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Por Fernanda Ruezga

La tragedia Edipo Rey, escrita por Sófocles hace alrededor de 2,500 años, narra la historia de un rey con este nombre, quien, sin saberlo, mata a su propio padre y se casa con su madre, ignorando el vínculo que lo ligaba a ambos. De ahí el nombre que se le da a algo que sucede en la vida de todos, de acuerdo con las investigaciones de Sigmund Freud, padre del psiconálisis: el complejo de Edipo.

Freud descubrió que existe un período, entre los tres y los seis años de edad, en el que los niños experimentan una especie de enamoramiento hacia el padre del sexo opuesto. Y aunque muchas personas no le dan importancia al hecho de que un niño diga que quiere casarse con su mamá, o una niña con su papá, pensando que solo son cosas de niños, diversos estudios han demostrado, no solo que los niños dicen este tipo de cosas en serio, sino que pueden sufrir consecuencias importantes si no reciben de sus padres la ayuda necesaria para resolver adecuadamente la situación. Con frecuencia, estos niños suelen permanecer muy dominados por el ambiente emocional generado por su relación con alguno de los padres, tienden a tener pocos amigos y a sufrir crisis de celos cuando éstos prefieren jugar con otro amiguito.

En cambio, los niños que a los seis o siete años logran resolver adecuadamente su etapa edípica:

  • Adquieren autonomía al empezar a desinteresarse de la impresión que causan en sus padres
  • Se vuelven más sensibles a las condiciones sociales
  • Se interesan cada vez más en la vida de los niños de su edad, en su escolaridad y en sus propias ocupaciones
  • Se desenvuelve bien en el hogar, en la escuela y en las actividades lúdicas
  • Las pesadillas que lo llevan a dormir con sus padres, al igual que los celos, cesan o disminuyen notablemente

En los casos en que el niño no conoce a su padre, la madre debe hablar abiertamente con su hijo sobre el tema. Por diversas razones, que pueden ir desde la falta de un acompañante, hasta una mala relación de pareja, no es raro encontrar casos de padres que buscan, tal vez de manera inconsciente, que su hijo se convierta en sustituto de su pareja. Esto puede traer consecuencias graves, como el hecho de no permitir a su hijo que socialice demasiado, ya que esto aumenta el riesgo de que algún día conozca a alguien de quien se enamore y se vaya del hogar. Por otro lado, para este tipo de papás, nadie podrá ser una buena pareja para su hijo.

Si uno de esos niños llega a adulto sin haber roto con el rol de pareja que le fue puesto, lo más probable es que enfrente dificultades para establecer un vínculo amoroso fuerte y duradero.

El rol, dentro de la dinámica triangular padre-madre-hijo, que opera en la mente del niño, es determinante en su desarrollo, razón por la cual es tan importante que se ubique en la posición que le corresponde.


Sobre la autora
Fernanda Ruezga es psicoterapeuta psicoanalítica e imparte la materia “Teorías psicoanalíticas del desarrollo temprano II”, en el Centro Eleia, de la Ciudad de México. Si deseas tener una consulta privada, puedes escribirle a [email protected]. También puedes seguirla en Twitter como @Fer_Ruezga.

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