Tu bebé nació con más o menos 100 millones de células en el cerebro. Eso en sí ya es sorprendente, pero lo que está pasando ahora con tu hijo es todavía más impresionante: cada una de esas células está enviando y recibiendo impulsos eléctricos que crean conexiones. La repetición convierte estas conexiones en las redes que le permitirán pensar y aprender. Para su tercer cumpleaños, su cerebro habrá formado alrededor de 1,000 trillones de conexiones, mismas que utilizará el resto de su vida.




Ahora bien, si una conexión se usa continuamente se fortalece y puede durar para siempre; si no es así, la conexión se debilita y podría no sobrevivir. Es por ello que los expertos ponen tanto énfasis en los primeros tres años del niño. Todo lo que hagas con tu bebé: leer, cantar, jugar, comer o caminar le va a ayudar a desarrollar su cerebro. A medida que lo expones a nuevas imágenes, sonidos y sensaciones, estás abriendo su mente a mayores horizontes.

De igual manera, cuando usas tu propia imaginación y lo estimulas a que él también lo haga, ayudas a que su cerebro forme “conexiones de imaginación” propias.

Cómo trabaja la imaginación de los niños pequeños
Si tu hijo apenas está aprendiendo a hablar, tal vez sea difícil saber qué está pensando, sin embargo, puedes ver cómo trabaja su imaginación observando cómo imita las acciones que ve a su alrededor, algo que empieza a ocurrir entre los 18 y 20 meses aproximadamente.

Por eso es muy común que los niños remeden a sus papás con acciones como querer alimentar a una muñeca o mono de peluche, o acomodarlo para que duerma una siesta, por ejemplo.

Cómo la imaginación de los niños ayuda a fortalecer sus habilidades
Una imaginación activa ayuda a tu hijo mucho más de lo que podrías imaginar.

Comunicación
Los niños que juegan con la imaginación tienden a tener mejores habilidades de comunicación. Puede que no veas los frutos de esas actividades hasta que el vocabulario de tu hijo empiece a manifestarse, pero estás sentando las bases.

Autocontrol
Al pretender que es otra persona, tu hijo puede ser quien quiera explorar emociones negativas, practicar cosas que ha aprendido y hacer que las situaciones se desarrollen como él quiere. Jugar a las historias le da a tu hijo el sentido de que tiene poder y control, incluso en situaciones que podrían dar miedo, como el cuento de los tres cerditos y el lobo.

Resolver problemas
Soñar con situaciones imaginarias enseña a tu hijo a pensar creativamente, lo que funciona como base para la solución de problemas. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Case Western Reserve encontró que los niños que jugaban mucho con la imaginación respondían mejor a los problemas cuando llegaban a adultos.

Cómo fomentar la imaginación de tu hijo
Leer juntos historias que hablen sobre lugares desconocidos e incluyan personajes fuera de lo común es una buena forma de estimular su fantasía.

Busca libros que tengan dibujos grandes y coloridos, y disfruta si tu hijo aún no aprende a leer, pues eso te permite leerlos como tú quieras y hasta cambiar partes de la historia para hacerla más emocionante.

Lo que su cerebro pide es recibir más y más información. Muéstrale dibujos de todo tipo de cosas, desde escarabajos hasta pterodáctilos; imita los sonidos de los animales o de cualquier otra cosa, haz voces especiales para los diferentes personajes y habla acerca de lo que pasó o de lo que podría pasarles.

La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de 2 años no vean televisión, pero muchos padres permiten algo de pantallas a esa edad. Si es el caso en tu casa, procura limitarlo a 30 minutos diarios, así estarás favoreciendo que su mente pueda crear más imágenes propias (y no se quede con las que le da la televisión o la tableta).

Apoyarse en videos como niñera es una idea tentadora, pero es importante que te sientes con él para que veas cómo reacciona a los contenidos.

Por otro lado, escucharte contar tus propias historias es tan bueno para él como la lectura, o incluso mejor. Tus historias no solo le proporcionan un gran material para su imaginación, sino que le demuestran los puntos básicos de crear personajes y argumentos, y usar a tu hijo como personaje principal en las historias es una gran forma de expandir su sentido de sí mismo.

Muy pronto, tu hijo comenzará a imaginar sus propias historias y aventuras. No te preocupes si al principio te copia, así es cómo aprenden los niños. A medida que su imaginación se expande, te asombrarán todos los escenarios que puede inventar.

Utiliza cosas que le estimulen
Cualquier cosa puede estimular el juego imaginativo. Las toallas se convierten en turbantes, las cuentas de colores se convierten en joyas preciosas, las viejas alfombras de baño se convierten en alfombras mágicas y la montaña de animales de peluche de tu hijo puede ser un bosque tropical, un hospital de animales o granja.

Aunque no lo creas, los mejores estímulos para el juego imaginativo son los más simples. Como la mayor parte de la acción sucede en la cabeza de tu hijo, los disfraces detallados, como esos específicos de los héroes que salen en las películas, por ejemplo, no son de gran ayuda.

Con un traje de Batman tu hijo solo puede ser Batman, pero con una simple toalla puede ser un montón de personajes diferentes. Exponer a tu hijo a tantas personas reales, lugares y eventos como sea posible, es la mejor forma de asegurar que tendrá muchas ideas que utilizar cuando llegue el momento de pretender ser alguien.

Proporcionar una caja especial o cesta para tener todo esa parafernalia de disfraces y objetos puede hacer que los juegos de imaginación sean una aventura, especialmente si incluyes cosas nuevas de vez en cuando, sin que tu hijo se dé cuenta (“¡Vamos a ver qué hay en la caja hoy!”)..

