Adriana Vera Orozco
Editora en Jefe de Todobebé

Van a clases prenatales, entran al parto, cambian pañales y en ocasiones hasta son ellos los responsables del cuidado del bebé la mayoría del tiempo. Ellos son los neopapás, y yo no podía dejar pasar la oportunidad de hablar de este fenómeno que admiro tanto. De esta nueva y extraordinaria actitud que tienen los papás contemporáneos a la que se podría bautizar como “neopaternidad”.

No sé de dónde lo aprendieron, porque sus padres no fueron así. No hablo de que los progenitores de otras generaciones no hayan sido cariñosos, no va por ahí el tema. Es solamente que los de ahora hacen cosas que en otras épocas hubieran sido impensables. De un par de décadas para acá se empezó a concientizar la importancia de que fuera el padre y no la abuela (o peor aún, la parturienta sola), quien entrara al quirófano en el momento del alumbramiento. Pero de ahí a todo lo demás, hay un avance espectacular.

Leen sobre el desarrollo del bebé durante el embarazo. Se informan cuáles son las mejores opciones de salud para su mujer y su hijo. Cuando nace, se levantan en las noches ante el llanto del bebé. Lo cuidan mientras mamá trabaja o sale con sus amigas. He sabido incluso de casos en los que han intentado calmarlos con sus pezones masculinos mientras mamá termina de bañarse y el bebé está desesperado por el hambre.

Cuando crecen los llevan a la escuela, van por ellos, les dan de comer, hacen los deberes juntos. Los acompañan a sus play dates, los bañan; les leen cuentos, los duermen. Les eligen la ropa para el día siguiente, les preparan el almuerzo. Hacen todo lo anterior, o solamente algunas de esas cosas, pero son actividades que sus padres nunca realizaron con ellos y de las cuales, por lo mismo, no tienen referencia alguna.

Evidentemente, es el reacomodo del orden social el que ha hecho posible que ahora los papás también tengan la oportunidad de convivir de manera intensa y cercana con los hijos. Mamás que siguen trabajando “a pesar” de su maternidad (desde casa, o que se van medio tiempo, o todo el día), trabajos flexibles para los papás (y/o de otra índole que no requieren que se ausenten todo el día para ser los únicos proveedores económicos de la familia), son solo algunos de los factores que han propiciado este nuevo escenario.

Y uno podría decir: “¿Y qué tiene de admirable? Si las mujeres están trabajando, es solo natural que los hombres cuiden a los niños”. Yo diría que la labor es loable, no importa quién la realice, pero que lo destacable de los papás que lo están haciendo ahora, es que lo hacen a su manera y que, de hecho, lo disfrutan muchísimo.

Si tuviera que decir ahora mismo cuál es la diferencia principal entre el cuidado que da la madre versus aquel que proporciona el padre respondería que los papás se divierten (y por ende, divierten a los niños) mucho más que las mamás. Sí, los llevarán en pijama al súper, o no los alimentarán de manera tan saludable como mamá, pero logran resolver y pasársela bien en el ínterin.

Imágenes como ésta hacen creer que los papás no se preocupan por la seguridad de sus hijos:

adriana

Sin embargo, no podría haber algo más lejano a la verdad. Para este artículo entrevisté a tres papás que cuidan de sus hijos al menos tres horas diarias, en dos de los casos más tiempo entre semana que la mamá. Dos de ellos me dijeron lo siguiente:

Manuel: “Lo que más me ha sorprendido es todo, de entrada conocer ese tipo de amor, saber que es un ser indefenso y que de mí depende que esté bien…”.

Flavio: “He descubierto el miedo profundo de la pérdida… eso es muy fuerte: el miedo me acompaña como nunca”.

Por otro lado, confirmé una teoría a la que ya me había podido asomar: los papás son mucho más sensibles y receptivos de lo que aparentan, más aun de lo que muchas mamás podríamos ser. Las mujeres solemos enfocarnos a ordenar y eficientar  la vida. El problema es que, por ese afán, se nos puede olvidar gozar el momento, observar lo que tenemos enfrente.

Juanjo: “Me sorprende un poco que su presencia y crianza me hace recordar mucho mi infancia y revivir sensaciones y pensamientos”.

Manuel: “Lo que más disfruto es la conexión que existe entre nosotros. La inocencia, la dulzura, su energía y como disfruta las cosas sencillas”.

Flavio: “Disfruto muchísimo la complicidad de crear códigos y rituales propios e irlo descubriendo… y esa inmensa sensación de felicidad de verlo contento”.

Quizás los hombres siempre lo hayan vivido así, pero solamente como destellos. O a lo mejor simplemente nunca habían hablado de ello. Es probable que la única diferencia entre generaciones anteriores y la nuestra sea la cantidad de tiempo que podían pasar los padres con sus hijos, o las limitantes que tenían por restricciones de género. Quizás antes las mamás acaparaban la crianza. Realmente no sé nada a ciencia cierta, más que lo que tengo muy cerca, lo que veo en mi pareja y amigos. Y me gusta lo que veo.

A las mamás que no vean mucho de “neopadres” a sus parejas, Sara y Salomón, los terapeutas del blog de Todobebé Pareja en pareja, recomiendan:

“No excluyas a papá del cuidado del bebé y déjalo participar sin dirigirlo y criticarlo con frases como: ‘No lo cargues así’, o ‘El agua está muy fría’, para que no se sienta excluido y se aleje de su rol de padre. La madre debe saber que hay más de una manera de criar a los niños y recordar que el bebé también es del padre y se beneficiará de experimentar más de un estilo de educación”.

Y para los papás que no saben por dónde empezar, les dedico estas palabras del cómico Louis C.K. sobre la paternidad:

“Actúa como padre. No seas ‘el asistente de mamá’. Eso resulta deprimente, estar ahí esperando que te escriba una lista, pasear por los pasillos de la tienda mirando la lista fijamente, llamándola desde el pasillo de los cereales para estar seguro de que estás comprando el indicado. ¡Pórtate como un hombre! Haz tu propia lista. Los papás tienen aptitudes que nunca usan en casa. ¿Manejas un negocio y no puedes vestir y alimentar a un niño de cuatro años? ¡Hazlo! Pasa tiempo con tus hijos y hazte tu propia idea de qué es lo que necesitan. No te quitará la hombría; te la dará. Yo hice eso. Paso más tiempo con mis hijas. Y descubrí que soy bastante mal padre. Cometo muchos errores y no sé lo que estoy haciendo. Pero mis hijas me aman. Imagínense”.

¿No tiene la boca llena de razón?

Adriana Vera Orozco ha escrito para Harper’s Bazaar, Caras, Marie Claire, Casaviva, Women’s Health, InStyle, Quién y Living, de Martha Stewart. Es editora en jefe de Todobebé. También puedes leerla en neceser.wordpress.com, un blog sobre maternidad y estilo de vida, y puedes escribirle a [email protected].

Aquí puedes ver la versión original de este texto.

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