Cuando hablamos de los berrinches o rabietas en los niños, casi siempre es desde su aspecto negativo. Estamos acostumbrados a consultar información y buscar consejos para evitarlas, o bien, para saber cómo reaccionar ante ellas. Sin embargo, pocas veces nos preocupamos por entender las razones de fondo y, por lo tanto, no nos damos la oportunidad de saber que es necesario que nuestros hijos hagan berrinches o rabietas.

La parte positiva de los berrinches
A partir de los 2 años, los niños entran en una fase de oposición sistemática y terquedad. Es justo a esta edad cuando empiezan los tan temidos berrinches, momento en el cual los padres buscamos rápidamente técnicas para evitar que se produzcan. Sin embargo, más que buscar remedios para evitarlas o minimizar sus efectos, deberíamos empezar por entender por qué se producen y verlas como una oportunidad para educar emocionalmente a nuestros hijos, para que entiendan los límites y desarrollen habilidades sociales que necesitarán en un futuro no muy lejano.




Los berrinches son normales, necesarios e indicadores de un correcto desarrollo de nuestros hijos entre los 2 y 5 años, solo es importante tratarlos de un modo diferente según la edad de cada niño.

Las rabietas según la edad de los niños
En un niño de 2 años, los berrinches son parte de su formación y del desarrollo de su yo, de su  personalidad que explora sus límites y los de los demás.

Entre los 2 y 4 años, los niños inician una etapa donde necesitan autonomía e independencia para explorar y entender el mundo que los rodea. Es esta necesidad creciente de autonomía la que generará multitud de situaciones en las que el niño se sentirá frustrado. Por eso es común ver que necesita expresar sus necesidades, sus gustos o disgustos; eso explica tantas negativas y el no sistemático a todo durante esta etapa.

A esta edad, el desarrollo del lenguaje expresivo y comprensivo es otro factor que incide en la aparición de los berrinches. En esta etapa de su vida, los niños aún no tienen la capacidad de expresar con palabras todo aquello que quieren o necesitan. Tampoco entienden todo lo que les decimos como lo entiende un adulto. No son capaces de tolerar la frustración y les resulta complicado comprender que no pueden tener siempre lo que quieren. Tampoco son capaces de verbalizar lo que desean, por lo que el resultado es la fórmula ideal para que tenga lugar el mal comportamiento o berrinche. Como papás debemos aprovechar estas ocasiones para poner palabras a sus emociones y ayudarles en su avance. 

¿Qué aprenden los niños al hacer berrinches?

  • Sus límites (aunque esto no quita que siga probándolos una y otra vez). Por eso es importante que, como papás, sepamos establecerlos para ir moldeando su conducta.  
  • Desarrollan una habilidad social imprescindible: saber decir “no”, expresar su desagrado, frustración o incomodidad. Somos nosotros, los padres, quienes tenemos el deber de enseñarles poco a poco, dar nombre a sus sentimientos y emociones ayudándoles a desarrollar su inteligencia emocional.

Fuente: www.guiainfantil.com

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