por Merab Govea

Observando a nuestro alrededor, es fácil encontrar ejemplos de cómo establecer límites ayuda a mantener el orden y el buen funcionamiento de la ciudad. Ejemplo de ello son las señales de tránsito. Quien conduce un auto debe saber qué significan los colores del semáforo, por ejemplo, o los límites de velocidad. Lamentablemente, siempre habrá quien desacate dichas reglas, razón por la cual también es necesario establecer sanciones, como son las multas de tránsito, pero, más allá de eso, lo que es importante entender es que conocer las reglas es el primer requisito para respetarlas y poder vivir en comunidad.




Lo mismo sucede en una familia: cuando existen reglas claras y límites para definir qué sí se vale hacer en casa y qué no, todo funciona mucho mejor, como menciona el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, en el capítulo sobre la importancia de establecer límites. Hoy en día, los papás tenemos la oportunidad de crear mejores canales de comunicación con nuestros hijos que los que había antes. Y con esto no me refiero a querer ser sus amigos, pues ellos deben tener amigos de su edad, pero sí podemos ser un papá o una mamá amigable.

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Para muchos papás, el hecho de haber recibido una formación basada en golpes como castigos es razón suficiente para hacer lo mismo con sus hijos. Su principal argumento es que el método funcionó con ellos. Sin embargo, yo invito a esos papás a que se hagan las siguientes preguntas: si en lugar de nalgadas, sus papás hubieran recurrido al diálogo, ¿no habrían entendido lo que querían decirles? ¿El resultado hubiera sido distinto? ¿Tú qué hubieras preferido?

“Ser disciplinado como esclavo crea el temperamento esperado de esclavos. Golpear a los niños y aplicarles otros tipos de castigo corporal no es la herramienta apropiada para quien busca formar hombres inteligentes, buenos y sabios”. John Locke, Pensamientos sobre educación.

De acuerdo con la psiquiatra infantil María Alicia Espinosa, es importante reconocer que las condiciones en que crecieron quienes hoy son papás son distintas a las que prevalecen hoy en día. Si hace 20 o 30 años, los papás pensaban que era necesario dar una nalgada de vez en cuando (en algunos casos de manera frecuente), hoy debemos ser conscientes y recordar, si así fue como actuaron nuestros padres, que esos golpes fueron causa de dolor físico y emocional para nosotros cuando éramos niños.

Aunque para muchos adultos de hoy no sea evidente, es importante recalcar que la educación impuesta a base de agresiones físicas y emocionales sí tiene un impacto en la autoestima de las personas, y esto es definitivo.

Por eso es importante considerar la crianza positiva, es decir, disciplinar a nuestros hijos con firmeza, pero sin tener que recurrir a la agresión. Crear reglas claras, precisas y coherentes, que formen niños respetuosos, disciplinados, pero con una autoestima sólida y una alta capacidad de empatía, como lo propone Xóchitl González en su libro digital ¿Por qué mi hijo no me hace caso?




5 razones por las que conviene recurrir a la crianza positiva

  • Los niños se sienten identificados con el papel que juegan en su familia, por lo tanto saben que es ahí a donde pertenecen
  • La crianza positiva es firme pero amable
  • Toma en consideración la forma en que el niño aprende, lo que siente y piensa, además de fomentar el autoconocimiento 
  • Desarrolla habilidades sociales como el respeto hacia los demás, liderazgo y empatía
  • Permite que el niño descubra sus capacidades, lo cual favorece su autonomía y autoestima

Sobre la autora
Merab Govea

Psicóloga egresada de la UNAM. Desde hace ocho años trabaja con niños que tienen TDAH, hiperactividad y Síndrome de Asperger. Actualmente forma parte de un proyecto que permitirá detectar qué técnicas de enseñanza mejoran el desempeño escolar de niños y jóvenes. Actualmente, forma parte del equipo editorial de Psicología para Niños, además de dar clases particulares de Matemáticas.

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