“En el pedir está el dar”, dice un dicho famoso, refiriéndose a que basta con pedir las cosas de buena manera para que la otra persona esté dispuesta a colaborar con nosotros. ¿Alguien podría poner en duda esta afirmación, que más bien parece rayar en lo obvio? Difícilmente, ya que a todos nos gusta que se dirijan a nosotros amablemente, y los niños no son excepción.

La pregunta es: si tenemos claro lo anterior, ¿por qué entonces se nos olvida la importancia de pedirles las cosas de buena manera a nuestros hijos? Más aún: ¿por qué no, además, intentamos crear con ellos un tipo de comunicación más afín a su manera de ser y de entender las cosas? Estos son algunos ejemplos de palabras mágicas, con las que podrías pedirles las cosas a tus hijos y obtener mejores resultados:

  • En vez de decir: “¡Apúrate!”, ¿por qué no pruebas con: “En sus marcas… listos… ¡fuera!”?
  • Tal vez lanzar una amenaza como: “Si no te comes todo no tendrás postre”, sea menos efectivo que: “Si haces que desaparezca este pedacito de carne, en la mesa va a aparecer algo que te va a encantar”.
  • También podrías reemplazar el brusco “¡Orden tu cuarto!”, por algo más ingenioso y amable, como “¿Qué tal si jugamos a que eras un mago y acomodabas todas tus cosas en segundos?”.
  • Gritarle a tu hijo “¡No molestes!” es demasiado agresivo. ¿Por qué no mejor le dices algo como: “Ahora estoy ocupado, pero si me esperas unos minutos a que termine puedo jugar contigo”?
  • Si acaba de descubrir que su playera favorita está en la ropa sucia, no le digas: “¡Ponte otra, la que quieres no está lista!”. Mejor: “¿Qué te parece si hoy te pones ésta? ¿No te han dicho que se te ve muy bien este color?”.
  • Sin duda, es mucho más cálido, e incluso más interesante preguntarle a tu hijo: “¿Has oído hablar sobre el príncipe que….?”, en lugar de: “¡A la cama, que ya es hora de dormir!”.
  • Ni qué decir sobre amenazas como: “¡Si no obedeces te voy a dar una nalgada!”, que se pueden sustituir por algo que implique una mayor disposición a entender la rebeldía de tu hijo, como por ejemplo: “¿Por qué haces eso si sabes que no está bien?”.
  • También es posible evitar un “¡cállate!”, que es demasiado violento, y recurrir a un mensaje más cordial, como podría ser: “¿Qué te parece si dejamos eso por ahora y mejor me cuentas…? (aquí se puede tocar cualquier tema del momento, que tenga que ver con él). Si esto no logra calmar su ánimo, intenta explicar la situación tranquilamente.
  • ¿Les resulta familiar la queja: “¡¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?!”? Muchos papás hacen este reclamo a sus hijos, cuando en realidad son ellos quienes están cometiendo un error, al no establecer límites correctamente. ¿Qué deben hacer para no estar repitiendo tantas las cosas? Insistir solo una vez como máximo; en caso de no obtener el resultado esperado, el niño debe asumir las consecuencias.
Descarga aquí el libro ¿Cómo formar hijos emocionalmente sanos?

Si leíste los nueve puntos anteriores, es muy probable que los estés poniendo en duda, pensando que, ya en la práctica, la relación con los hijos no es tan fácil como parece en un escrito. Sí, tienes razón en cuanto a que siempre será más fácil decirlo que ponerlo en práctica, sin embargo, esto no le quita validez a los consejos. Si realmente logras cambiar tu tono de voz y te esfuerzas en encontrar una manera más amable de decir las cosas, poniéndote en los zapatos de tu hijo, y haces esto de manera consistente, no tengas ninguna duda de que pronto empezarás a ver cambios en su conducta.  

Con información de: genial.guru

Notas relacionadas