Fomenta el juego imaginativo
Los niños aprenden mucho de los eventos dramáticos de sus vidas diarias, así como de la fantasía. Cuando tu hijo se inventa un escenario y una línea argumental y la llena con sus personajes (“Yo soy el papá y tú eres el bebé y tú estás enfermo”), desarrolla habilidades sociales y verbales.

Además, a través de este tipo de juegos estará trabajando también sus asuntos emocionales, ya que recrea escenas que implican sentirse triste, contento, asustado o seguro. Imaginarse a sí mismo como un superhéroe, un caballo o un mago hace que se sienta poderoso y le demuestra que es él quien está al mando.

Además está practicando autodisciplina y estará creando reglas para sí mismo o para un amigo (las intrincadas reglas que los niños crean entre ellos siempre sorprenden a los adultos).

También desarrollará su comprensión sobre causas y efectos conforme se imagina cómo una rana o un perro se comportarían en una situación en particular.

Quizás lo más importante de crear situaciones imaginarias y seguirlas hasta una conclusión, es que le enseña a tu hijo a pensar de forma creativa y a resolver problemas.

Tolera el desorden
La imaginación es un asunto desordenado, no hay duda. Pretender ser Hansel y Gretel significa dejar un rastro de migas por todo el salón; jugar a brujas y magos significa que seguramente alguien va a recibir un golpe en la cabeza con el palo de una escoba.

Puede ayudar mucho si tienes un arsenal de estrategias de “contención”: las viejas camisas al revés, y con las mangas cortadas pueden ser mandiles perfectos. Poner una hoja de plástico bajo la gran construcción de plastilina salvará la superficie de la mesa y grandes hojas de papel que cubran una buena parte del suelo o de las paredes pueden evitar un desastre.

Establecer límites (no usar las “espadas” para pegar, no lanzar bolas de nieve a la cabeza o al rostro, no tomar esos brebajes tan inventivos de química que ha hecho en la cocina) y hacer que se cumplan, es también crucial para que tanto tu hijo como tú se sientan felices.

Los psicólogos están de acuerdo en que aunque los amigos imaginarios están bien, si tu hijo comienza a culpar al amigo por algo que él ha hecho, es hora de que vuelva a la realidad.

Cuando puedas, deja que tu hijo goce con las huellas de su imaginación. El hecho de que la mesa del comedor no esté disponible momentáneamente porque ahora mismo es un iglú, te da la excusa perfecta para hacer un picnic sobre un mantel en el suelo del salón.

Disfruta de lo poco convencional
Cuando tu hijo te suplica que le dejes llevar su traje de astronauta (o sus alas de hada) a la guardería por tercer día consecutivo, puede que te encuentres ante un dilema. Los adultos están acostumbrados a trazar estrictas líneas entre el comportamiento “público” y el “privado” (tus pantalones viejos y tenis desgastados están bien para ir por la casa, pero no para salir al supermercado), y les resulta difícil creer que los niños no piensen de esta forma.

Pero cuando te encuentres a ti mismo en un enfrentamiento (“Tienes que quitarte las alas de hada AHORA”), recuerda que tu hijo todavía no entiende esos límites, y que no es algo de lo que debas preocuparte. No es que esté perdido en un mundo de fantasía, es que no ha acabado de jugar.

Como adultos, pensamos en términos de objetivos, realizando el máximo número de mandados en la mínima cantidad de tiempo. Y nos preocupamos acerca de lo que los otros piensan, y por eso sentimos emociones como la vergüenza.

Todos estos hábitos son positivos, los aprendemos porque nos ayudan a llevarnos bien en sociedad y tener éxito en el trabajo, pero no funcionan bien en una vida de libre imaginación. En otras palabras, puede que no te hayas dado cuenta, pero en términos de imaginación, esto te quita alas.

Los niños pequeños son un poco extraños en el sentido de que todavía no han aprendido a preocuparse de no ser productivos o de no verse bien. ¡Qué suerte!

Escucha y aprecia
Alicia en el país de las maravillas comenzó en la mente de Lewis Carrol, pero si no hubiera escrito sus aventuras, sería una gran pérdida. Parte de desarrollar una imaginación es aprender a compartirla.

La mejor forma de ayudar a tu hijo a dar el gran paso siguiente es saber escuchar. Las habilidades verbales de los niños no son tan grandes, por supuesto, pero mejoran con la práctica. Intercambia el desarrollo de una historia; por ejemplo, mientras estés manejando puedes decirle, “Había una vez un perro. Vivía con una pequeña niña llamada Juana y les gustaba ir al parque. Un día…”. Luego le toca a tu hijo. Si no tiene ganas de inventar mucho más, puede participar de todas formas: invítale a que ponga el nombre a la niñita y al perro.

Cuando tu hijo haga un dibujo, anímalo a que lo interprete para ti. En vez de decir, “¡Qué casa más bonita!” (a menos que tu hijo sea un Leonardo en potencia, hay muchas posibilidades de que no adivines lo que es), di “¡Qué colores tan bonitos has usado!”.

Imaginar le permite a tu hijo ser cualquier persona que quiera, para practicar lo que ha aprendido y para hacer que las cosas acaben como él quiere que acaben. ¿Por qué no darle el beneficio de la duda y asumir que es un genio artístico o literario por descubrir? Escucharlo te ayudará a ti a seguir lo que está pensando y quizás hasta a revitalizar tu propia imaginación en el proceso.

 

Fuente: espanol.babycenter.com

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