por Mel Elices Agudo

Soy plenamente consciente de que todos alguna vez hemos tenido un mal día y que no pocas veces hemos hablado mal (sin quererlo, evidentemente) a la persona que más cerca se encontraba con nosotros (y lo que conlleva eso: discusiones, malas palabras por parte del otro ante nuestra forma de hablar…). Pero, ¿recordáis cómo nos hemos sentido después de hacerlo? Sí, eso es: bastante mal. No digo ni mucho menos, que no expresemos nuestros sentimientos, pero sí de una forma totalmente diferente a la que quizás en algunos momentos lo hemos hecho. La asertividad es precisamente eso: hablar de cómo nos sentimos, de expresar las emociones pero sin atentar contra los demás ni hacerles daño, y evitar que nos lo hagan a nosotros también. Dicho de otra manera, todos somos libres de estar enfadados, dolidos o disgustados, contentos, emocionados, pero hay que ser capaces de buscar una forma de comunicárselo al otro sin que nadie salga herido (que a veces es lo más difícil).

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Para hablar de asertividad, es necesario tener en cuenta que hay tres estilos básicos de conducta intrapersonal:

Estilo pasivo
Consiste en no expresar ninguna emoción, es decir, prácticamente indiferencia y no mostrar ningún interés y, ojo, malestar por nada. Os pongo un breve ejemplo para que lo entendáis mejor: en la universidad, María siempre le pide los resúmenes a Gema. Y la respuesta de Gema siempre es la misma: “Sí, yo te los doy, me da igual”.

Estilo agresivo
En este caso no se tienen en cuenta ni los sentimientos ni las emociones de los demás. Se acusa, se pelea, se grita, se pierde el respeto… aquí va otro ejemplo: Carlos le propone ir al cine a Cristina, su novia, pero ella ha tenido un mal día en el trabajo y le contesta: “¿Al cine? ¿Es que no eres consciente del mal día que he tenido hoy en la oficina? ¡Podías apoyarme un poco de vez en cuando!”.

Estilo asertivo
Con este estilo se consiguen los objetivos sin dañar a los demás. Hay respeto, tolerancia, educación y comprensión. Os dejo un ejemplo: Susana y Guille habían quedado para cenar, pero éste ha estado en un atasco y ha llegado media hora tarde. Según se sienta n el restaurante le cuenta lo ocurrido a Susana y ella responde: “No pasa nada, cariño, pero la próxima vez, si te es posible, me gustaría que me avisaras, porque me estaba poniendo un poco nerviosa y preocupando”.

¿Os habéis dado cuenta de los ejemplos? Podemos mostrar que estamos preocupados, molestos, enfadados, que tenemos un mal día, o tristes en cualquier momento de nuestra vida, únicamente tenemos que encontrar la mejor forma de expresarlo a los demás para que ellos también sean conscientes. Para facilitarnos la tarea podemos hablar de algunas etapas para llevar a cabo una comunicación o una conversación asertiva.

  • Hay que describir los hechos: de una manera respetuosa y, por supuesto, sin gritar, tenemos que exponer la conducta de la otra persona. Sin juzgar y sin hacer daño, simplemente hablar de lo que se ha hecho de forma educada.
  • Hablar de los sentimientos: de la misma forma que en la vez anterior, hay que expresar cómo nos ha hecho sentir una conducta determinada, ya sea algo positivo o negativo.
  • Comunicar las consecuencias: hay que hablar de lo que puede pasar si la otra persona sigue con esa conducta determinada.
  • En la búsqueda de soluciones: explicar los cambios que nos gustaría que se produjeran en esa conducta o comportamiento.

De nuevo, os escribo un ejemplo para que no os sea tan complejo poder verlo: “Quería hablar contigo de lo que me dijiste ayer, creo que fuiste muy exagerado con tus palabras (hechos). Me hiciste muchísimo daño y lloré durante mucho tiempo. Me sentí disgustada y dolida (sentimientos). No me parece bien que me hables así. Sé que tuviste un  mal día en el trabajo, pero la próxima vez que lo hagas podría irme, aunque no quiero llegar a eso (consecuencias). Por favor, cuando quieras decirme algo, piensa antes de hablar y busca las palabras adecuadas (solución)”.

Y aquí tenéis otro más “Has hecho un muy buen trabajo de Historia (hechos). Quería expresarte que estoy muy orgulloso de ti y que ha sido un placer leerme el texto (sentimientos). Te has esforzado muchísimo en la actividad y por eso te mereces haber ganado el premio (consecuencias)”.

Entonces, ¿cómo podemos llegar a ser más asertivos para evitar hacer daño a los demás y que nos lo hagan a nosotros? Aquí os dejo algunos consejos que a mí me han funcionado a lo largo del tiempo.

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