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Para muchos padres y madres resulta fácil engañar a sus hijos creyendo que así les evitan un mal momento, sin darse cuenta de que les están haciendo más daño de esta forma. Como ejemplo, imaginemos la siguiente escena:

– Papi, ¿puedes dormir conmigo en mi cama?
– Hija, voy a ducharme y a cenar, luego voy a tu cama a dormir contigo, espérame.

El papá le ha hecho creer que iría a dormir con ella a su cama, cuando en realidad espera que se quede dormida cuando lleve la mitad de esas tareas hechas, porque su intención es ir a dormir a su habitación.




Por lo general, los papás cuentan este tipo de mentiras para evitar conflictos o situaciones desagradables, pero no se dan cuenta de que les están enviando el mensaje de que mentir es algo aceptado en casa. Estas faltas de honestidad con sus hijos, por miedo a no ser capaces de calmar su llanto o su frustración, dice más sobre la incapacidad para gestionar emociones de los padres que sobre la de los niños.

¿Cuáles son las consecuencias de este tipo de engaños?
1. Generan incertidumbre y ansiedad en los niños, ya que estarán esperando algo que no va a suceder
2. Al traicionar su inocencia y confianza, los niños dejan de confiar en sus padres

Si te concentras y tomas consciencia de muchas de las situaciones del día a día que evitas “enfrentar” o “abordar” como padre, madre o educador, te darás cuenta de que las dificultades no son de los niños, sino tuyas. Por lo que hasta que no las mejores en ti mismo, los pequeños seguirán repitiéndolas, y sufriendo por ello.

Para ayudarlos a manejar la rabia, la frustración, el miedo, debemos servir como modelos para que aprendan de nosotros desde el ejemplo, no desde la palabra (sabemos que requiere menos esfuerzo educar dando directrices, que siendo realmente un ejemplo con acciones).

Hoy, cada vez que se te plantee una situación de este tipo, pregúntale: “¿Quieres que te mienta, hija?”. A los niños no les gusta que los engañen, acepta tus dificultades, gestiona tus emociones y podrás ayudar y enseñar a que gestionen las suyas.

Fuente: http://emociones.eu

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