Xóchitl González Muñoz

“Nos convertimos en nosotros a través de los otros”, decía el psicólogo ruso Lev Vygotsky, uno de los principales referentes cuando hablamos de psicología del desarrollo. Y para entender mejor cuánta razón tenía, conviene responder estas preguntas: ¿Te has puesto a pensar en cómo llegaste a ser quien eres? ¿Cuántas personas han influido en tu forma de ser a lo largo de tu vida? Muy probablemente, los primeros y con mayor fuerza sean tus padres, ya que fueron tus primeros modelos a seguir. A través de sus actos y de sus palabras, ellos fueron moldeando una parte de tu personalidad desde que eras niño o niña, justo como ahora tú estás moldeando, consciente e inconscientemente, la de tus hijos.




Son como esponjas
Al igual que los adultos, los niños aprenden muchas cosas a partir de lo que observan, con la diferencia de que ellos, al estar en una etapa temprana de formación, tienen mucho más por asimilar. “Los niños son como esponjas”, solemos decir, y es muy cierto: tu hijo aprende mucho de ti, pero no solo de esos momentos que destinas para enseñarle algo en específico, sino de aquellos en los que ni siquiera eres consciente de que te está observando y, ¿sabes qué? tu hijo te observa todo el tiempo. 

Pero un niño no solo observa e imita conductas de sus papás, sino de otros familiares, amigos y hasta de personajes que ve en el cine o en la televisión, siendo ésta una prueba de que está desarrollando su inteligencia y varias habilidades cognitivas, pues, para llevar a cabo esa imitación tiene que echar a andar una serie de procesos mentales, como observar, comparar, relacionar y clasificar, entre otros.

Así, observando las distintas conductas de gente a su alrededor, e integrándolas a su contexto, los niños van asimilando roles de conducta, normas sociales, y van encontrando la manera de responder a diferentes situaciones. 

Los juegos de roles
Una de las técnicas más utilizadas por psicólogos infantiles, para el análisis de casos, es el juego de roles, ya que, a través de lo que los niños ven como un simple juego, suelen proyectar la forma en que percibe su dinámica familiar, social y escolar. Además, este tipo de juegos les permite ver la vida desde otra perspectiva y desarrollar su capacidad empática al ponerse en los zapatos del otro. 

La recomendación para los papás es que utilicen también esta técnica y aprovechen sus beneficios. Los niños juegan prácticamente todo el tiempo y lo hacen de manera instintiva. Solo debes poner especial atención e identificar qué rol suele asumir tu hijo, qué deja ver con sus acciones y con su forma de relacionarse. Puedes descubrir cosas muy interesantes planteando situaciones específicas, como jugar a la escuelita, al recreo o a la familia, por ejemplo. 




Estimula su desarrollo  y creatividad
Uno de los principales súper poderes de los niños es su capacidad imaginativa. Durante el juego de roles, los niños echan a volar su imaginación y pueden convertirse en doctores, bomberos, maestras, papás, animales… dependiendo de cómo vaya guiando el juego el terapeuta o papá. Además pueden crear mundos y escenarios sin límite, y convertir cualquier objeto en lo que sea necesario con tal de seguir jugando. Un zapato puede representar una gran montaña y un pedacito de papel servir como varita mágica, con el poder de arreglar cualquier cosa. 

Por otro lado, el juego es pieza clave en el desarrollo integral de los niños, ya que les permite desarrollar su motricidad fina y gruesa, estimula su lenguaje y potencia su vocabulario. También les ayuda a desarrollar sus habilidades de independencia, solidaridad, comunicación, trabajo en equipo, resolución de conflictos y toma de decisiones.

Algunos beneficios que puedes obtener a través de los juegos de roles son:

  • Propicia la expresión de emociones y situaciones
  • Estimula el desarrollo de habilidades sociales
  • Ayuda en la resolución de conflictos 
  • Desarrolla la empatía
  • Favorece habilidades de comunicación 
  • Estimula la creatividad 
  • Desarrollo del lenguaje

Sobre la autora
Xóchitl González Muñoz es directora de Psicología para Niños, un centro de atención psicológica para niños y adolescentes en la Ciudad de México. Desde 2002 ha diseñado e implementado talleres y conferencias para padres, maestros y profesionales de la salud sobre temas como inteligencia emocional, manejo conductual y pautas de la evaluación diagnóstica, entre otros. Es autora del libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, y ha colaborado con artículos de opinión en diversas publicaciones.

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