Si alguna vez has estado perdido en una ciudad que no conoces, y has sentido la necesidad de pedir ayuda para saber cómo llegar a donde deseas, lo más probable es que te hayas acercado a alguien que tuviera cara de ser amable y te inspirara confianza.

Esto es muy entendible, ya que el ser humano es muy visual y suele sentirse más cómodo cuando está frente a algo que le resulta agradable a la vista. Obviamente cada persona tiene su propia forma de entender y percibir lo que es bello y armónico, sin embargo, existen prototipos comunes a la mayoría de las personas, y esto se debe en gran medida al hecho de que aprendemos a reconocer las caras y expresiones faciales de quienes nos rodean desde que somos bebés.




¿Por qué para los bebés son tan importantes las caras y los gestos?
Tal vez tú no te hayas dado cuenta, pero los gestos faciales que utilizas para comunicarte con tus hijos, desde que nacen, llevan un sinfín de información para ellos. De hecho, una de las razones por la que se recomienda a las mamás dar pecho al recién nacido, es que el bebé puede mantener contacto visual con ella mientras se alimenta, lo que permite que se estrechen los lazos entre madre e hijo. Por otro lado, los bebés muestran una clara preferencia por la cara de su mamá apenas unas horas después de su nacimiento.

Un recién nacido aprende muy pronto a diferenciar entre la cara de mamá y los rostros desconocidos, aun cuando se trate de otra mujer de la misma edad. También aprenden a ver las diferencias entre una cara feliz, triste o sorprendida en unos cuantos días; es por eso que, desde los primeros meses de vida, uno de sus juegos favoritos es hacer caritas, ya que este pasatiempo le ayudan a identificar quiénes son parte de su familia y de su entorno.

¿Cómo se relacionan nuestros gestos y su aprendizaje?
Entre los 6 y los 12 meses, la experiencia que tiene el bebé con las expresiones faciales es una de las herramientas más valiosas para su desarrollo, ya que hace uso de ellas para comenzar a potenciar el lenguaje. Cuando un bebé obtiene una sonrisa de su madre, luego de hacer cualquier cosa, lo más probable es que lo repita. En cambio, si lo que recibe de la mamá es un gesto de seriedad, la probabilidad de que repita dicha acción disminuye considerablemente; y es así como los niños van averiguando qué hacer frente a distintas situaciones, tomando en cuenta la información que reciben de las caras, especialmente la de su mamá.

Otro buen ejemplo es cuando un niño está aprendiendo a caminar o a gatear, y  se mantiene muy atento a las expresiones de papá y mamá. Si alguno de ellos le sonríe y le da ánimos, es más probable que el niño siga intentándolo y avance más rápido. En cambio, si sus papás lo ignoran o hacen un gesto de desaprobación, el niño se desmotivará y su desarrollo será más lento.

La mejor manera de transmitir un mensaje es relacionando el contenido con un tono de voz adecuado y gestos afines. Intenta mostrar siempre una actitud positiva: sonreír, mostrarte alegre y hacer que tu expresión sea aquella que cualquier persona desearía encontrarse al cruzar por su camino.


Sobre la autora
Merab Govea

Psicóloga egresada de la UNAM. Desde hace ocho años trabaja con niños que tienen TDAH, hiperactividad y Síndrome de Asperger. Actualmente forma parte de un proyecto que permitirá detectar qué técnicas de enseñanza mejoran el desempeño escolar de niños y jóvenes. Actualmente, forma parte del equipo editorial de Psicología para Niños.

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