Un niño va desarrollando su capacidad para socializar y relacionarse con los demás desde los primeros años de vida. Si tenemos en cuenta que cada vez hay más niños que asisten a preescolar o a guardería, en donde mantienen contacto con otros niños, la socialización infantil se inicia cada vez más temprano y fuera del ámbito familiar. Las habilidades sociales son importantes y se deben educar, tanto en la familia como en la escuela de preescolar.

El juego estimula la socialización infantil
Desde muy pequeños, los niños buscan establecer una relación con sus iguales. Sin embargo, el modo en que se configura esta relación va cambiando: durante los primeros meses, el niño busca el contacto social de modo inconsciente con los adultos a través de la sonrisa, las miradas, los ruidos o, sin más, tendiendo la mano. Poco a poco, estas conductas se van haciendo conscientes por parte del niño. 
Estos cambios se van observando en actividades lúdicas como los juegos infantiles:

1. Juego en paralelo
En un principio, los niños desarrollan la capacidad de jugar juntos, aunque sin que estos juegos se entrecrucen ningún momento. A esto se le llama juego en paralelo.

2. Juego simbólico
Alrededor de los 18 meses, la interacción del niño en el juego cambia: empieza lo que se conoce como juego simbólico, es decir, jugar con algo “como si fuera” distinto (una caja a modo de coche de carreras, un lapicero a modo de cepillo para el pelo, etcétera), en un juego que pueden intervenir el resto de sus iguales. Por tanto, va a ser interesante fomentar esta capacidad de socialización de modo natural, dando oportunidades al niño para que juegue con otros al “como si fuera”.

Imitando al adulto se entrena la socialización infantil

Transmisión de valores sociales
Es imitando al adulto como el niño aprende a funcionar en la sociedad, un aprendizaje que va a trasladar a la relación con sus compañeros. Por tanto, si quieres que tus hijos aprendan una serie de valores sociales que resulten importantes para ti debes empezar por que el niño vea en ti el modelo de conducta social que quieres transmitir.

Control de las emociones
Además de la imitación, en el niño se manifiesta su propio temperamento y su propio carácter. Por tanto, durante la primera infancia, el control de las emociones del niño deberá ser tarea de los adultos (principalmente de los padres y de los educadores), de modo que al niño poco  a poco se le enseñe a autorregular su conducta social.

Conductas sociales propias de los niños
La sociabilidad se aprende desde la cuna. Estos son algunos aspectos concretos de la vida social del niño. Todos surgen de forma natural y espontánea, fruto del desarrollo y crecimiento de los niños, pero todos se pueden orientar y formar parte de la educación de los niños.

  1. Bienestar
    A los tres años, el niño debe identificar y manifestar las necesidades más frecuentes con su bienestar corporal (hambre, sed, aseo, etcétera) y realizar lo necesario para satisfacerlas.
  1. Socialización
    Las conductas interactivas están orientadas a la consecución y desarrollo de vínculos afectivos, a la adquisición de conocimientos y la conformación de hábitos deseados por los padres y educadores y al control de las emociones.  Por este motivo, los aspectos relacionados con la educación de la socialización cobran especial relieve. 
  1. Autonomía
    En estos primeros años, el niño va a pasar de una dependencia total del adulto en su cuidado, higiene y salud, a ser parcialmente ayudado por este y terminar siendo relativamente autónomo en el desempeño de estas actividades. Existe una serie de ejercicios para estimular la autonomía infantil.
  1. Expresión de las emociones
    A esta edad, el niño ya es capaz de expresar sus propias emociones (tristeza, enfado, alegría o sorpresa) y de reconocerlas en los demás, además de estar preparado para demandar y recibir afecto, para aumentar sus conocimientos y para participar en el grupo social al que pertenece.

Fuente: www.hacerfamilia.com

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