Valeria Rincón Rivero

Es a partir de los cuatro años, al empezar a tener una mayor concepción sobre su cuerpo y su entorno, cuando los niños comienzan a advertir las diferencias entre las personas. Si tu niño está en esa edad, es muy probable que ya haya empezado a preguntarte por qué tal niño tiene el cabello naranja o la piel más oscura que los demás; por qué uno de sus compañeros usa lentes o por qué hay gente que anda en silla de ruedas.




También es muy probable que en más de una ocasión te hayas visto en dificultades para responder este tipo de preguntas, sobre todo si hay de por medio algún problema físico. Sin embargo, ésta es una etapa que debes aprovechar para hablar, de manera clara y sencilla, sobre las diferencias entre las personas, siempre partiendo de una base de respeto.

Éstas son algunas consideraciones a tomar en cuenta para hablar con tus hijos sobre este tema:

Tomen la iniciativa
Para un niño, es importante que el primer concepto sobre las diferencias venga de sus papás. No esperen que la explicación venga de sus maestros o algún otro familiar. Conversen con su hijo sobre las diferencias empezando por las más evidentes, como el hecho de ser niño o niña. Éste será el principio para, poco a poco, llegar a temas más delicados como las capacidades diferentes o las diferentes creencias que puede tener cada familia. Escúchenlo y procuren responder todas sus preguntas de forma sincera, resaltando el hecho de que él mismo es diferente a otros, y que eso nos hacen especiales. Esto lo hará mas empático al momento de convivir con personas diferentes.

Visita ambientes incluyentes
Siempre que puedan asistan con su hijo a lugares en donde convivan niños con diferentes capacidades, gente de otras nacionalidades, culturas o creencias. Propiciar que tu hijo conviva en este tipo de ambientes lo ayudará a entender las diferencias entre personas como algo cotidiano y normal.

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No reprimas sus preguntas
Cuando vamos a algún lugar de visita o caminamos por la calle es común que nuestro hijo haga observaciones o preguntas sobre lo que ve, y éstas a veces pueden llegar a ser inoportunas (y frecuentemente incómodas para los papás), sobre todo si lo hace en voz alta y resaltando alguna condición física que pueda ser un problema para alguien. Sin embargo, es importante tener muy claro que  regañarlo en estos casos definitivamente no es la opción, ya que, además de injusto, solo servirá para aumentar su confusión. En vez de ello, explícale de la manera más sencilla y natural que encuentres el porqué de esas diferencias. Por lo general, un niño no hace este tipo de comentarios o preguntas con el afán de ofender, solo quiere (y necesita) satisfacer su curiosidad.

Habla con naturalidad
No hay necesidad de usar diminutivos ni expresiones de lástima para hablar de niños con capacidades diferentes, ni de bajar la voz cuando nos referimos a los diferentes tonos de piel o creencias de las personas. Abordemos estos temas con nuestros hijos de manera natural, destacando el hecho de que las diferencias son superficiales y que, en el fondo, todos somos iguales, aun cuando haya niños que puedan necesitar más cuidados que otros.

Enseñar a nuestros hijos a aceptar y ver las diferencias como algo natural hará que su comportamiento ante los demás sea incluyente y respetuoso. No olvidemos que el primer ejemplo proviene de nosotros, así que es importante fijarnos en nuestra forma de convivir con los demás, pues éste será el modelo de conducta que nuestros hijos tengan con los demás.


Sobre la autora
Creadora del blog ¡Ay mamá! Voy a ser mamá, pertenece, además a Madresfera y a la Red de Mamás Blogueras Unidas por el Mundo. Es estudiante de Comunicación y Publicidad en la UIA, y es una apasionada y orgullosa madre de dos pequeñas.

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