A través del juego, los niños expresan muchas de sus necesidades y resuelven sus conflictos, ya que es su mejor forma de comunicarse y de aprender. Además, al jugar imitan el comportamiento de los adultos, lo que les ayuda a desarrollar el lenguaje y otros tipos de comunicación, así como sus habilidades sociales.




Piensa en cómo son los juguetes para bebés: generalmente son muy coloridos, a veces emiten sonidos y, obviamente, todos buscan ser divertidos, para que el niño pueda entretenerse horas con él. Y es que, entre más entretenido resulte el juguete, más será el tiempo que el peque juegue con él, propiciando que se dé un  mayor aprendizaje. 

Cuando el aprendizaje se da de manera lúdica se promueve el crecimiento y desarrollo del área cognitiva, es decir, la capacidad del niño para tomar conciencia respecto a su entorno. Entre más desarrolle un niño esta capacidad, mejor podrá comprender y resolver diferentes tipos de problemas. 

Por lo anterior, los psicólogos especialistas en aprendizaje utilizan la llamada terapia de juego para que el niño reconozca, experimente, exprese y aprenda, liberando sentimientos y frustraciones, y reduciendo la ansiedad y el estrés.

Algunas ventajas de aprender jugando 

  1. El juego permite la expresión corporal y de movimiento
    El primer medio de comunicación que tenemos desde bebés es el contacto físico con mamá y papá. Es a través de las caricias y los abrazos que comenzamos a expresarnos. Conforme crece, el gateo le permite al niño explorar su entorno. De ahí que el cuerpo se considere nuestro primer agente de aprendizaje y de expresión. De hecho, cuando los niños están en movimiento, ya sea saltando, corriendo o bailando, suelen entran en un estado de relajación que favorece su aprendizaje.
  1. El juego y sus cinco sentidos
    Todas las personas establecemos contacto con el mundo exterior a través de nuestros sentidos: ver, oír, tocar, oler y probar. Todo ello influye en cómo percibimos el mundo. La capacidad que tienen nuestros hijos para identificar qué es lo que sucede en el exterior depende de su capacidad para percibir y dar un significado a lo percibido, y este significado evoluciona conforme crecen. 
    Lo anterior explica que en la terapia de juego se utilicen materiales que propicien el desarrollo de los sentidos, como arena, pintura de manos, agua y diferentes telas con distintas texturas, entre otros. La finalidad es que el niño aprenda a confiar en sus sentidos y establezca mejor contacto con el mundo exterior. 
  1. El juego libera emociones
    En todos los juegos hay muchas emociones de por medio: alegría por hacer una buena jugada; temor por que al rival le funcione su estrategia; coraje, tristeza o frustración por perder la partida son solo algunos ejemplos de cómo, a través de esta actividad, nos expresarnos de manera libre y natural, lo cual resulta ampliamente positivo. 
    Por otro lado, es bien sabido que la mejor manera de que el aprendizaje sea duradero, es hacerlo significativo. Por ello, aprender algo en un contexto donde el niño se sienta cómodos y contento, hará que lo retenga más fácilmente. 
  1. El juego desarrolla la imaginación
    Los niños tienen una capacidad increíble para imaginar que una cobija puede ser una alfombra voladora, o que sus literas son una nave espacial. Esa imaginación es muy útil al momento de aprender, ya que permite al niño contar con una mayor cantidad de posibles respuestas ante cualquier situación.
  1. El juego y la creatividad
    Es realmente asombrosa la facilidad que tienen los niños para inventar nuevos juegos. Esa creatividad les permite hacer nuevas conexiones entre ideas, así como relacionar contenidos con experiencias personales y explorar diversas posibilidades de resolver problemas.
    Por otro lado, la creatividad favorece la autoestima del niño, pues inventar su propia manera de resolver un conflicto, le da seguridad.


Sobre la autora
Merab Govea
Psicóloga egresada de la UNAM. Desde hace ocho años trabaja con niños que tienen TDAH, hiperactividad y Síndrome de Asperger. Actualmente forma parte de un proyecto que permitirá detectar qué técnicas de enseñanza mejoran el desempeño escolar de niños y jóvenes. Actualmente, forma parte del equipo editorial de Psicología para Niños.

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