Xóchitl González Muñoz

Sin duda, una de las problemáticas más comunes en mi consultorio tiene que ver con las quejas de muchos papás ante la tendencia a hacer berrinches por parte de sus hijos. Hay quienes llegan desesperados porque, según me cuentan, han intentado de todo y nada les ha funcionado. Otros tienden a querer justificar la rabieta ante los demás con argumentos como: “Ya tiene sueño”. “Es que ya se le pasó su hora de comida”. “¿Quién no era así de niño?”. Algunos, incluso, confiesan sentir miedo de hacer cualquier tipo de intervención a la hora del berrinche, pues temen que quede en evidencia su falta de pericia para controlar la situación. Y aunque a fin de cuentas es algo que se vive de distinta manera en cada familia, lo que es común a todos esos papás que llegan con el psicólogo buscando una solución, es el hecho de reconocer que se sienten rebasados y, generalmente, llenos de frustración.




La mayoría de los papás coinciden en que es muy difícil controlar un berrinche en el momento, y tienen razón. Una vez que el niño está emberrinchado la situación se vuelve difícil de manejar, sobre todo si es en público, pues, si no se han logrado controlar los berrinches en casa, será aún más difícil que se puedan controlar fuera de ella. Este tipo de situaciones genera angustia y mucho nerviosismo en los papás, que no quieren que la gente se dé cuenta de que el niño que está en el piso pataleando es su hijo.

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El primer paso: identificar lo que hay detrás
Por todo lo anterior, es común que los papás entren en crisis y que, en vez de intentar entender lo que hay detrás de ese berrinche, solo quieran detenerlo a como dé lugar, así sea con gritos, amenazas, o bien, accediendo a lo que el niño demanda. Pero, ¿es alguna de estas opciones la más conveniente? Creo que cualquier papá sabe que no. En realidad, lo que debería hacer en ese momento es poner mucha atención a lo que hay detrás de esa rabieta, pues identificar el problema de fondo es la única manera de terminar con él. 

El primer paso es entender que los niños hacen berrinches con la intención de comunicar algo. Obviamente no se trata de la mejor forma de comunicación que existe, pero no hay duda de que, en todos los casos, la finalidad de un niño es comunicar.

Te propongo hacer el siguiente ejercicio: Piensa en el último berrinche que hizo tu hijo. Haz un esfuerzo por recordar la situación lo mejor posible. Ahora hazte la siguiente pregunta: ¿Qué crees que haya querido decirte a través de ese berrinche? Tal vez intentaba decirte que estaba enojado, cansado, frustrado… quizás tenía hambre, se sentía enfermo o se había peleado con algún amigo en la escuela. ¿Y si simplemente había tenido un mal día, como puede ocurrirle a cualquiera? La mayoría de las veces, el detonador de un berrinche es mucho menos importante que su verdadera causa, por lo que es fundamental saber identificar lo que hay de fondo. Una vez que tengas claro lo que tu hijo quiere comunicar podrás darle el acompañamiento emocional que necesita.

Otro aspecto muy importante para tener en cuenta es que, si tú no tienes clara la razón por la que tu hijo está haciendo un berrinche, debes tener la seguridad de que él menos. No olvides que es un niño y que aún no acaba de entender el universo de las emociones; él simplemente se siente desbordado y necesita que tú le ayudes a entender lo que le pasa, lo que siente y el porqué de esa emoción. También necesita que le des contención, así que, en vez de gritarle o amenazar con castigarlo, opta por hacerle sentir que estás ahí para tratar de entenderlo y darle ayuda. Así le estarás dando la oportunidad de que se tranquilice y pueda explicarte con mayor serenidad lo que provocó que se sintiera así, y tú podrás ayudarlo a acomodar sus emociones, que es finalmente lo que está pidiendo (literalmente) a gritos.

