El autismo es un trastorno de neurodesarrollo cognitivo que repercute en la función normal del cerebro, afectando el desarrollo de la comunicación, las habilidades de interacción social y la percepción. 

Diversas investigaciones han encontrado que el autismo se presenta en mayor incidencia en niños que en niñas, sin embargo, el hecho de que un niño sea autista, no quiere decir que su capacidad de comprensión sea menor. De hecho, son muchos los niños autistas que tienen habilidades y capacidades cognitivas altas, es decir, su coeficiente intelectual está dentro de los parámetros normales. Lo que es cierto es que el autismo suele ser una limitante en su capacidad para comunicarse y desarrollarse en su entorno.  




Aunque muchos investigadores han intentado descubrir sus orígenes pensando en la posibilidad de prevenirlo, las causas por las que un niño padece autismo siguen siendo un misterio.

Actualmente existen tratamientos y actividades para mejorar significativamente el comportamiento de niños autistas, dándoles elementos para mejorar sus relaciones personales y habilidades de comunicación. El Dr. Paul Wang, jefe de investigación médica para la organización científica de autismo, menciona que el diagnóstico precoz por parte del pediatra o los padres de los pequeños es altamente importante, ya que entre más rápido se empiece con las terapias adecuadas, mejores resultados se obtendrán a largo plazo. 

La mejor manera de ayudar al pronto diagnóstico es la observación atenta de nuestro hijo, sobre todo entre los 12 y 18 meses, ya que es en esta edad que aparecen las primeras señales de autismo. Estos son algunos de los signos que te ayudarán a detectar si tu hijo puede tener autismo: 

Contacto visual
Los bebés con autismo suelen evitar el contacto visual con las personas, mantienen la mirada fija hacia la nada, o bien, hacia un objeto inanimado. 

No responde a su propio nombre
Un bebé sano responde, por lo general, girando su cabeza hacia la persona que le habla, más aun cuando escucha que le llaman por su nombre. Se ha encontrado que solo el 20% de los bebés con autismo responden cuando papá o mamá mencionan su nombre. 

Se ponen nerviosos ante ciertos sonidos o colores
A la mayoría de los bebés entre 12 y 18 meses les interesa jugar con juguetes que tengan lucecitas prendiendo y apagando, al mismo tiempo que emiten sonidos de animales o melodías infantiles. Sin embargo, un bebé con autismo suele mostrarse nervioso frente a este tipo de objetos y estímulos.  

De acuerdo con la investigadora Connie Kasari, los niños autistas son menos propensos al juego imaginativo, por lo que tienden a no jugar con el resto de los niños, prefiriendo entretenerse solos con sus objetos. 

No imita el comportamiento de los demás
Los bebés con autismo son menos propensos a imitar los movimientos de sus papás y demás personas que los rodean, como sonrisas, aplausos, gestos o sonidos.

No responden emocionalmente
Los bebés son muy sensibles a las emociones de los demás: así como se asustan con los gritos, la risa de sus papás puede hacer que se sientan contentos. Los bebés con autismo, en cambio, son menos propensos a sonreír como respuesta a la sonrisa de mamá, o de llorar cuando ven a otros bebés llorar. Otra característica es que no necesitan consuelo en los momentos que, por lo general, un bebé suele necesitarlo. 

Durante el crecimiento de nuestros hijos, los papás debemos estar pendientes a su desarrollo, intentando advertir si es normal. Si creemos que algo no va bien, lo más recomendable es acudir con un pediatra o médico especialista que nos pueda orientar. Para Kasari, es importante que los padres sepan que la ayuda a tiempo implica una diferencia, y que existe la ayuda necesaria para salir adelante.

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