Ana Isabel Hernández

Entre muchos otros temas actuales, me importa muchísimo el de los nuevos manuales de sexualidad que supuestamente va a repartir la SEP en todo el país para el próximo ciclo escolar en los niveles de educación básica, prometiendo una nueva educación sexual en México, aunque ya se han desatado varias manifestaciones de rechazo en muchos estados.

Y me interesa especialmente porque he tenido oportunidad de leer varios comentarios hechos por padres de familia, tanto en redes sociales como en distintas páginas de internet, que me han sorprendido enormemente porque ha sido como quitar una enorme piedra donde se escondían miles de hormigas: las hormigas del miedo. Parece que, lamentablemente, aún no estamos listos, ni papás ni maestros, para hablar sobre sexualidad con los niños.

Independientemente de que los libros vengan de Suiza, España o Finlandia (donde hay, definitivamente, una mejor educación sexual que en México), los mexicanos no estamos listos para dar este importante paso. Mi intención por ahora no es defender ni atacar dichos manuales, sino hablar sobre lo que nos toca como padres y maestros, y sobre la necesidad urgente, no de levantarnos en armas en contra de unos libros o de quienes lo promueven, sino a favor de nuestros hijos. En el mundo están pasando cosas serias: la violencia de género ha llegado a extremos difíciles de creer, la homofobia sigue quitando vidas, los embarazos no deseados en adolescentes siguen a la alza, así como el índice de infecciones de transmisión sexual… ¿y aun así creemos que todo ello no tiene nada que ver con nosotros como padres y como maestros, y que la educación sexual en edades tempranas les va a quitar la inocencia a nuestros hijos? Si hay algo claro hasta ahora es que la falta de educación y formación no está funcionando.

Seguramente ya has escuchado aquello de que inocencia no es igual a ignorancia, y es cierto. ¿Por qué nos incomodamos y entramos en pánico cuando los niños nos preguntan sobre sexualidad y no nos preocupamos cuando ven todas esas imágenes violentas que salen en todo momento en la televisión? La inocencia se pierde cuando la información viene acompañada de creencias llenas de prejuicios: “Mira, el sexo es algo sucio y malo”. “No te toques tus partes”. Si ni siquiera podemos ponerle un nombre, ¿cómo vamos a hablar de ellas?

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La mirada erótica y morbosa está en el adulto y va surgiendo en el adolescente que está empezando a experimentar todos los cambios biológicos y sexuales, no en la mirada del niño que ve el mundo con curiosidad y ganas de aprender. Hagamos un ejercicio simple: cierra los ojos por un momento. Respira profundo una vez y lee la siguiente explicación, creada desde la curiosidad y la maravilla, exenta de morbo. “Es increíblemente maravilloso cómo a partir de dos células que apenas se alcanzan a ver con un microscopio, nacimos tú, yo y todos. Estas dos células se unieron en el cuerpo de la mujer y fueron dividiéndose y creciendo hasta que de ahí surgió tu corazón, tu columna, tu cabeza, tus brazos, tus piernas, tus órganos internos… todo tu cuerpo”. ¿No te parece algo milagroso? Yo me sigo sorprendiendo cada vez que lo pienso. Ahora compara la explicacio´n anterior con esta otra, hecha con miedo y morbo. “Mmm… pues es una semilla que crece en el cuerpo de la mujer, pero es algo que no debes hacer hasta que seas grande”. Aunque no entre en detalles (y en gran parte justo por eso), una explicación así da la idea de algo sucio, prohibido.

Cuando un joven está bien informado respecto a su sexualidad podrá tomar mejores decisiones. Por otro lado, no hay una edad específica para empezar a hablar sobre el tema; de hecho, lo hacemos todo el tiempo. Desde que los papás saben el sexo del bebé, muchos empiezan a comprar ropa y accesorios para decorar su recámara de color rosa o azul. Asimismo, tenemos diferentes expectativas para nuestros hijos que para nuestras hijas con respecto a su vida, les enseñamos de diferente manera cómo portarse como niño o como niña y les decimos cómo no agarrarse su “cosita” o cómo no decir cosas como popó, pipí, pompi, etcétera. Todo esto tiene que ver con la sexualidad. Todo esto es información y formación. Todo esto forma conductas, creencias, prejuicios y valores. ¿Por qué creemos o tenemos la ilusión de que los niños aprenden de sexualidad en 4º o 5º de primaria, y que esa es la edad correcta?

Cuando llego a las escuelas a platicar con los niños y niñas ya todos(as) (o casi) saben lo que es una relación sexual. A algunos les da asco y se tapan la cara cuando ven unos genitales dibujados (especialmente si son los femeninos). Si no conocen su cuerpo, sus genitales, y además les dan asco, ¿cómo esperamos que los aprecien y cuiden? Todo esto viene de casa, de la mirada prohibitiva de los padres, y esperamos que, mágicamente, cuando llegue el momento, nuestros hijos tomen decisiones responsables. ¿Cómo esperamos que disfruten su sexualidad en su vida adulta cuando sembramos desde pequeños la semilla del “NO”?

Como dice mi amiga y maestra Cici Rivas, la maternidad y paternidad es un asunto de las madres y los padres, no de los hijos. Lo que se enseña en las escuelas es un tema de los maestros (y el sistema educativo, por supuesto). Si vamos a decir “NO” a los textos de la SEP y tenemos la fuerza para pronunciarnos contra el gobierno y defender la “inocencia” de los niños, tengamos también la fuerza y el valor para comprometernos con su formación sexual. Transmitir valores, información, no prejuicios ni mitos.

Pregúntate cuáles son tus miedos sobre este tema, ya que toda esta negativa viene del miedo. Pregúntate si la formación sexual que tú recibiste fue la más adecuada y ha sido un canal para vivirte sexualmente con amor, responsabilidad, disfrute y libertad. ¿Qué te hubiera gustado que fuera diferente?

Comprométete a informarte, a prepararte, a liberarte de prejuicios y mitos que tenemos desde siempre, a criar a tus hijos para vivir el mundo que les toca, que les hemos preparado (nos guste o no), a decirles: “Hijo, yo no tuve suficiente formación ni información sobre este tema. No sé muy bien cómo hablar de esto, pero me comprometo contigo a guiarte y buscar la información que te pueda servir para que cuando sea tu momento en la vida puedas amarte y respetarte a ti y a los demás; para que tomes las mejores decisiones para vivir tu sexualidad responsable y libremente”.

Si realmente hiciéramos esto, cualquier cosa que promueva la SEP o nuestro enemigo más acérrimo, nos tendría sin cuidado porque habría confianza en nosotros, en nuestra maternidad y paternidad y en nuestros hijos.

Ana Isabel Hernández es psicóloga, terapeuta, educadora de la sexualidad y mamá de dos niños a los que reconoce como sus mejores maestros. Además de dar consulta privada, imparte clases en la Universidad de Monterrey y en la Universidad Iberoamericana, campus Monterrey. También imparte un diplomado en Sexualidad y da cursos y conferencias en escuelas, empresas e instituciones. La puedes contactar en aihernandezg@hotmail.com o a través de Educasexualidad.

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