Los gritos son desagradables. A nadie nos gusta que nos griten ni para darnos instrucciones ni para regañarnos si hemos hecho algo mal. Tampoco nos gusta que nuestros hijos griten. Entonces, ¿por qué les gritamos nosotros?

A veces es inevitable perder el control y, en ocasiones, levantamos la voz sin siquiera pensarlo, sobre todo si el niño está en riesgo. Sin embargo, la mayoría de las veces gritamos simplemente porque nosotros, los adultos, estamos desbordados. Es decir, la razón no siempre es la mala conducta de nuestro hijo, sino nuestro cansancio o impaciencia. Para que un niño no grite debemos ponerle el ejemplo, además de que asustándolos no es la manera de educarlos. Si crees necesitar un poco de ayuda con este tema, te recomendamos leer el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?, que puedes descargar aquí mismo.




Educar a un niño sin gritar no solo es posible, sino infinitamente mejor. No son más amables ni más respetuosos los niños a los que se les grita, sino al contrario. Si les gritamos, asumirán que gritar es correcto. Para educar sin gritos podemos usar algunas herramientas sencillas que nos van a ayudar mucho.

1.- Adelántate a los hechos
Estar atentos a nuestros hijos, percibir que están agotados o nerviosos, nos ayuda a prevenir situaciones de riesgo o de desbordamiento emocional en ellos, además de que nos permitirá acompañarlos y guiarlos antes de que se desencadene el peligro o la tensión.

2.- Reconoce tus limitaciones
Muchas veces los adultos también estamos preocupados, nerviosos o cansados, y eso hace que perdamos el control más fácilmente. Como hemos conseguido no gritarles a otros adultos podemos hacerlo con nuestros hijos, que igual merecen respeto y empatía. Si estamos al límite de nuestras fuerzas físicas o emocionales podemos, si el niño ya tiene edad, confiárselo. Y, desde luego, debemos aprender a relajarnos y no descargar en ellos la frustración.

3.- Recuerda cuando eras niño
Si somos adultos, propensos a gritarles a nuestros hijos, es probable que cuando éramos pequeños también nos gritaban mucho a nosotros. Si es así, intenta recordar cómo te sentías cuando tus padres te gritaban: asustado, triste y enojado. Al recordar esas sensaciones negativas seguro te será más fácil querer que tu pequeño no se sienta así y buscar otras herramientas de comunicación más empática y relajada.

4.- Toma la decisión: no voy a gritar
Mientras justifiques tus pérdidas de control te va a ser muy difícil dejar de gritar. Pero si decides, consciente y responsablemente, como adulto educado que eres, que no usarás los gritos, estarás listo para empezar el camino.

5.- Busca ayuda
También los adultos estamos constantemente en formación y aprendiendo, para nuestro trabajo, nuestras aficiones y para mejorar nuestras habilidades sociales y de comunicación. Ya que son lo más importante de nuestras vidas, nuestros hijos merecen que dediquemos tiempo a leer y descubrir la psicología positiva y la comunicación pacífica. Existen muchos cursos, libros y grupos de familias, y también profesionales que pueden ayudarnos.

Fuente: www.pedagogiablanca.com

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