Prácticamente cualquier persona es capaz de poner los ojos en blanco, pero son las adolescentes quienes prácticamente han monopolizado este gesto al adoptarlo entre sus formas predilectas de comunicarse. Por su parte, los adultos que reciben el mensaje suelen ofenderse, y eso es, muchas veces, lo que la chica pretendía. Pero también hay veces en que esa no es la intención. Existen varias razones por las que una chica pone los ojos en blanco, y lo más interesante es que todas ellas dicen mucho sobre lo que significa ser adolescente.




Por lo general, los adolescentes odian que les digan qué hacer, así que, instintivamente se resisten hasta a las sugerencias con las que están de acuerdo. Imaginemos a una chica que está a punto de ponerse el abrigo más cálido que tiene cuando su mamá le pide, con las mejores intenciones, que se abrigue. ¿La imaginan respondiendo algo como esto: “¡Buena idea, mamá! Eso es justo lo que estaba pensando”?. Sin embargo, como la chica realmente quiere cubrirse del frío, ¡en ese momento pone los ojos en blanco! Al voltear los ojos mientras se pone el abrigo, la chica podrá expresar su resistencia y hacer lo que tenía pensado al mismo tiempo.

El impulso por lograr ser independiente es una fuerza central durante la adolescencia, por lo que recibir órdenes puede ser especialmente molesto para quien está atravesando esta etapa. Entonces ¿cómo debería responder una chica cuando sus padres le dicen que no puede salir en la noche antes de lavar los platos? Tal vez no le encuentre sentido a rezongar, y aun así se sienta obligada a expresar su objeción. Nuevamente, el gesto de voltear los ojos se presenta como una buena opción: al poner los ojos en blanco mientras lava los platos, la chica proclama que es un Estado independiente y elige ceder, por un momento, ante el poder local de sus padres.

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Otras veces, las chicas voltean los ojos cuando los adultos tocan un punto sensible. Una adolescente que se siente mal por una pelea con una amiga podría mirar hacia el cielo cuando sus padres le preguntan amablemente: “¿Y cómo está Julia? Hace mucho que no viene a visitarte”. Lo que aparenta ser una grosería hostil en realidad podría ser el valiente intento de la chica por contenerse. Los adolescentes pueden sentirse agobiados fácilmente por sus propios sentimientos y a menudo son ambivalentes cuando se trata de acercarse a los padres para buscar apoyo. Una chica podría decidir que hacer enojar a su padre al poner los ojos en blanco es mejor que romper a llorar frente a él.

Las chicas también voltean los ojos para comunicar que un adulto se ha pasado de la raya. Si los padres tienen expectativas irracionales, crean reglas arbitrarias o avergüenzan a sus hijos, las chicas a veces se defienden poniendo los ojos en blanco. Los adolescentes que aparentemente son irrespetuosos rara vez les piden a los adultos que reflexionen sobre sus actos, pero poner los ojos en blanco podría ser la mejor defensa que pueden utilizar en una discusión acalorada. En mi consultorio, cuando las chicas me cuentan sobre sus peleas en casa, a menudo me conmueve la forma en que prefieren sacrificar un aspecto de la relación con sus padres con tal de no sacrificar una parte de sí mismas.

Desde luego, las chicas en ocasiones voltean los ojos como un acto inmaduro de agresión. Se atacan entre sí y agreden a los adultos con ese gesto humillante y despectivo, por lo cual pueden provocar represalias de las personas. Cuando ponen los ojos en blanco con el claro propósito de insultar, los padres pueden intentar subir el tono de la discusión al decir: “Qué grosera. Espero que pronto encuentres una manera más madura de decirme lo que piensas”, o algo por el estilo. Pero lo más común es que las adolescentes volteen los ojos como una solución eficiente para los típicos desafíos que la adolescencia les presenta. Además, eso les brinda una opción a los adultos: podemos tomarnos personalmente el gesto o podemos intentar ver las cosas desde su perspectiva.

Fuente: parenting.blogs.nytimes.com

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