Por Patricia de la Fuente

Cuando nuestros pequeños acuden a la estancia infantil o al preescolar, es común que sufran o protagonicen casos de mordidas a otros pequeños. Para atenderlos y controlarlos es necesario entender en primer lugar a qué se deben. La explicación de las mordidas en los niños depende de su edad, así como de las circunstancias en las que suceden.

  • Cuando se trata de mordidas de bebés o antes de los dos años de vida, esto tiene una explicación relacionada con su desarrollo y crecimiento. En muchas ocasiones, la mordida es el reflejo de buscar el alivio a las molestias de la dentición.
  • Tomemos en cuenta también que, al encontrarse en la etapa oral, exploran a través de la boca; es así como conocen texturas, formas y temperaturas, por lo que la causa de las mordidas puede ser una reacción ante su curiosidad.
  • Los bebés no vinculan la mordida con el dolor ajeno, por lo que, incluso, puede significar una muestra de cariño. Es importante que los papás enseñemos, mediante el ejemplo, a través de besos, caricias y abrazos.
  • A partir del primer año, las mordidas pueden ser utilizadas como una herramienta de comunicación para expresar enojo, frustración e incluso para llamar la atención. En ocasiones es utilizada como señal de dominio sobre otros niños.

Es común observar un aumento en casos de mordidas cuando nuestros pequeños recién entran a la escuela. Esto se debe a que es la primera vez que se relacionan y conviven frecuentemente de tú a tú con sus iguales, y donde además tienen que compartir espacios, juguetes y sobre todo atención.

Durante esta etapa, las causas de que un niño muerda a otros podría deberse a que:

  • Utilizan la mordida como una forma de comunicación no verbal, puesto que no ha desarrollado completamente su lenguaje ni sus habilidades sociales.
  • Los niños convierten la mordida en un acto recurrente cuando se dan cuenta de que son capaces de llamar la atención o conseguir algún juguete u objeto.
  • Reacciona ante el estrés de una nueva situación, un cambio de rutina e incluso un problema en la interacción con los adultos. Pueden morder por celos, ansiedad o angustia.
  • En esta edad es común que el pequeño muerda cuando se encuentra en una situación frustrante, como una estrategia de autodefensa o solo por imitar a otros niños que muerden.

Para la atención de un niño que muerde es recomendable no gritarle o regañarlo severamente, sino explicarle que lo que hizo daña al otro niño y esto tiene consecuencias, como haberlo hecho llorar.

Algunas acciones a seguir para evitar las mordidas:

  • Actuar de forma inmediata para reprobar la acción, de manera firme, pero sin perder la calma.
  • Explicarle verbalmente que haber mordido no está bien porque causó el dolor de otra persona.
  • Cuando se trata de bebés es importante comunicarles el dolor a través de palabras, gestos o expresiones.
  • Es importante no morderles para enseñarles cómo se siente.
  • Fortalecer sus habilidades de comunicación para que el pequeño no recurra a la mordida, procurar su óptimo desarrollo cognitivo y lingüístico para expresar sus sentimientos mediante palabras.
  • Actividades tranquilizadoras y respeto a ciertos rituales que ayuden a evitarles situaciones de estrés.
  • Procurarles actividades desafiadoras pero no frustrantes.

Sobre la autora
Especialista en Desarrollo Infantil con más de 40 años de experiencia, directora general y fundadora de SEDI, Servicios Educativos para el Desarrollo Infantil. www.sedi.edu.mx

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