La frecuencia con que se presenten los berrinches puede aumentar por diferentes causas, entre las que destacan las siguientes:

La edad
Entre los 2 y los 3 años es normal que los berrinches se presenten con mayor frecuencia, ya que a esa edad los niños tienen mayores dificultades para expresar todo lo que sienten con palabras. Por otro lado, apenas están desarrollando su capacidad para poder interiorizar conceptos como la importancia de compartir, de sentir empatía o tener autocontrol, por mencionar solo algunos. A esta edad es particularmente difícil que puedan ponerse en los zapatos del otro, entender que a veces es necesario esperar o que no va a pasar nada si le prestan su juguete favorito a un compañero por un momento.

Atravesar por una situación difícil
Otra de las causas por la que es común que un niño se vuelva más berrinchudo es el hecho de estar atravesando por una situación difícil de manejar, lo que puede provocar que esté más irritable y muestre poca tolerancia. Algo que resulta de gran importancia es estar siempre al tanto de cómo está percibiendo el contexto familiar y escolar. Haz todo lo posible por mantener una comunicación abierta con él para que puedas identificar cuanto antes cuando ocurra algo que le esté generando incomodidad, miedo, enojo o inseguridad, ya que esto lo pondrá en una situación de mayor tensión.

Querer obtener algo a toda costa
Muchos niños encuentran en los berrinches una de las mejores herramientas para obtener lo que quieren. Tienen claro que llorando, gritando o pataleando, harán que sus papás terminen accediendo a sus demandas. Ante esta situación solo hay un camino: cambiar cuanto antes la manera de manejar las cosas. Debes empezar a ser firme y dejar de ceder a este tipo de demandas.  

4 recomendaciones puntuales
1. Dale explicaciones acordes con su edad
Imagina que tu hijo quiere que le compres algo y tú, por cualquier razón, decides no hacerlo. Si tu explicación es simplemente: “No tengo dinero”,  seguramente le resultará difícil comprenderlo, pues él aún no tiene idea del esfuerzo que implica ganar y cuidar el dinero. Desde esta perspectiva, obviamente parecerá muy injusto que no quieras comprarle eso que quiere. Asegúrate de darle información clara y de acuerdo con su edad.

2. Establece reglas claras y haz que se cumplan
Tan importante es que haya mucha claridad en las explicaciones que le das al no ceder a sus demandas, como en el establecimiento de reglas. Dejar en claro lo que esperas de él, así como las consecuencias en caso de que esto no se cumpla, es una de las mejores maneras de prevenir los berrinches. Por eso es tan importante establecer límites de manera oportuna,  clara y congruente con su edad.

3. Ayúdalo a manejar sus emociones
Aprende a anticipar situaciones. Cuando veas venir el berrinche encuentra la manera de desviar su atención con algo que le parezca llamativo, y ayúdalo así a saltar la ola de emoción. Si consideras que es necesario, una vez que se encuentre más tranquilo pídele que te cuente cómo se siente. Recuerda que es muy importante que aprenda a identificar, expresar y manejar sus emociones.

4. Actúa asertivamente
Identifica si la causa del berrinche es hambre, sueño o cualquier otro malestar. Si ese es el caso, simplemente abrázalo, dile que entiendes cómo se siente y ayúdalo a buscar soluciones. Háblale pausadamente y usa las palabras adecuadas para calmarlo: “Respira… trata de mantenerte tranquilo”. “No gritamos ni golpeamos”. Intenta que reflexione sobre los beneficios de haber reaccionado diferente.


Sobre la autora
Xóchitl González Muñoz es directora y fundadora de Psicología para Niños desde 2006. Desde 2002 ha diseñado e implementado talleres y conferencias para padres, maestros y profesionales de la salud sobre temas como inteligencia emocional, manejo conductual y pautas de la evaluación diagnóstica, entre otros. Es autora del libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, y ha colaborado con artículos de opinión en diversas publicaciones. Escribe mensualmente sobre paternidad y crianza para la Revista del Consumidor.

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