Diálogo, paciencia, madurez y mucha comprensión son algunas de las claves para que la relación con los hijos de tu pareja sea cada día mejor.

Ser madrastra es un reto que asumen muchas mujeres, aun sabiendo que tendrán varios obstáculos por superar, como rebeldía, rechazo y la tan temida frase “¡Déjame!, que tú no eres mi mamá”.

Aunque el término madrastra es horrible, por haber sido usado de forma tan peyorativa a lo largo de la historia, hoy hablamos de madrastras, ya no como esas malas madres, esas figuras terribles y destructivas sino como esas mujeres que acogen y se hacen cargo de un o unos niños producto de un matrimonio anterior de sus actuales parejas.

Ser madrastra supone aceptar, acoger, cuidar, querer, mimar, pero también poner normas y límites… a los hijos de otra persona como si fueran propios. Para el niño, la incorporación de una nueva pareja de su padre supone la certeza de que papá y mamá ya no se reconciliarán, que no volverán a ser la familia que fueron, y eso a veces no es fácil de asumir ni de aceptar, por lo que se muestran esquivos, rebeldes y oposicionistas.

Ponerse en el lugar del niño y entender que la situación tampoco es fácil para ellos ayuda mucho a rebajar las tensiones iniciales que pueden surgir. Adoptar una postura madura, de escucha activa, de autocontrol y no caer en las provocaciones que muchos niños realizan para intentar echar fuera a “la intrusa” que ha entrado de la mano de su padre en sus vidas, son claves para afrontar los problemas habituales que surgen en la relación con los hijos de tu pareja.

Cómo mejorar la relación con la madrastra
Rebeldía, rechazo o celos son algunos de los problemas más habituales con los que lidiar, pero entender que estas conductas son solo muestras de un miedo muy profundo que siente el niño ante la nueva situación puede ayudar a relajarnos y a comprender que nuestra misión, junto con su padre, es la de proporcionarle seguridad y comprensión. 

La comprensión, sinceridad, paciencia y confianza mutua son claves en cualquier tipo de relación. Para que todo fluya correctamente, el papel del padre es fundamental y es importante que ambos estén en la misma sintonía: hay que dialogar, explicar los miedos, las expectativas, las frustraciones y encontrar puntos de acuerdo para educar del mejor modo a esos niños que tanto nos necesitan.

El papel de la madre biológica y la relación que establezcas con ella tendrá también un papel fundamental. Jamás la critiques, nunca pongas en duda su autoridad delante de los niños e intenta mantener con ella una relación cordial si es posible. No se trata de que debas ser su amiga pero sí de que puedan hablar tranquilamente. No olvides que el objetivo de ello es el bienestar físico, psíquico y emocional de los niños, y eso debería estar por encima de cualquier tipo de rencor o resentimiento. 

Fuente: www.guiainfantil.com

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