ayudar (remover escombros, llevar herramientas, alimentar a los rescatistas) hasta organizarnos con familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo para reunir víveres, medicamentos, ropa, cobijas, material de construcción… y enviarlo a las comunidades que tanto lo necesitan. También nos hemos dado cuenta de que las redes sociales no solo están ahí para hacernos perder el tiempo y engrandecer nuestra vanidad, sino que pueden ser muy útiles para pedir y ofrecer ayuda, incluso en casos de vida o muerte.

Entre tanto sufrimiento, esa energía colaborativa que hemos descubierto en nosotros mismos y en la demás gente, no solo de las zonas afectadas, sino de todo México –e incluso de algunos otros países, en donde también han encontrado diversas formas de ayudar–, tiene un valor inmenso, y es importante que seamos conscientes de ello; de lo que cada uno de nosotros puede llegar a hacer si dejamos de pensar solo en nosotros mismos y empezamos a ver por los demás.

¿Qué viene ahora?
He platicado con varias personas sobre lo difícil que puede llegar a ser reanudar actividades. Para muchos papás está siendo particularmente complicado despedirse de sus hijos para ir a trabajar, pues sigue habiendo nerviosismo –tanto en niños como en adultos– por lo que sucedió y temen que vuelva a suceder. Otros están experimentando culpa al saber que hay tanta gente afectada, pues algo en su interior les dice que deberían seguir ayudando a estas personas de tiempo completo.

Sin embargo, es importante ver las cosas con calma y entender que ahora, lo mejor que podemos hacer para recuperarnos, como individuos y como comunidad, es empezar a reacomodar las cosas para que todo vuelva a la normalidad. Para los niños es muy importante regresar a sus rutinas y ver que los adultos a su alrededor también lo hacen. Eso es algo que chicos y grandes debemos hacer para dejar a atrás el estado de alerta e ir recuperando poco a poco la calma.

Esto, por supuesto, no significa que debemos ser indiferentes a las necesidades de los demás y olvidarnos de las dificultades que mucha gente sigue enfrentando. Significa que debemos recuperar el equilibrio para seguir funcionando de manera óptima y no nos rebase la angustia. Seguir ayudando no solo es importante, sino necesario, pero también es fundamental que encuentres una manera de hacerlo sin atentar contra tu propia estabilidad ni la de tus hijos.

Decía ya, líneas arriba, que ha sido maravilloso descubrir lo que podemos llegar a hacer cuando dejamos de pensar solo en nosotros mismos para pensar en los demás. Aprendamos de ello y no olvidemos nunca la importancia de sentir empatía, de hacer lo que esté a nuestro alcance por el bienestar de los otros (incluso cuando no se trate de un asunto de vida o muerte). Una experiencia tan dura como la que vivimos es también una oportunidad para crecer, para ampliar nuestra conciencia, para crear una nueva normalidad, en la que el otro y sus necesidades siempre estén presentes.

¿Qué es el estrés postraumático?
Si presentas alguno de estos síntomas, es probable que tu mente necesite un poco de ayuda para recuperarse, por lo que te recomendamos buscar ayuda profesional.

  • Revives constantemente los hechos y vuelves a sentir miedo
  • Tienes pesadillas o problemas para dormir
  • No has sentido hambre y casi no has comido
  • No quieres quedarte solo o volver a entrar a tu casa
  • Estás bloqueado y casi no recuerdas nada de lo que ocurrió durante el sismo
  • Estás irritable y tienes ataques repentinos de ira sin motivo
  • Sientes culpa por haber sobrevivido.

Si necesitas ayuda, da clic aquí.

¿Cómo manejar esta situación con tu hijo? Da clic aquí.


Sobre la autora
Xóchitl González Muñoz
 es directora de Psicología para Niños, un centro de atención psicológica para niños y adolescentes en la Ciudad de México. Desde 2002 ha diseñado e implementado talleres y conferencias para padres, maestros y profesionales de la salud sobre temas como inteligencia emocional, manejo conductual y pautas de la evaluación diagnóstica. Es autora del libro digital 
¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?

Notas relacionadas