Por Ana Isabel Hernández

¿Hasta cuándo está bien bañarse con los niños? ¿Deben bañarse los hombres juntos y las mujeres juntas? ¿Y si me baño en traje de baño? Éstas y varias otras preguntas relacionadas con el tema pasan por la mente de casi todos los papás y mamás.

Para muchas familias, bañarse con su bebé representa un momento de afectividad y cercanía muy importante, ya que el contacto con el agua puede propiciar un espacio sumamente íntimo y generar esa sensación de apego y pertenencia que resulta fundamental en los primeros años. Más tarde, una vez que los niños crecen, bañarnos con ellos puede ser una gran oportunidad para resolver sus dudas sobre nuestro cuerpo de una manera muy natural, y de que ellos vayan entendiendo las diferencias físicas entre hombres y mujeres.




Sin embargo, es común que llegue un momento en que empiecen a surgir pensamientos que nos hagan entrar en conflicto: “Mi hijo(a) me vio raro”. “Empiezo a sentirme incómodo(a)”. “Me da pena que me vea y me pregunte tanto”. “Ya está grandecito y puede confundirse”.

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El tema de la desnudez, como muchos otros, está muy relacionado con aspectos sociales y culturales. Esto, de alguna manera, explica que haya tantas posturas distintas respecto al tema. Hay quienes establecen un límite de edad, que puede ir desde los 4 hasta los 9 años, según la perspectiva del autor: religiosa, psicológica, científica, del desarrollo, etcétera. Por esto mismo, podemos encontrar argumentos que van desde la madurez mental, emocional y física de los niños hasta “lo que se debe o no se debe hacer”; lo que es “bueno” o “malo”.

Cuando, en La bella y la bestia, la bestia le dice a Bella algo así como: “Puedes recorrer todo el castillo, pero no entres a la habitación del ala oeste: esa está prohibida”, ¿qué pasó por la mente de Bella? “¡Justo a ese lugar es al que quiero ir! Quizá no me hubiera importado, pero como está prohibido, ahora sí tengo curiosidad y entraré”. Eso es lo que pasa cuando lo natural se vuelve prohibido. Y nos pasa a la mayoría.

Pensemos, por ejemplo, en las veces en que hacemos dieta y no podemos comer algo en específico: ¿no es cuando más se nos antoja? Bueno, pues con el cuerpo ocurre algo muy similar si le ponemos a la desnudez la etiqueta de “prohibido”. Supongamos que un día tu hijo o hija abre la puerta del baño accidentalmente y te ve sin ropa. ¿Cómo reaccionarías? ¿Te molestarías? ¿Le gritarías? ¿Lo castigarías? Debes saber que, lo más probable con una reacción de este tipo, es que genere curiosidad en tu hijo, incluso morbo, además de transmitirle el mensaje de que hay algo mal en ti, en la desnudez, y que debes sentir pena por tu cuerpo.

Ojo, tampoco se trata de irnos al lado opuesto y andar desnudos por la casa para demostrar a nuestros hijos que se trata de algo natural. Se trata simplemente, de ser congruentes; algo que se dice fácil, pero no es tanto, al decir verdad. ¿Cómo empezar? Hay varias preguntas que podemos hacernos a nosotros mismos, y cuyas respuestas nos ayudarán a encontrar el mejor camino, ya que en este tema no hay respuestas correctas ni incorrectas que se puedan aplicar de manera general. Está demás destacar la importancia de ser completamente honestos, ya que, finalmente ¿a quién estaríamos engañando si no respondemos con la verdad? Por favor, tómate tu tiempo para responder.

  • ¿Qué significado tiene para mí la desnudez?
  • ¿Cada cuánto me veo al espejo desnuda(o)? ¿Por qué lo hago o por qué no lo hago? Cuando lo hago, ¿qué pienso de mi cuerpo?
  • ¿Cómo me siento cuando me veo desnuda(o)?
  • ¿Cómo me siento cuando alguien más me ve desnudo(a), sean personas cercanas o no? O bien, ¿cómo me sentiría si alguien más me viera desnuda(o)?
  • ¿Qué me dijeron de niño(a) sobre la desnudez? ¿Qué mensajes no verbales me transmitieron y cómo ha influido esto en mi vida?
  • ¿Qué mensaje me gustaría transmitirle a mi hijo(a) sobre la desnudez?
  • ¿Qué tendría que hacer / decir para transmitir ese mensaje?
  • ¿Qué no tendría que hacer /decir para transmitir ese mensaje?

Después de haber desnudado tus ideas y sentimientos sobre la desnudez (valga la redundancia), seguramente tienes una perspectiva más clara sobre lo que necesitas hacer /cambiar /generar /decir /pensar, etcétera, para ser congruente contigo mismo(a). Lo ideal es que papá y mamá (o los adultos a cargo) estén en la misma sintonía para transmitir a sus hijos el mismo mensaje, pues de otra forma pueden generar confusión en ellos.

Por lo anterior, es importante remarcar que en realidad no existe una edad en la que esté “bien” o “mal” seguir bañándose con los niños o dejar de hacerlo. Ellos, generalmente, son muy claros al respecto. Cuando ya no quieren hacerlo, lo dicen, así de fácil, y lo ideal es respetar ese pudor natural que surge a diferentes edades. Si el que ya no se siente cómodo es el adulto, lo ideal también será decirlo, así tal cual: “Hijo(a) ya no me siento cómodo(a) bañándome contigo, me gusta divertirme en la regadera, sin embargo, para mí lo mejor será bañarme solo”. No hay necesidad de dar más explicaciones, y lo ideal es que sea dicho en un ambiente de confianza y naturalidad para no enviar ese mensaje de lo prohibido y tratando de ser congruente con lo que se quiere transmitir. Así también se puede comunicar que la privacidad y las decisiones personales también se respetan.

Cada familia es diferente, y tiene sus propias reglas y costumbres. Lo recomendable es que cada una encuentre qué es lo que los hace sentir mejor con respecto a este tema, sin culpas ni morbo, sino sintiendo que este tema es uno más que entra en congruencia con los valores y actitudes que queremos transmitir a nuestros hijos. 


Sobre la autora
Soy psicóloga, terapeuta, educadora de la sexualidad y mamá de dos niños que son mis maestros. Además de dar consulta privada, imparto clases en la Universidad de Monterrey y en la Universidad Iberoamericana, campus Monterrey. También imparto un diplomado en Sexualidad y doy cursos y conferencias en escuelas, empresas e instituciones. Me puedes contactar en [email protected] o a través de Educasexualidad.

 

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