Patricia de la Fuente

A partir de los tres años, los niños empiezan a preguntarse de dónde vienen y cómo nacen los bebés. También empiezan a ser conscientes de las diferencias entre niños y niñas. Así es como surgen los primeros cuestionamientos sobre sexualidad.

En la mayoría de los casos, los papás no estamos preparados para aclarar estas dudas. No contamos con la información suficiente para saber qué y cómo responder según su edad pero, sobre todo, para responder con la actitud adecuada. Quisiéramos enfrentar sus cuestionamientos con la misma naturalidad que ellos las expresan, sin embargo, generalmente lo que transmitimos es el miedo a no dar la información correcta y a desarrollar en ellos actitudes negativas hacia la sexualidad.




La educación sexual de nuestros hijos empieza con cuestionarnos a nosotros mismos cuál fue nuestra propia formación en ese tema, cuál fue nuestra experiencia en relación con la información que nos fue dada, y cómo estos dos factores han afectado nuestro propio desarrollo en esta área.

Es necesario tomar en cuenta que la época que viven nuestros hijos no es la misma en la que se desarrolló nuestra infancia. Hoy en día, por ejemplo, debemos estar preparados para explicar sobre los diferentes tipos de familia que existen, revisando y definiendo cuáles son los conceptos que queremos transmitir a nuestros hijos con temas como la homosexualidad. Toca a cada familia definir una postura respecto a estos temas, según su propio sistema de valores; lo que no puede hacer, porque las repercusiones podrían ser graves, es ignorar la realidad.

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Debemos estar conscientes de que nosotros, como padres, somos los más indicados para ser la primera y más importante fuente de información para nuestros hijos. Si no asumimos y enfrentamos este papel, el niño buscará satisfacer su curiosidad en otros ámbitos y no siempre de la manera más apropiada.

Otro punto importante es reconocer sus inquietudes y responder a ellas para mantener su confianza y los canales de comunicación abiertos. Ten en cuenta que muchas veces las dudas de los niños no se reflejan en preguntas directas, sino en actitudes, miradas, juegos (jugar al papá y a la mamá, al doctor, etcétera). Este tipo de situaciones no deben ser evitadas ni soslayadas, pues son magníficas oportunidades para guiar su sano desarrollo en dichos temas.

Toma en cuenta que no brindarle información de forma oportuna puede causar tantos problemas como darle demasiada información, o tratar de explicarle aspectos que el niño no pueda procesar por su nivel de comprensión. En ese sentido, cuando el niño nos pregunte, debemos asegurarnos qué es exactamente lo que quiere saber. Se recomienda hacer muchas más preguntas antes de contestar, por ejemplo: “¿Por qué quieres saber eso? ¿Quién te habló sobre eso? ¿Tú qué piensas? ¿Tú qué crees?”. Esto nos va ayudar a establecer sus necesidades específicas y a darle la información adecuada, ni más ni menos.

Sobre la autora
Especialista en Desarrollo Infantil con más de 40 años de experiencia, directora general y fundadora de SEDI, Servicios Educativos para el Desarrollo Infantil. www.sedi.edu.mx

 

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