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Si fomentamos que nuestros hijos expresen sus sentimientos, les enviamos el mensaje de: “Te veo”, “Te escucho” y “Me preocupo por ti”, y que es apropiado hablar de emociones sin empañarlas de juicios y creencias preestablecidas.

Las emociones forman parte de nosotros, no podemos ignorarlas e influyen en nosotros poderosamente. Si no les prestamos atención no podemos estar seguros de cómo van a influir en aquello que pensemos, digamos o hagamos, lo cual puede complicarnos la vida. 




Enseñemos a nuestros hijos a identificar sus emociones desde pequeños, a ponerles nombre y, sobre todo, a legitimarlas, dejar que vivan en nuestro interior y aprender a manejarlas para que no “decidan” por nosotros. Una gran herramienta para ello es el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, que puedes descargar aquí mismo.

Las emociones nos dan información valiosa sobre quiénes somos y qué necesidades tenemos. Estos son algunos ejemplos de cómo podemos fomentar en nuestros hijos que expresen sus sentimientos:

  • Si vemos que está triste, cansado o de mal humor, podemos acercarnos a él y decirle: “¿Cómo te sientes? Te veo triste, de mal humor o cansado (según lo que resulte más apropiado en el momento)”. Esto le ayudará a poner nombre a lo que siente y a establecer grados de intensidad.
  • Si ha perdido el apetito por la misma situación, podemos decirle: “A mí también me pasa que se me quita el hambre cuando estoy triste”. De esta manera le demuestro empatía y le ayudo a identificar su emoción. Además, al no haber un juicio en mis palabras, le permito explicar si le está ocurriendo otra cosa.
  • También podemos decirle: “Parece que algo que te preocupa. No actúas como sueles hacerlo. Me gustaría hablar contigo sobre ello”. De esta manera le decimos que estamos ahí, dispuestos a apoyarlo en lo que necesite.

Muchas veces es difícil resistir la tentación de creer que sabemos exactamente lo que le pasa a nuestro hijo y cómo se siente. “Es mi hijo”, pensamos, “¿cómo no lo voy a saber? Además, ¡yo también he sido niño!”. No olvidemos que lo que siente le pertenece a él, y caer en el “ya sé lo que te pasa” o en el “no deberías sentirte así porque yo….”, es una manera de ignorarlo. 

Descarga el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, una herramienta de gran ayuda en la crianza.

Lo que nuestro hijo verdaderamente va a agradecer es que preguntemos, en vez de atribuirle nuestra historia, y que podamos hablar con él sin juzgarlo. Solo así, sin emitir un juicio, podremos escuchar su necesidad o lo que está pidiendo detrás de un comportamiento inadecuado o unas palabras inapropiadas.

Como padres debemos estar atentos a esas señales que podríamos llamar “huellas dactilares”, como el enrojecimiento de la cara, el ceño fruncido, temblor del cuerpo… y enseñarles a reconocer sus emociones nos resultará muy útil para conocerlos aún mejor y para que también ellos mismos se conozcan más a fondo. ¿Por qué “huellas dactilares”? Porque son únicas y es importante reconocerlas aun cuando no sean tan evidentes, ya que así podemos ayudar a que nuestros hijos manejen mejor sus emociones.

Con información de: www.gestionandohijos.com

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