Como papás, es inevitable que de vez en cuando tengamos que dejar a nuestros hijos al cuidado de alguien más por periodos de tiempo que pueden ir desde un par de días hasta meses. Las razones pueden ser muchas: un viaje de placer o de trabajo, alguna enfermedad que requiera de hospitalización, son solo algunos ejemplos. Pero, ¿sabemos cómo afectan a nuestros hijos este tipo de separaciones?

Antes que nada, es importante decir que las separaciones no suelen traer consecuencias graves en un niño si no está implícita una carencia materna o paterna, es decir, que el niño se quede o sea llevado a un medio en el que no exista alguien que sustituya temporalmente al papá o a la mamá (o a ambos), brindándole el afecto y los cuidados correspondientes.




Otro escenario en el que se presentan consecuencias es aquel en el que los episodios de separación se presentan con frecuencia. Aquí es importante aclarar que esto no se refiere a padres que se ausentan durante la jornada normal de trabajo, sino a separaciones que pueden ser de solo 2 o 3 días, pero que se presentan de manera constante.

Es para destacar que una madre puede estar físicamente muy cerca de su hijo, sin embargo, si esta cercanía no se da también en el plano afectivo, el niño puede verse tan afectado como si sufriera de separaciones severas. Algo que ocurre con relativa frecuencia es que este distanciamiento afectivo se produzca de manera temporal, a raíz de algún evento que sacuda a la persona que está al cuidado del niño (por lo regular la madre), y la lleve a un estado emocional que le impida tener un buen vínculo afectivo con su hijo. Un ejemplo de ello sería la muerte de un ser querido, es decir, algo que podría llevar a esta persona a un estado depresivo.

Es importante aclarar que, aun cuando una separación puede no ser frustrante para el niño si se queda con un sustituto que le brinde cuidados y afecto, sí suele ser dolorosa si el niño tiene suficiente edad para distinguir a sus padres de las demás personas, pero aún no es capaz de conservar su apego al alejarse de ellos (esto por lo general ocurre entre los cinco o seis meses y los tres años de edad).

Por otro lado, las consecuencias que padece un niño al separarse momentáneamente de sus padres, dependen de varios factores, como la edad, el vínculo que tenga con sus padres, su grado de madurez y el tiempo que dure la separación.

Éstas son algunas posibles consecuencias, que pueden tener lugar a largo plazo, provocadas por separaciones frecuentes o duraderas en la infancia temprana:

  • Gran sensibilidad ante futuras amenazas de separación
  • Dependencia frente a otro en el campo afectivo. Esto se da porque la persona queda sedienta de afecto
  • Suelen experimentar un sentimiento de frustración que se expresa en reclamos, ansiedad o conductas compensatorias (chupar el pulgar, absorber alimento, absorber conocimiento)
  • En casos graves, se presentan dificultades para recibir muestras de afecto

¿Qué hacer en caso de que la separación sea inevitable?

  • Buscar un buen sustituto
  • Evitar múltiples cuidadores, ya que el niño puede vivir cada cambio como nuevas separaciones
  • Mantenerse en contacto con el niño (llamadas telefónicas o videoconferencias)
  • Una vez reanudado el contacto con el niño, evitar separaciones frecuentes o duraderas en el corto plazo
  • Si ya hay lenguaje, explicarle al niño lo que sucede; es importante que entienda que la separación no es para siempre y que no se le dejará de amar por no estar con él

Sobre la autora
Fernanda Ruezga es psicoterapeuta psicoanalítica e imparte la materia “Teorías psicoanalíticas del desarrollo temprano II” en el Centro Eleia, en la ciudad de México. Si quieres recibir más información sobre el tema puedes comunicarte con Fernanda a través del correo [email protected].

Notas relacionadas