De acuerdo con Nancy Steinberg, doctora en psicoterapia y autora del libro Prohibido castigar, para empezar a favorecer la autonomía de los niños es muy importante fomentar en él la confianza de que el mundo que habita es seguro desde que está en su primer año de vida. Esto se logra cuando los padres satisfacen sus necesidades. Por ejemplo, si llora, uno de los dos debe acudir, ya sea para alimentarlo, cambiarle el pañal o, simplemente, para consolarlo e intentar calmarlo. Si, por el contrario, estas necesidades no son satisfechas, el bebé empezará a generar desconfianza hacia su entorno, lo que terminaría afectando el desarrollo de su salud emocional.

Descarga el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, una herramienta de gran ayuda en la crianza.

La especialista señala también que, entre el año y medio de vida y los tres años, el niño, al poder caminar, descubre que cuenta con cierto grado de autonomía y se lanza a descubrir el mundo. Quiere hacerlo todo sin la ayuda de sus padres, quienes muchas veces lo toman a mal, asumiendo que su pequeño es un retador. Y en cierta forma es cierto. En esta etapa del desarrollo, conocida como “los terribles dos años”, los pequeños hacen del “no” su palabra favorita, ya que NO quieren que sus papás coarten esa libertad recién adquirida para caminar, saltar, correr, trepar, agarrar objetos, tirarlos… En esta etapa, es normal que los niños sientan una enorme curiosidad por explorar su entorno. Sin embargo, muchos papás cometen el error de malinterpretar estas acciones como parte de una mala conducta, o incluso como un reto que el niño lanza en contra de ellos.

“La autonomía es la base de la dignidad humana”.
Emmanuel Kant

Claro que para los padres esta etapa no resulta nada sencilla, pues deben hacer del entorno un lugar seguro para el pequeño explorador, tanto física como mentalmente, sin confundir el apoyo con la permisividad de hacer todo lo que desee y pueda ponerlo en riesgo. La clave es establecer límites de manera respetuosa, oportuna y congruente.

Como papás, es importante entender que, cuando un niño logra hacer las cosas por sí mismo aumenta su confianza en sí mismo, lo que le permitirá enfrentar retos cada vez más difíciles, en lo que será el principio de su desarrollo como ser independiente.

Notas relacionadas